VIOLETA SERRANO escritora y periodista
«España se está argentinizando, y no sólo en lo literario»
Filandó n Tan pronto le sale un diminutivo en ‘-ín’ como vosea o dice ‘laburo’. Leonesa y de buenos aires, española y además argentina, Serrano es buena prueba de la bendita permeabilidad del idioma, de que las letras carecen de pasaporte «Noto que el peso de las editoriales independientes aumenta, y eso es muy saludable para la creación» «Suelo decir que nosotros tenemos la industria pero que ellos tienen el talento»

Violeta Serrano, esta semana en Madrid. Natural de Astorga, es licenciada en Teori?a de la Literatura y Literatura Comparada, asi? como en Filologi?a Hispa?nica y Francesa por la Universidad Auto?noma de Barcelona, habiendo recibido el premio extraordinar
V ioleta Serrano se asomó a la ventanilla del avión y divisó una inmensa flor de luz abierta en mitad de la noche, como un incendio fascinante o una rara planta carnívora. Era la ciudad de Buenos Aires, selvática y pasional, donde apenas conocía a nadie pero donde aprendió a luchar y a no rendirse, a amar (aún más) la literatura y a descubrir cómo la vereda que uno despeja es mucho mejor que cualquier carretera que otros allanen por ti. Nacida en Astorga en 1988, esta filóloga, periodista y autora del poemario Camino de ida cuenta, de vuelta a España, su intensa experiencia vital y profesional al otro lado de ese océano donde flotan tantas querencias y palabras.
—¿Qué inquietudes o azares le llevaron a cruzar el ‘charco’ y a haber desarrollado allí una parte importante de su carrera?
—Me fui a Buenos Aires en 2013 porque acá sentía que no podía desarrollarme profesionalmente. Pensé en México o en Argentina, ya que mi herramienta de trabajo es mi lengua y lo que siempre quise fue dedicarme a la escritura. Al final me decidí por el sur del continente. Entonces sólo conocía a una persona allá y nunca jamás había tomado un vuelo transoceánico. Aún recuerdo la adrenalina al ver la ciudad iluminada desde el avión a las cuatro de la mañana, que era la hora prevista de aterrizaje. Era un mar de luz sin horizonte, no terminaba más, y me abrumó. Yo iba a meterme en esa vorágine a hacer camino como si fuera capaz de algo así. Y al final sí, lo fui, contra viento y marea porque Argentina no es para nada un país sencillo. Nunca pude tomar una mejor decisión: no sería quien soy si no fuera por las oportunidades que me dieron allá, y por los desafíos a los que me enfrenté. Muchos confiaron en mí sin conocerme de nada, y eso no lo voy a olvidar jamás. Igual que estando allá nunca olvidé de dónde venía, y eso me dio fuerza cuando flaqueaba. Me decía, «¡hostia, que eres de León, Violeta!» Y nadie entendía un carajo, pero yo sí, y eso me valía para no desmoronarme en los momentos jodidos.
—Cuéntenos en qué medios ha colaborado y cómo surgió la posibilidad de codirigir el posgrado ‘Escrituras: creatividad humana y comunicación’...
—Empecé colaborando en Perfil . De ahí fui ampliando y empecé a hacerlo en el suplemento cultural del diario La Nación , donde entré, justamente, gracias a una entrevista a Antonio Gamoneda que quisieron poner como portada. Luego empecé mi etapa como colaboradora de RADAR , de Página12 , que es para mí el mejor suplemento literario de la Argentina y aún sigo vinculada desde acá escribiendo siempre que puedo. El posgrado Escrituras: creatividad humana y comunicación lo diseñé a petición de Carlos Skliar, escritor también y doctor del CONICET, algo así como el CSIC en España. Él, conociendo lo que había hecho en tan poco tiempo en Argentina, así como mi formación académica, confió en mí y me sugirió desarrollar un posgrado internacional que vinculara España, México y Argentina y que se diera, además, en el marco de una facultad de Ciencias Sociales (FLACSO) que tiene mucho prestigio en toda Latinoamérica. El desafío no era sencillo pero me parecía maravilloso y él tuvo la amabilidad de darme esa gran oportunidad y de respetar mi criterio. Queríamos hacer una formación que indagara sobre la escritura en sus distintos formatos, que se preguntase por qué es tan importante comprender y conocer las herramientas que nos aporta la literatura para nuestra vida en sociedad. La verdad es que no puede ir mejor: este mes arranca la octava edición y estamos felices. Además, al ser online, puede hacerse desde cualquier lugar del mundo y conectar a gente de muy diversas trayectorias e incluso culturas. Es un viaje maravilloso sobre todo porque contamos con un equipo de profesionales brillante.
