Diario de León

POESÍA

Oscuro el corazón y el verso claro

SANGRE SECA Josep M. Rodríguez Premio Ricardo Molina, Hiperión, Madrid, 2017. 78 páginas

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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S eis libros de poemas ha publicado Josep M. Rodríguez, uno de los poetas actuales que con mayor empeño construye sus poemas como artefactos estéticos dispuestos para causar un efecto emocional e intelectivo en el lector. Sangre seca es una poesía trabajada con ahínco, pulida hasta eliminar todo lo accesorio para quedarse sólo con lo nuclear, abundado en la concisión verbal y en la concreción significativa. Sabe el poeta, además, dar golpes de efecto, versos sorpresivos y contundentes como martillazos en la conciencia lectora: «A quien piensa en la muerte / ya le pesa la lápida»; «Quien atraviesa bosques acaba hallando lobos». Por otro lado, los blancos entre los versos van marcando la cadencia lectora, a la que alude en nota final Joan Margarit, el cual apunta a la asunción de la tradición como voz propia por parte del autor de Sangre seca para entregarla reelaborada. Es algo que, en efecto, observamos desde el primer poema, al que accede un conocido verso de Guillén, tratado también por García Lorca: «¿Y tu niñez, / su fábula de fuentes?». Estas citas no dejan de ser breve índice de las lecturas del poeta barcelonés.

Los aciertos compositivos se muestran en cada una de las piezas. Aciertos gráficos, como el del poema Hielo , donde «los primeros dientes del invierno», que no son otros que los chupiteles que cuelgan de los aleros, originan un expresivo caligrama. En otro poema «la luna for-ce-je-a», intensificando así el esfuerzo de la luna por vencer alguna resistencia. Merece la pena destacar la sorprendente originalidad de símiles y metáforas: «Llamo al timbre. Tu voz / es un paracaídas que se abre», expresión de alegría por saberse seguro, esperado, querido.

Las realidades cotidianas son las que dan asiento al poema, a la vez que punto de partida hacia la intuición, la imaginación, el pensamiento o la memoria. Quizá sea la memoria el tema primero del poemario, unida a un tú femenino iluminador en instantes del pasado. El deterioro progresivo del amor se expresa con esa imagen: «Parecíamos / ascensores de hotel. / Siempre a destiempo»; pero hubo momentos felices: «Pero sí que hemos visto llover flores». Si tuviera que destacar un poema, citaría Mi tierra baldía , con Eliot al fondo y su correlato objetivo: «Cae la nieve / sobre la realidad, / modificándola. / Exactamente igual que mi mirada». En fin, hermosa poesía que acaso quiere resumir este verso: «Oscuro el corazón y el verso claro».

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