POESÍA
Desnudo y confiado
CONFIADO J. A. GONZÁLEZ IGLESIAS Premio Ciudad de Melilla, Visor, Madrid, 2015. 78 pp.

E n 2010 reunió González Iglesias su poesía hasta el momento bajo el título Del lado del amor : seis poemarios, de La hermosura del héroe , de 1994, a los últimos poemas de 2009. El conjunto nos mostraba a un poeta moderno en su clasicismo y antiguo en su modernidad; este aparente oxímoron deriva de su sabiduría para unir cultura y naturaleza, instinto y reflexión, amor y belleza, carne y poesía. El título de su nuevo libro, Confiado , evoca otro anterior de Pedro Salinas, Confianza . En él se entiende la poesía como «el último idioma cualitativo» que le queda a la cultura de masas.
Desnudo y confiado se muestra el poeta, gozador del mundo, del frescor del agua y de la energía solar, dispuesto a «mirar con buenos ojos lo que venga». Es lo que suscita la admiración por el joven, con el futuro por delante, pero también por la belleza corporal que exhibe, pues la poesía de González Iglesias es siempre una celebración del cuerpo, del brío, del amor. El cuerpo masculino, que es el que canta, simboliza valores que parecen negar el tiempo con su atracción y poderío.
El sentido celebrador incorpora el tópico renovado del ‘beatus ille’. Tradición y modernidad se imbrican en él. El tópico horaciano, que subyugó a fray Luis de León, se aplica ahora al que es capaz de olvidar los adelantos de la modernidad (internet, facebook, etc.) en favor del gozo intenso de la naturaleza y la intimidad. El tema entraña el elogio de la vida sencilla y natural, la búsqueda de la felicidad al margen de las ambiciones mundanas. Un ángulo me basta se titulaba significativamente un poemario de 2002; y en Confiado escribe: «Vivir de nada, ser feliz con nada, / con casi nada». Otro poema se titula expresamente Beatus ille , que canta tanto al héroe que «renunció a una cumbre por salvar / la vida de otro montañero», como a su idea de que su fama es muy pequeña y no molesta. Al tópico se engarza el elogio de lo cualitativo. En el mundo de hoy, donde todo se cuantifica (números, estadísticas, formularios), el poeta busca lo auténtico y natural; frente a la prisa, la lentitud de vivir y pensar. Lo cualitativo es lo que canta el poeta: la vida, la amistad, el amor, la belleza de las cosas y los cuerpos, la lectura, el razonamiento, el goce del lenguaje y de la antigüedad clásica, «cuando el lenguaje era alegoría».
El poso de lo clásico se nota en el envasado de la poesía de González Iglesias, un clasicismo formal para encerrar un pensamiento moderno.