Coetzee se revuelve contra la crueldad sobre los animales
El jueves, el Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee decidió ampliar su obra Elizabeth Costello durante una conferencia en la biblioteca del Museo Reina Sofía. Durante más de una hora leyó nuevas conversaciones entre su ‘alter ego’, que da nombre al libro, y su ficticio hijo, sobre la crueldad humana con el resto de animales. Ante un auditorio lleno, el sudafricano habló sobre la naturaleza, los impulsos, la razón, la simpatía, el amor y la relación entre las distintas especies. Sobre qué pasaría si en una ciudad hubiera un matadero de cristal y todos pudiesen ver, oír y oler lo que allí ocurre. O sobre qué distinguiría a Heiddeger en pleno éxtasis sexual, dominado momentáneamente solo por sus impulsos, de una garrapata cualquiera, esclavizada por sus instintos Coetzee también se puso en la piel de una cabra que, a brazos de su dueño humano, hace todo el camino a un matadero de Djibuti sin resistirse. «¿Tal vez tus antepasados llegaron a un acuerdo con los seres humanos para que os protegieran de vuestros enemigos naturales a cambio de, pasado un tiempo, entregarles vuestro cuerpo a vuestros protectores para ser devorados por ellos durante cien y mil generaciones?», se pregunta una Elizabeth Costello que reconoce que ella, de ser cabra, preferiría jugársela con los leones y los chacales.
¿Por qué preocupa tanto aturdir al animal antes de matarlo, pero no en otros momentos? ¿Es justo el «escepticismo profesional de los científicos» de presuponer que los animales no tienen mente, ni conciencia, salvo que los humanos puedan demostrar de forma impepinable que sí? Coetzee reconoce que lo suyo es una cuestión de justicia y no de amor. «Los animales ni lo quieren ni lo necesitan», apostilla.
¿Este texto está impulsado por la desesperanza?, preguntó uno entre el público. «Respuesta corta, no», afirmó Coetzee, que tras la lectura solo se extendió sobre sus ideas sobre los derechos de los animales (y los humanos).