LA ENTREVISTA / FILANDÓN
«Un escritor se asienta en los gigantes que le han precedido»
Demetrio Fernández presenta ‘Sinfonía de Praga’, una novela sobre los ciclos diabólicos de la historia
El escritor Demetrio Fernández González en su residencia madrileña.
Esta es la historia de un puñado de vidas cruzadas, entrelazadas ante el telón de un cuento terrible, el de la historia de europa en la capital del asombro kafkiano «Para que nosotros recordemos, recordemos siempre, sin olvidar jamás», dice sobre la Shoa «La novela no ha de renunciar a ser expresión estética de la ética humana», destaca.
—¿Cómo fue el proceso intelectual que llevó al alumbramiento de Sinfonía de Praga?
—Sinfonía de Praga narra y acoge dos historias bien diferenciadas (las historias de Lieserl Einstein y de Meme), dos historias que al final de la peripecia se integran, sorprendiendo así gratamente al lector. Historia de Lieserl Einstein, historia de realidades y de ficciones entretejidas, donde el presente de Europa se entremezcla y explica a través de un pasado no tan lejano en el que Lieserl escribe su diario, desde 1930 a 1945, a la búsqueda de lo que no ha de lograr. Historia de Meme, mujer joven de buen ver, la espía israelí que se mueve como pez en el agua por Praga y que se entretiene y nos entretiene en un juego de mentiras y medias verdades. Y a caballo entre esas dos mujeres, en esa Praga milenaria y mágica, donde Lieserl y Meme parecen convivir tan a su gusto, historia también del holocausto, cada vez más asfixiante, de un Kafka casquivano y esquivo, de Max Brod y de Otto Schödinger. Pero en Sinfonía de Praga hemos pretendido que, aparte de una peripecia sorprendente, los lectores encuentren, si buscan y bien leen, todo lo que siempre han querido saber sobre el arte de novelar y tengan ocasión de reflexionar sobre la poética de la novela y sobre el arte de hacer novelas en este tiempo, parafraseando al bueno de Lope de Vega.
—¿A través de qué camino logras internarte en el mundo de esa Europa que parece que regresa?
—A lo largo de Sinfonía de Praga son numerosísimas las ocasiones en las que se debate acerca de la relación entre ficción e historia, entre verdad y mentira, entre historia y vida, entre realidad e invención. O se reflexiona acerca del engaño a los ojos o a la mente —donde el cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul—, acerca de verosimilitud o mentira que se hace pasar por verdad; y se señala que hasta con la verdad se engaña o «también la verdad se inventa» —como se recuerda en la novela, y se cita expresamente al Machado de Proverbios y cantares—. Y en ese juego de realidad/ficción tienen gran importancia los diversos elementos que se integran en la peripecia de la novela, con precisión de fecha y hora, indicando de manera explícita el lugar de los eventos que acontecen en la rúa, lo que pasa en la calle. En esa perspectiva hay que situar los enlaces e hipervínculos que, bien desde el interior del texto, bien a pie de página, se incorporan a la obra, que permiten al lector una incursión por otros pagos y que aportan a la historia que estamos leyendo verosimilitud y verdad. Hemos de citar así los enlaces a diversos medios de comunicación que se integran en la novela, desde los que nos llevan al periódico israeli Haaretz a los que nos llevan a unos cuantos periódicos españoles que a partir del 20 de octubre de 2009 van a informar de acontecimientos que interesan a la peripecia que se narra en la novela. Todo ello a mayor gloria de la obra artística que hemos creado y para goce y disfrute de los lectores.
—¿Cómo se escribe sobre el horror?
—La mejor respuesta a esa pregunta nos la puede aportar el narrador de Sinfonía de Praga, cuando, ya avanzada la novela, nos señala que solo quiere dejar fama y fortuna de lo que ha sucedido y contarnos desde la perspectiva del más rabioso presente lo que sucedió en apenas una quincena de años, desde 1930 a 1945, en una Europa convulsa, que se desangra y una y otra vez repite los mismos errores. Por concretarlo en una muestra de unas pocas páginas, esperamos sobrecoger a los lectores de Sinfonía de Praga con la visita que el narrador de la novela hace al campo de concentración y de exterminio de Auschwitz. En esa visita, que se extiende a lo largo de un párrafo de diez exasperantes y dolorosas páginas se ha introducido una cantinela, con rima asonante, que funciona como estribillo coral y que fragmenta el párrafo (¡Ay, Auschwitz, Auschwitz!). La visita al campo de Auschwitz concluye así: «Para luego, cuando todo se acaba, cuando ya se veía llegar el fin, el final de la terrible pesadilla, forzar a la marcha de la muerte a los muchos y dejar a unos pocos rodeados de destrucción y muerte, arrumbados edificios, cámaras de gas y crematorios echados abajo, pabellones derruidos, papeles y recuerdos quemados, incinerados, vestigios destruidos, que nada quede, borrado de la faz de la tierra, como ellos, como la raza maldita, para que nada quede, borrada la memoria, para que nosotros recordemos, recordemos siempre, sin olvidar jamás». Y permítaseme reiterar y asumir lo escrito: Para que nosotros recordemos, recordemos siempre, sin olvidar jamás.
