Diario de León

POESÍA

La vida es como un bosque

MIENTRAS CANTAN LOS PÁJAROS Pablo García Baena Edición de Felipe Muriel, Cátedra, Madrid, 2015. 490 pp.

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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U no de los más brillantes poetas del pasado siglo y de lo que va del presente es Pablo García Baena, barroquizante y suntuoso, que prolonga la más exquisita tradición arábigo-andaluza por un lado y la recargada y sensorial de su coterráneo Luis de Góngora. Porque García Baena nació en Córdoba en 1921 e inclinado casi desde niño hacia la poesía, disfrutó de buena formación y, pronto, de ventajosas lecturas, como los poetas del 27; pronto también comenzó a escribir y publicar cuadernillos de poesía. Sus amistades fueron las de otros jóvenes cordobeses interesados por la poesía, como Ricardo Molina y Juan Bernier, con los que fundó la revista Cántico en octubre de 19467. Cántico fue una reacción contra la poesía humanizada de Espadaña y contra la poesía oficial e inocua de Garcilaso, abogando por una poesía esteticista en la que la belleza de las cosas y del lenguaje se oponía al grito tremendista, a las brumas existencialistas y a los envites sociales de poetas como Crémer, Otero o Celaya. Si Espadaña tendía puentes hacia el exilio, hacia los poetas muertos en la guerra y los hispanoamericanos, Cántico enlazaba con los poetas del Barroco, del Modernismo y del 27. La revista tuvo dos épocas, una entre 1947-49 y la segunda entre 1954-57. En esos años publicó García Baena los poemarios Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (48), Antiguo muchacho (50) y Junio (57) y Óleo (58). Pero la aventura de Cántico había terminado y sus poetas, con escaso reconocimiento, habían quedado marginados por la corriente dominante, la poesía social. Todo cambia con la aparición de los novísimos a comienzos de los 70, que vieron cumplido en los poetas cordobeses el ideal de una poesía primordialmente estética. Uno de los novísimos, Carnero, les dedicó además un estudio reivindicativo. En este contexto, García Baena volvió a publicar tras veinte años de silencio: Antes que el tiempo acabe (1978), Fieles guirnaldas fugitivas (90) y Los Campos Elíseos (2006). Llegaron también los reconocimientos: grandes premios nacionales, publicación de su poesía completa y tesis doctorales sobre su obra.

Es un placer leer estos poemas fúlgidos, sensuales y sin altibajos, aunque destaquemos algunos poemas formidables, como, por ejemplo, El pálido extranjero , de Antiguo muchacho , en el que aletea el conflicto entre realidad y deseo, ataviado con lujosa floración metafórica, simbólica y alegórica.

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