«El mundo rural está repleto de injusticias»
l Paco Cerdà viaja a la ‘zona cero’ de la despoblación. Filandó n ‘Los Últimos’ es un estremecedor libro del periodista paco cerdà sobre la ‘laponia española’, ese desierto demográfico que cubre media españa

El pastor Matías López en la pedanía de Motos (Guadalajara), donde vive solo todo el año
H ay una tarde que Paco Cerdà no olvidará mientras viva. Trancurrió en la fantasmal aldea de Motos (Guadalajara), cuando este joven periodista se vio obligado a esperar, horas y horas, a que Matías López, el único y último habitante del pueblo, regresara del monte con las ovejas. «Estar allí solo, esperando en medio de la nada, me dio la medida de todas las cosas en esta cruda realidad que es la despoblación. Y por cierto, esa tarde no la cambio por nada del mundo».
Cerdà, reportero del diario valenciano Levante , es autor de Los últimos. Voces de la Laponia española , un libro esclarecedor que pone rostro y corazón —además de datos, aplastantes datos— a esos hechos sangrantes y casi inéditos en la muy poblada Europa, rara vez integrantes de las agendas políticas e institucionales: esto es, que hay un área que va del interior de Castellón a La Rioja y Burgos, la Serranía Celtibérica, cuya densidad de población es de tan sólo 7,3 habitantes por kilómetro cuadrado. Aparte de la gélida Laponia boreal, no hay un lugar tan extremo y vacío en el continente. Son menos de ocho personas por cada 140 campos de fútbol, un nivel dos mil veces inferior al de Barcelona.
«Creo que fue una mezcla de olfato periodístico y de sensibilidad hacia las causas de los últimos, de los más débiles de la sociedad —aclara Cerdà sobre el impulso que le movió a emprender este viaje y a escribir este libro—. Me explico: al llegar a la aldea valenciana de Arroyo Cerezo vi que allí había una gran historia periodística, llena de injusticias, desigualdades y peligros para el futuro cultural de este país por la extinción demográfica de cientos de sus pueblos. Pero mi pituitaria estaba algo esquilmada: había mucho más de lo que yo intuía. Pensaba escribir un libro sobre la despoblación y no sabía que acabaría armando un reportaje que habla también de conceptos como la soledad, el silencio, la resistencia, el idealismo, la utopía, las desigualdades territoriales, el capitalismo o la amnesia colectiva que ha azotado a este país respecto a su origen rural. Me hacía ilusión conocer ese mundo del que vivimos a espaldas. Y escribir un reportaje sin ningún límite era un reto periodístico muy estimulante».
La obra, publicada por Pepitas de Calabaza, abunda en escenas estremecedoras, estampas de abandono, de soledad total, efectos de la llamada demotanasia (la desaparición lenta y silenciosa de una población, un proceso permitido o facilitado por el Estado). Pero, ¿cuál de ellas caló en Paco Cerdà en mayor medida? «Por ejemplo, el entierro de Feli, en Bubierca. La larga entrevista sobre el silencio con el prior del monasterio de Santo Domingo de Silos. El ascenso solitario hacia el aislamiento de la aldea riojana de El Collado y sus cuatro habitantes sin suministro eléctrico. La conversación con el director de la escuela rural de Moros que cerraba ese curso con solo cuatro alumnos. La visita a una aldea ya abandonada en el interior de Castellón, junto a una mujer que pasó allí su infancia y ver en su rostro el dolor intenso por el derrumbe de un mundo lleno de vida que ahora eran cascotes, maleza y casas derruidas... Tengo muchas, y al lector le ocurrirá lo mismo».
reflexiones comprometidas
La España vacía , de Sergio del Molino, que ya va por su octava edición, parece estar siendo la punta de lanza de un movimiento intelectual, reflexivo y creativo sobre la losa de olvido que este país está dispensando a sus raíces rurales. Eso sí, cabe preguntarse si este tipo de libros contribuyen verdaderamente a combatir o paliar de algún modo el problema o si son algo parecido a ‘voces en el desierto’... «Pienso que ningún periodista puede aspirar a que su voz se derrame en el desierto de forma estéril. Nunca he entendido así este oficio —cree Paco Cerdà—. Cambiar la visión que un solo lector tiene sobre la España despoblada ya es un cambio producido por tu mirada y tu narración. Si, además, como es el caso, ha servido para que se abra un debate mediático sobre la cuestión de la despoblación en radios nacionales y periódicos, el trabajo está más que amortizado. ¿Que eso se traduzca en políticas concretas que palien o reviertan la terrible situación de estas áreas en cuanto a despoblación y desestructuración? Eso es harina de otro costal. Ojalá. Pero con mostrar esta realidad tan desconocida para los lectores ya me doy por satisfecho».