LE BIG MAC
Árboles del Norte
Los abedules y los pinos del valle de Kåfjord, Noruega, no crecieron durante la Segunda Guerra Mundial. En aquellos años de mediados del siglo pasado, los árboles de los bosques de esta pequeña localidad no sumaron nuevos anillos a su troncos. Lo cuenta la periodista Kristin Suleng en El País, en un artículo donde explica que las chimeneas que lanzaban al aire niebla química para ocultar el Tirpitz, un acorazado alemán anclado en un fiordo cercano, emitían un gas tan contaminante que no sólo impedía a la aviación aliada ver el objetivo, sino que también arrancaba la pintura de los barcos, hacía imposible la respiración de los vecinos y, según constata la investigación de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania), alteraba el crecimiento de los árboles de la zona. Más que alterarlo, lo congelaba. Uno de los colaboradores del estudio, Scott St. George, dice algo que llama especialmente la atención: «Más de setenta años después, la guerra puede haber empezado a desaparecer de nuestra memoria, pero en Kåfjord los árboles todavía la recuerdan muy bien». La recuerdan porque no hay rastro de aquellos años en sus anillos. En estos árboles la memoria y el olvido no se suceden una tras otra, como contrarios, sino que se dan a la vez, igual que en esos pliegues donde la realidad se dobla sobre sí misma.
A nada que se pretenda, uno puede ver en la historia de la humanidad alegorías de su discreta y anónima vida. Del mismo modo, a veces encontramos poemas de otras personas que desearíamos haber escrito nosotros, porque creemos oír nuestra voz contando con palabras que nunca antes habíamos pronunciado juntas un relato que nos pertenece. Cuando eso ocurre, sabemos que hemos dado con un libro importante, un libro que nos va a acompañar mucho tiempo. Digan adiós a la muchacha es el poemario con el que Alba Flores Robla ha ganado el premio Adonáis 2018. Se trata de una magnífica obra, evocadora y triste, sobre el paso de la adolescencia a la madurez. Está escrita de una forma sencilla, hermosa y delicada: «Ya creciste,/ pero no sufras./¿Acaso no crecen también los árboles/ y no lloran?» A veces la realidad se pliega sobre sí misma, como ocurre en estos poemas, o en aquellos árboles noruegos que sin crecer, lloraban.