«Mateo Morral fue un chico enfermo y triste»

l Pedro V. Fernández firma ‘La ira del camaleón’, sobre el anarquista que atentó contra Alfonso XIII. LA IRA DEL CAMALEÓN Pedro Víctor Fernández Editorial Lacre. Colección Maestros de Novela Histórica

ramiro

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e. gancedo
León

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A Pedro Víctor Fernández le interesa sobremanera el mundo decimonónico y del siglo XX porque encierran, dice, «una clave fundamental», la de «marcar las pautas del mundo actual». «Los impulsos sociales, ideológicos, políticos, educacionales, los sueños de hoy... hunden sus raíces en esas centurias. Nos miramos en nuestro propio pasado», reflexiona un autor de novela histórica cuyos títulos han venido poniendo alma, voz y pálpito a asuntos de gran trascendencia histórica como la masonería, la II República, el franquismo, la transición... Y ahora acaba de presentar su sexta obra, La ira del camaleón , en torno a un hombre «del que a nivel general sólo se conoce su nombre y poco más», Mateo Morral, el anarquista que en 1906 arrojó una bomba contra los recién casados monarcas Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

«Mis obras tienen siempre un fondo histórico muy documentado, un telón de costumbres, conflictos, gustos sociales y actitudes personales y colectivas», adelanta Fernández. «El 31 de mayo de 1906, Morral intentó llevar a cabo su obsesión personal: acabar con la monarquía, matar al rey Alfonso XIII y destruir con ese hecho el Estado que odiaba. Yo me he preguntado: ‘¿Qué lleva a un hombre a atentar contra su rey?’ La respuesta a esa pregunta constituye el cuerpo central de la novela», asegura el profesor y escritor leonés.

También comenta que la intensa labor de documentación e investigación «duró años», pero que resultó «tan gratificante y dura como la propia elaboración de la novela». «La literatura llena los vacíos de la historia, por eso quise penetrar en los entresijos de los hechos, ofreciendo una versión humana, con protagonistas de carne y hueso», asegura. En esa línea, encontró que Morral fue «un muchacho enfermo, triste, inteligente, autodidacta, con inquietudes, curioso, sin amigos, que es enviado a perfeccionarse técnicamente a Alemania, donde vive solo, estudia solo y su familia le corta el suministro de dinero para mantenerse. Respirará al anarquismo de cerca, desde su propia piel. Esa experiencia vital me interesó y cautivó».

Y afina todavía más: «Tuvo una madre que nunca le besó y un padre distante, siempre ocupado en el negocio familiar. Como sucede hoy en día, existía la explotación del hombre por el hombre, drama que desató la locura del terrorismo. Así que aquel muchacho resentido regresó a Barcelona hecho un hombre y se relacionó con el núcleo más activo del anarquismo, la Escuela Moderna del pedagogo Ferrer Guardia. Nada será igual a partir de ese momento en el alma del joven Mateo. Decidió golpear en el corazón de los opulentos y fue a la cabeza, al rey, al jefe de los opresores según su particular escala de valores».

Pedro Víctor se ha planteado preguntas como ¿fue este hombre un terroristas? ¿Un loco? ¿Un adelantado? ¿Un simple anarquista? ¿Un visionario? Y adelanta que, ante todo, era una persona obsesionada con una acción, la de matar al rey. «Con un cálculo escalofriante, Morral preparó el atentado paso a paso, elaboró una bomba Orsini con sus propias manos y procuró que sus ideales y sus actos quedaran hermanados para siempre. Se transformó en un camaleón al acecho, un hombre que dominó su ira hasta el instante en que la carroza real pasaba por debajo de su ventana. Preparó tan a conciencia el golpe que ensayaba cada noche tirando sandías por el balcón».

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Por el libro, además, desfila un completo plantel de personajes históricos como Salmerón, Angiolillo, el conde de Romanones, Ferrer Guardia, Carlo Malato, Valle-Inclán, Pedro Vallina...