prosa
Viaje interior
Memorias del estanque Antonio Colinas Siruela, Madrid, 2016. 400 páginas.

L legados a una edad deseamos acaso fijar los recuerdos de nuestra vida. Es el caso de Antonio Colinas, que en Memorias del estanque convierte a este, en el entorno de Ibiza, en su confidente. Los recuerdos brotan como momentos iluminadores, sin la continuidad que suelen tener las memorias, si bien guardan una cierta cronología. No resumiré una vida plagada de acontecimientos. A Colinas le ha interesado más el «viaje interior» que los hechos externos, aunque no puedan quedar al margen. Y algo de ese viaje interior quiero que asome en estas líneas.
«No me comprendo manteniendo mi mente y mis sentimientos lejos de donde he nacido, de mis ríos y de mis valles de encinas». Y a las raíces torna siempre Colinas para renovar fuerzas en los momentos difíciles y para desde ellas alzarse hacia lo universal por medio del diálogo entre culturas que con tanto ahínco ha practicado. Los tres años pasados en Córdoba los considera «la prueba del renacer de la adolescencia», renacer a la naturaleza, al amor, lo sagrado, la música, el arte y la literatura: «Fue entonces cuando comencé a ser para lo que está más allá». Cuatro años en Italia supusieron una experiencia decisiva: paisajes, arte, poesía y otras vivencias enriquecedoras; allí brotó un libro cardinal, Sepulcro en Tarquinia . En Madrid, recorrió el Prado buscando nuevos mundos y nuevos símbolos salvadores que complementaran los de la naturaleza. Ibiza, fue su espacio durante veintiún años, un segundo renacimiento, tras el de Córdoba; fue un libro vivo en su búsqueda de la verdad y de la belleza, del anhelo de plenitud y de unidad. Después Salamanca y el regreso al espacio del origen para cerrar el círculo, pero embriagado el espíritu por un «profundo sentido de Unidad, de Absoluto, de comunión con todo»; la palabra clave es respirar, símbolo de la unidad con todo lo viviente.
Las Memorias se completan con un apéndice en el que Colinas pretende partir «de las raíces de mi vida -del vacío- para entrever la plenitud del ser». Son especie de aforismos, fragmentos o meditaciones que inciden en valores como la sencillez, la humildad y la unidad a través de la contemplación de la naturaleza y del valor de los símbolos. En el lector producen una honda sensación de serenidad activa que nace de la meditación y la emoción mancomunados en el anhelo de otra luz; como sintetiza la última frase de las Memorias, «respirar en el silencio de la luz»; de la luz de estas Memorias no líricas, pero con el aliento de un poeta.