—¿En qué autores se ha apoyado?
—Cuando un escritor se pone a escribir siempre se asienta, sea consciente de ello o no, a hombros de los gigantes que le han precedido y con los que convive, y se apoya en todos y cada uno de ellos. Así lo hemos hecho, situándonos con voluntad y firmeza dentro del canon literario de la literatura española y universal, en la larga serie de escritores que nos han precedido. Y si se escribe una novela como Sinfonía de Praga no se puede ignorar a Cervantes, a Flaubert, a Tolstói, a Proust, a Joyce, a Kafka, a Faulkner y a tantos y tantos otros que han asentado el canon de la novela moderna, sin olvidar a Juan y a Luis Goytisolo, a Javier Marías, a Paul Auster, a Enrique Vila-Matas o a Javier Cercas. Ahora bien, concebida como obra de arte, la novela del siglo XXI, la novela de este tiempo, si quiere ser tal y como tal ser considerada se ha de someter a las estrictas reglas de la poética o de la retórica de la novela, al arte de hacer novelas en este tiempo. Sin embargo, todo autor que se precie, a la vez que se somete a las estrictas reglas de la poética o de la retórica de la novela, al arte de hacer novelas en este tiempo, ha de promover también su ruptura y transgresión, que, por la lógica de toda creación artística, han de ser violadas. Y más aún en los actuales tiempos de mediocridad plomiza, tiempos de vacua trivialidad, si es que no tiempos de posverdad y transvanguardia, como algunos dicen.
—¿Cómo se logra escribir una novela tan complicada de manera que la lectura resulte sencilla?
—El novelista que se precie de tal, y nosotros así nos consideramos, ha de ofrecer al lector un relato bien estructurado, una peripecia motivadora a través de hechos sorprendentes que conectan el pasado de los años 30 y 40 del siglo XX, la Europa Central de la Segunda Guerra Mundial, con el más rabioso presente, en el caso de Sinfonía de Praga, una voluntad de estilo que cautive y una anagnórisis final que sorprenda y arrobe. Pero, aunque es justo y necesario que el creador de una novela que pretende ser una obra de arte ofrezca esos cuatro elementos, en nuestra opinión ha de ofrecer mucho más: Ha de ofrecer una cosmovisión poderosa que cree un nuevo mundo a la vez que cree un nuevo lector y permita a este ser más, ser otro y distinto al que era en el momento en que inició la lectura de la obra. Eso es lo que hemos pretendido en Sinfonía de Praga, que no se definiría como una novela complicada sino como una novela compleja, una obra que tiene muy presente siempre y en todo momento al lector, a los lectores presentes y a los lectores futuros, a todos los lectores que ya son y a todos los que serán, y a ese lector especial que la obra habrá de crear, que la obra artística necesita para ser finalmente la obra de arte total y única.
—¿Hay literatura sin poesía?
—La literatura lo primero y único que necesita es ser literatura, si se me permite la aparente tautología. Y lo que es exigible a la literatura en general es exigible también a la novela en particular. Entendida la novela como un género proteico y misceláneo por excelencia, en ella cabe todo, se presta a todo, incluso a cualquier capricho de un ser experimentado que se las sabe casi todas y quiere y desea nuevos goces, una vuelta de tuerca más en la serie literaria, en el canon concebido y conocido bajo el rótulo de «novela». La novela así entendida no ha de renunciar por ello a los sabios principios de la retórica clásica, utile et dulce, en la medida en que es y ha de ser expresión estética de la ética humana: responsabilidad ética para analizar críticamente el pasado y críticamente comprometerse con el presente, corresponsabilidad ética con el mundo que hemos de dejar hacia el futuro.
—Defíname la obra en cuatro palabras.
—Es Sinfonía de Praga una obra eminentemente literaria. Y es también una obra de mistificación, escritura desatada e imitación compuesta, a la par que una mesa de trucos, un tapiz de diversos y bien entrelazados hilos y composición coral, al fin, si bien se lee. Y es, finalmente, una novela que busca y ansía un lector activo y curioso que puede complementar la lectura de la obra con el acceso a una página web propia: (http://www.sinfoniadepraga.es/) y al blog asociado a la misma.