—¿Y la experiencia de ‘Continuidad de los libros’, de qué modo nació?
—Nació como una necesidad. Yo empecé trabajando en una librería en Argentina. Me pagaban muy mal y al final me acababa encargando de atender el teléfono de las reservas, porque era una lugar muy conocido en la ciudad a nivel cultural, y tenían también espectáculos con cenas, etcétera. En aquella desesperación tanto económica como profesional me inventé este proyecto. Se lo propuse a la dueña y lo aceptó encantada, porque me tenía mucha fe. Eso me permitió desarrollar la revista eliminando mi presencia obligatoria en la librería, lo cual me dio libertad para avanzar. Al cabo de un año decidimos desvincularnos profesionalmente, compré la marca y seguí por mi cuenta. Poco después el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires declaró la publicación sitio de interés cultural a través de la Ley de Mecenazgo. Fue un reconocimiento crucial, porque nos permitió mejorarla y ampliar nuestros formatos y nuestro público. La idea era que fuese una revista puente, tanto entre Latinoamérica y España como entre autores emergentes y consagrados. Allá han escrito plumas como la de Leonardo Padura, Elvira Lindo, Agustín Fernández Mallo, Ariana Harwicz o Alejandro Zambra. Y hemos podido entrevistar hasta a la premio Pulitzer Rae Armantrout, pasando por autores que nos encantan como Juan José Millás o Enrique Vila-Matas, entre muchos otros. Continuidad de los libros es para mí un tesoro: fue la motivación a la que me agarré cuando las cosas se ponían feas, fue mi salvavidas, y espero que lo siga siendo. Igual que lo ha sido siempre para mí la literatura.
—¿Qué diferencia más significativa encuentra en el modo en que se trabaja (¡y se vive!) el hecho literario en Argentina, comparado con España? ¿O en realidad no hay ninguna?
—Bueno, sí, yo creo que hay bastantes diferencias pero al mismo tiempo cada vez nos estamos pareciendo más. Y eso no va sólo por el ámbito literario. De hecho, acabo de escribir un ensayo que se basa en esta comparativa entre países. España se está argentinizando. Y eso, a nivel del peso que tienen las editoriales independientes, es bueno porque mejora el panorama general. Pero en el sentido de que estamos mandando al carajo nuestro Estado del Bienestar como sociedad, ya no tanto. Pero, como digo, a nivel editorial y cultural, en Argentina hay una potencia mucho mayor que en España. ¿Por qué? Seguramente porque allá no tienen nada que perder ni que pedir y eso, para la comodidad del creador es una putada, pero para su potencial artístico es maravilloso. En Buenos Aires se hace teatro en cualquier casa, se recita poesía en cualquier bar de mala muerte y se hacen colas para entrar a un cine que pasa películas independientes un sábado a la noche. Eso por no hablar de la proliferación de librerías...
Buenos Aires es cultura, y éste es su capital en muchos sentidos, y lo saben. Incluso a nivel social, yo me he sentido muy respetada por ser periodista y escritora. En España a veces cuando dices que sos escritora sentís como alguno que otro se pregunta... ya, ¿pero y de qué laburás (trabajas)? Como si a un vegetariano pidieran un sándwich y la respuesta fuera, ya, ya, ¿pero el bocadillo lo querés con jamón o con atún? En fin, estoy exagerando un poco, sólo para expresar que creo que socialmente tienen más incorporado el respeto al artista de lo que lo tenemos nosotros. Al volver estos meses he detectado que algo está cambiando acá: el peso de las editoriales independientes está aumentando y eso es saludable para la creación. No tanto para nuestros bolsillos como autores, pero creo que ya, cualquiera que sepa un poco de este mundo, puede sospechar que es más probable encontrar a un autor novel de calidad en una editorial chiquita que en un gran grupo editorial donde, al final, lo que prima es cuántos seguidores tenés en redes sociales y no tanto de qué sos capaz como autora.
