La quinta columna infantil en la URSS

l Rafael Moreno publica ‘Los niños de Rusia’, una obra sobre la contrainteligencia tras el estalinismo. los niños de rusia Rafael Moneo Editorial Crítica, 2017

césar cabrera

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antonio bauluz
León

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E l periodista Rafael Moreno traslada al lector con su último libro a los años 50, en plena guerra fría, cuando el desconcierto soviético por el fin del estalinismo da pie al franquismo a orquestar su primera gran operación de contraespionaje con sus nuevos aliados, los estadounidenses. Dos décadas de investigación en archivos españoles y de la CIA sacan a la luz Los niños de Rusia (Crítica), en el que, explica Moreno, la clave de aquel operativo de contrainteligencia es el concepto de «patria», que considera «emocional, pero no ideologizado». El autor recuerda que los niños que salieron de España con tres años, sobre todo de Asturias y el País Vasco, fueron «educados como españoles», lo que, en opinión de su autor, tras entrevistar a los protagonistas y cotejar con todo tipo de documentos, fue «el error soviético». Moscú quería presentarlos como «el modelo del hombre del futuro», pero lo cierto es que «no se sentían soviéticos», precisa el autor de obras como La historia secreta de las bombas de Palomares o El Servicio Vasco de Información .

El libro muestra que la inteligencia española y norteamericana obtuvo un gran caudal de información de los interrogatorios a muchos retornados. La paradoja de la dictadura franquista al aceptar lo que los servicios de espionaje estadounidense bautizan como «Operación Nino», sin eñe, es que no les aplicará ninguna ley de represión de la disidencia política. Finalmente, la dictadura «invitará» a regresar a más de dos millares de «presumibles» agentes soviéticos: no hay coincidencia sobre el número de retornados, pero sí fueron un «filón de oro para la CIA» como titula Moreno un capítulo. El relato rememora los primeros contactos entre diplomáticos soviéticos y españoles, un tabú para la época. En cierto modo es un reflejo del intento de las nuevas autoridades soviéticas de recuperar terreno en el escenario internacional. También de aplacar críticas por la existencia de prisioneros de guerra como desertores y colaboracionistas de la División Azul que no regresaron en 1954 con sus camaradas o los evacuados en su infancia. Algunos jóvenes españoles comienzan a presionar a las autoridades soviéticas, que toman la iniciativa frente al desconfiado general Franco, arrastrado a asimilar la presencia de miles de ciudadanos de «procedencia» comunista y a algo tan impensable como dedicar unos 300 millones de euros —al cambio de hoy— a acomodar a unos huéspedes que multiplican las quejas, sobre todo por el acoso policial. Pero algunos reciben más atención oficial que sus coetáneos, algo que ya ocurrió en la Unión Soviética, explica el periodista. Más allá de rencillas de partido, ideológicas y de vicisitudes personales, Moreno incorpora un mosaico que abarca a quienes fueron evacuados en su infancia y a los que partieron derrotados al exilio. También a los que huyeron de las tropas nazis en Europa o los capturados en el frente ruso cuando combatían en la División Azul, o simplemente quedaron atrapados tras la guerra civil mientras recibían instrucción militar.

Cuando se cumplen 60 años de la última gran expedición con la que llegaron a España 2.615 exiliados y familiares soviéticos, una parte de los cuales logró volver al corazón del imperio comunista, hay aspectos que invitan a la reflexión. Sobre todo, la dificultad del exiliado para encontrar su lugar en un destino perdido por idealizado. También comparar la suerte de quienes decidieron quedarse y, ya ancianos, sufrieron la merma de pensiones y prestaciones frente a quienes superaron la estigmatización.

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