Castellanos vuelve al Salvador violento carnicerías»
l El escritor hondureño que deslumbró hace dos décadas con ‘El asco’ publica ahora ‘Moronga’. moronga Horacio Castellanos Random House. 336 páginas. 18,90 euros

iván giménez
L a guerra civil de El Salvador duró más de una década, entre 1980 y 1992, y marcó «a dos o tres generaciones», asegura Horacio Castellanos Moya (1957). Desde luego marcó la obra de este escritor nacido en Tegucigalpa, la capital de Honduras, pero que se trasladó a San Salvador, el país de su padre, con cuatro años. Castellanos, que deslumbró en 1997 con la publicación de El asco. Thomas Bernhard en San Salvador , publica ahora en España Moronga (Literatura Random House), en la que ahonda en el conflicto de su país, pero en este caso desde la perspectiva de unos emigrantes que viven en Estados Unidos y que se ven involucrados otra vez, mucho tiempo después, en asuntos turbios.
«Si uno ha sufrido la violencia, siempre le quedará el dolor, eso no lo podrá olvidar. Pero las personas sí se pueden despegar de la violencia, no hay un estigma que marque para siempre. Y más si se marcha a un país en donde funcionan las leyes: allí tendrá que contenerse o acabará preso. Eso sí, mis personajes están marcados psíquica y emocionalmente por haberse formado en condiciones de extrema violencia y en un caldo de cultivo de pobreza», cuenta el escritor.
Él mismo fue amenazado de muerte cuando publicó El asco y aunque reside en Iowa (Estados Unidos), donde da clase en la universidad local, regresa a El Salvador. «No quiero saber quién me amenazó. No fue alguien de la droga ni de las pandillas. Fue la política, de izquierda o de derecha, no lo sé, porque El Salvador es un país en el que se amenaza de muerte muy fácilmente», explica Castellanos, que también ha metido el bisturí en las maras, los grupos de jóvenes armados que controlan las ciudades. «La mara se ha convertido en una institución, del crimen y la delincuencia, sí, pero una institución, que ha suplantado al Estado, la escuela, la familia. La mara da sentido de pertenencia e identidad a unos chicos que no la encuentran en otro lado. Es un fenómeno terrible porque saca a la luz Estados fracasados, y no hablo de este gobierno, sino de muchos años atrás». Fue El asco una obra revolucionaria, un cambio en el paradigma que se había establecido en los años 90 en la literatura latinoamericana.
«El asco surgió como un ejercicio de estilo, como una liberación, y su publicación significó ganarme buenos lectores, pero también la enemistad de otros, que no supieron ver que era una obra de ficción. Las sociedades estaban intoxicadas por el género del testimonio. Cada cual que escribía, que había estado en un bando o en otro, contaba la verdad, ‘su verdad’. Y por eso, cuando salió mi obra de ficción, la gente pensó que todo lo que decía el personaje de El asco era mi opinión. Habíamos perdido la capacidad para la ficción», reflexiona.
Los sueños políticos que provocaron los conflictos latinoamericanos le producen a Castellanos, como mínimo, prevención. «Las utopías han traído más carnicerías que avances. Cambian la naturaleza humana, nuestro entorno, la tecnología y la ciencia, pero las sociedades y la naturaleza humana no cambian. Los que ganan una guerra civil siguen creyendo en las utopías y los que pierden, no. En cualquier caso, el final negociado del conflicto en El Salvador coincidió con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del comunismo europeo, así que fue una época de fin de las utopías», agrega.
Dice Castellanos que alguna vez ha escrito desde la rabia, entendida la rabia como una lucha «contra la injusticia, contra el ejercicio de la violencia impune de los poderosos».