—Exceptuando, quizá, a Martín Caparrós y Pedro Mairal, la literatura argentina actual no es demasiado conocida en España. ¿Pasa lo mismo al revés?
—Bueno, yo siempre digo que nosotros tenemos la industria pero ellos tienen el talento, con perdón. Quiero decir que las grandes editoriales están en nuestro suelo, es cierto, pero saben perfectamente que la potencia que tiene la escritura de los latinoamericanos difícilmente está a nuestro alcance. Y esto, probablemente, tenga que ver con sus experiencias vitales, que son mucho más bestias que las que nosotros podemos llegar a imaginar en nuestro confort europeo contemporáneo, aunque ya veremos lo que dura la burbuja. Aún así, los autores españoles llegan, claro, porque tenemos la plata para darnos a conocer: agentes y todas esas cosas, aunque cada vez haya mucho menos margen de mercado. Pero los argentinos discriminan perfectamente el talento de la fachada. Y, a veces, muchos de nuestros representantes literarios son muy flojos para su nivel. Hay varios autores que respetan, y mucho, ¡por supuesto! Lo que quiero decir es que los argentinos son muy orgullosos de sí mismos, también en el hecho literario, y no están tan pendientes de qué se hace o se deja de hacer en España. Viceversa creo que lo que ocurre es que llega menos de lo que debería, justamente porque muchos autores argentinos no tienen acceso a canales de distribución masivos. Si tengo que recomendar a alguien que esté funcionando actualmente, es sin duda a Mariana Enríquez. No me interesa el género que cultiva y, sin embargo, es tan buena escritora que me importa un carajo que se mueva en la literatura de terror. Porque va más allá: su escritura es política. Creo que en el fondo es todo lo que se le puede pedir a un escritor: que consiga que a mí, que nunca me pondría a leer un libro de ese tipo, me conquiste y no pueda dejarlo y que, además, una vez que lo termine, algo haya cambiado en mi manera de percibir lo que describe.
—De todos los autores argentinos que has entrevistado, ¿cuál o cuáles te marcó más, y por qué?
—La persona que más me marcó no era escritora, en realidad, sino fotógrafa. Fue Sara Facio, la mujer que retrató a Borges, a Cortázar, etc. Fuimos a su casa en el barrio de Recoleta de Buenos Aires a entrevistarla para continuidaddeloslibros.com. Y era como entrar en la historia de la literatura argentina del siglo XX y poder tocarla en aquellos pasillos largos y llenos de retratos. Fue muy dura al principio, porque es una persona muy disciplinada y rigurosa, y supongo que no se fiaba mucho de lo joven que yo era entonces, pero ni bien vio que la entrevista estaba documentadísima y que me había tomado un tiempo respetable conocer todo de ella para poder hacer bien mi trabajo, aflojó y todo salió estupendo.
—De esa experiencia de vida (transoceánica, transcultural y mestiza) nació ‘Camino de ida’. ¿Fue una necesidad vital, escribir y publicar ese poemario?
—Sí que lo fue. Camino de ida fue una forma de entender ese trasiego y una manera de tragarme el hecho de que cada vez extrañaba más mi tierra. El poemario intenta abordar la esencia del ser migrante, cosa que no es nada sencilla y, por supuesto, toma como hebra fundamental mis recuerdos de infancia y adolescencia: esa transición a la edad adulta que en mi caso fue un tanto turbulenta. Irme a vivir tan lejos me permitió identificar cuál era mi pasado y mis referencias, y también de qué manera me estaba reconstruyendo allá, con un entorno diferente y desconocido. Y comprender y asumir, también, que la decisión de haberme ido implicaba una división profunda que ya nunca me iba a abandonar: hoy me siento tan argentina como española.
—¿Qué nos puede contar del reportaje ‘Los Panero. Encinas parían cadáveres’, que se ha llevado el accésit del premio de periodismo Juan Andrés García?
—Ha sido lindo el reconocimiento porque realmente me llevó bastante tiempo y esfuerzo investigar todos los detalles que quería incluir en el reportaje. No me quería centrar únicamente en la vida de los Panero, de la que ya se ha hablado tanto que hasta aburre, sino en las percepciones que generaban en el ambiente y en la época, darle un sentido de crítica histórica y social y, al mismo tiempo, vincularlo con mi propia experiencia sensorial de haber crecido en las mismas calles en las que ellos paseaban sus múltiples borracheras.