Un retrato a tinta y luz de la Irlanda rural
l Traducen al español el sublime canto de Timothy O’Grady a la emigración irlandesa, ‘Sabía leer el cielo’ . Filandó n El acordeón, la matanza del cerdo, el éxodo rural... la semejanza con el Norte de España es evidente
steve pyke
E sto es lo que sabía hacer:
«Sabía remendar redes. Techar con paja. Construir escaleras. Tejer una cesta con juncos. Entablillar la pata de una vaca. Cortar turba. Levantar un muro. Pelear tres asaltos con Joe en el ring que papá instaló en el granero. Sabía bailar. Leer el cielo. Armar un tonel para caballas. Arreglar caminos. Construir un bote. Rellenar una silla de montar. Colocar una rueda en un carro. Cerrar un trato. Preparar un campo. Manejar la volteadora, la rastra y la trilladora. Sabía leer el mar. Disparar con puntería. Coser zapatos. Esquilar ovejas. Recordar poemas. Sembrar patatas. Arar y gradar. Leer el viento. Criar abejas. Liar gavillas. Fabricar un ataúd. Aguantar la bebida. Asustar con historias. Sabía qué canción cantarle a una vaca mientras la ordeñaba. Tocar veintisiete canciones en el acordeón».
La enumeración de las cosas que sabía hacer, de joven, el protagonista de este libro de Timothy O’Grady son buen ejemplo del lirismo, la capacidad de evocación y el amor a la tierra que destila Sabía leer el cielo , un excepcional relato sobre la Irlanda rural y la inmigración de aquel país en las décadas de los sesenta y setenta rumbo a la construcción, los campos de patatas y las granjas de cerdos de Inglaterra, y además brillantemente ilustrado por unas más que elocuentes fotografías de Steve Pyke. Publicado originalmente en 1997, inspiró en su día una película del mismo nombre y hasta una canción de Mark Knopfler, Mighty man , pero hasta el momento había permanecido inédito en nuestro país. Ha sido la editorial Pepitas de Calabaza la que ha echado el lazo a esta pequeña joya de tinta y luz y la ha puesto a disposición del lector hispanohablante.
Una oda a todas aquellas personas —y a sus orígenes— que construyeron las carreteras, vías de tren y edificios de la Inglaterra moderna. «Este libro cuenta la emigración desde dentro, con toda su belleza y su crudeza», señaló a Efe el editor Julián Lacalle, responsable del sello, y quien cuenta cómo Sabía leer el cielo empezó siendo un libro de fotografías de Steve Pyke (Leicester, Reino Unido, 1957), artista por cuyo objetivo han desfilado músicos como Sid Vicious y Kurt Cobain; cineastas como Woody Allen o Roman Polanski y escritores como Norman Mailer o Salman Rushdie.
Miembro del equipo de la revista New Yorker , Pyke se ha embarcado proyectos muy personales —por ejemplo, series sobre los supervivientes del Holocausto, veteranos de guerra o los ‘sin techo’ londinenses—, entre los que se encontraba esta evocadora colección de fotografías sobre rostros, paisajes y situaciones tomadas en varios condados de la llamada ‘isla esmeralda’ a lo largo de varios años, sobre todo las décadas de los ochenta y noventa.
A Timothy O’Grady le pidieron en un principio los pies de foto, pero el autor de la también muy laureada novela Motherland (‘patria’) le dio la vuelta a la propuesta e inventó una historia de ficción basada en las fotos pero también en entrevistas efectuadas en residencias de pensionistas y en centros irlandeses de los barrios obreros de Londres.
Narrada en primera persona, echando la vista atrás y con un estilo enormemente lírico y sugerente, el libro narra, principalmente, la historia de un viejo trabajador que en la soledad de su habitación londinense de Kentish Town recuerda episodios de su vida, como la vez en que su padre le regala un acordeón o la primera vez que se embarca rumbo a Birmingham.
«La secuencia fotográfica y la novela van a la par. Timothy escribe inspirado por las fotos, pero también son distintas. El libro tiene muchas lecturas posibles. Pueden funcionar cada uno por separado, pero, juntos, la imaginación vuela más», explicó, en declaraciones a la agencia Efe, Julián Lacalle. Y aunque es la historia de las islas británicas, en muchos sentidos el editor logroñés cree que podría ser la de España en esa misma época. «Hay un paralelismo con la historia de nuestro mundo rural, con la bajada de la gente de los pueblos a las capitales. Ves las fotos y hasta se parecen las personas».
La novela, que fue llevada al cine en 2000 por el director experimental Nichola Bruce, cuenta con un breve pero luminoso prólogo de John Berger en torno a los secretos más íntimos del arte de narrar.
Y es que los flujos migratorios son uno de los temas de especial interés para la editorial Pepitas de Calabaza. Así, hace un par de años publicó Partir para contar , que narraba el viaje durante tres años de un clandestino senegalés a Europa, y está a punto de sacar a la venta El camino de la Bestia , que cuenta el viaje de un italiano, como un emigrante más, en el tren que cruza México, desde Guatemala a EE UU.
«Uno de nuestros fines es dar a conocer la realidad de las migraciones de primera mano, porque se habla mucho de ello pero no se conoce la experiencia real», afirma Lacalle.
Y esto es lo que no sabía hacer:
«Tomar comidas sin patatas. Confiar en los bancos. Llevar reloj. Invitar a pasear a una mujer. Trabajar en desagües o con objetos más pequeños que un clavo. Conducir un coche. Comer tomates. Recordar las rutas de los autobuses. Sentirme cómodo con el cuello de la camisa. Ganar a las cartas. Reconocer a la reina. Soportar las voces altas...».