poesía
Víctimas del tiempo
el esqueleto ardiendo Jesús Aguilar Marina Instituto Leonés de Cultura, colección Provincia, León, 2017. 60 páginas

A unque con fecha del año anterior, acaba de aparecer publicado el poemario premiado en la última Bienal de Poesía Provincia de León. Se titula El esqueleto ardiendo y su autor es el madrileño Jesús Aguilar Marina. Quizá sea el deslucido título lo menos acertado de un buen libro de versos en el que el autor poetiza la situación del hombre como río fugitivo y su desdichado destino. Desde el primer poema aparecen los signos del dolor, «la fría orfandad», «el áspero destino», con la imagen reiterada del viajero errante que camina con la conciencia de que nada existe fuera del fluir inmisericorde del tiempo y de que la memoria solo trae dolor y «la aguda conciencia / de que el cielo no se abre para él». El viaje es la alegoría de la vida, fraguada en la desesperanza de hallarle algún sentido «mientras llega la nave sospechosa y sombría» que la arrastra hacia la muerte. Ni siquiera la naturaleza, cantada con espíritu gozoso, atenúa el sentimiento de la pesadumbre existencial de los hombres, «víctimas del tiempo». El viaje es la imagen reiterada del desconcierto, un viaje en el que «rotas las ilusiones de belleza» y de permanencia, se detiene en la contemplación del discurrir del agua que no se detiene, como ya cantó Manrique en versos continuamente reelaborados por la tradición. Como dice un poema, «todo fluye sin que el mundo detenga su zancada». El viajero errante no verá salida a su infortunio existencial ni siquiera en la rememoración de la infancia o en el sueño de inexistentes paraísos.
El esqueleto ardiendo lo escribe Aguilar Marina desde la conciencia de la finitud del hombre y de su inconsistencia, aprovechado determinados signos o símbolos tradicionales como la barca, el navío, el viajero, la sombra, el cuervo... La reelaboración de elementos tradicionales es una de las señas de identidad del poemario, con un punto fuerte en la literatura de Roma, con poemas en los que cede la voz a Séneca, Propercio o Marcial, sin desdeñar a escritores posteriores como Gogol o Hesse. El recurso, comúnmente llamado monólogo dramático, da lugar en el caso de Propercio a un notable poema en el que el poeta latino expresa su fe en la poesía, cuyo canto de amor pervivirá más allá de la ceniza de la muerte. Acaso de esa tradición sólida proceda el acentuado sentido rítmico y una nobleza de dicción que en algunos momentos recuerda a los clásicos, a lo que hay que sumar la capacidad visionaria del poeta.