poesía

Me están doliendo los vértices del alma

todos los relojes Antonia Álvarez Álvarez Eolas, León, 2018. 60 pp. PALABRA ADENTRO Antonia Álvarez Álvarez Casa de Andalucía de Denia, 2018. 60 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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A ntonia Álvarez, leonesa de Pinos (Babia), entregó a finales del pasado año dos nuevos poemarios, Todos los relojes y Palabra adentro , éste premiado en Denia. En general su palabra es acogedora, cálida, de melodioso discurrir, apaciguadora, aunque por dentro arda el fuego o quemen las heridas. Es una poesía de sentimiento comedido y con un hondo sentido temporal que la impregna de tenue melancolía. Todas estas apreciaciones se potencian en la lectura del que acaso sea su mejor poemario, Todos los relojes, que lleva prólogo del autor de esta reseña. Son diecinueve poemas, cada uno de los cuales lleva al frente una fecha de referencia, del 16 de septiembre al 30 de noviembre de 1943. Esta datación la aclara la dedicatoria que aparece al principio del poemario: «A mi abuelo materno Venancio Álvarez Gimeno, que enviudó, joven aún, en el año 1943». El tema es propiamente la dolorosa evocación de la amada muerta. El tiempo lo cifra el epígrafe de cada poema, con referencias continuas a los acontecimientos de aquel año 1943, entreverando tales hechos universales con los familiares, de manera que, como la amada llorada, también caminaron a la muerte durante aquel año Ana Frank, el Virgilio que pergeñaba Herman Broch o los muertos recientes de la guerra civil o de la Segunda Guerra Mundial. El espacio de los poemas es el originario del abuelo y de la propia poeta, Babia, sus valles y sus montes en ese octubre que deja asomar ya la nieve, va despojando los árboles en el bosque y empieza a cundir el frío fuera y en la esfera íntima del corazón; pero hay otro espacio, el de la soledad y el llanto: la casa protectora la que resguarda y asegura la intimidad. En ese espacio delinea la poeta, más que la figura protagonista, sus emociones, desde el primer poema en que fluyen recuerdos tristes, los únicos que pueden hacer tornar, solo en la memoria, a aquella que se hundió en la noche eterna. La evocación se tiñe de emoción elegíaca y los versos discurran sin asperezas, porque no los mueve el arrebato, sino el fluir doloroso y callado de los recuerdos.

No es menos denso de sentimiento y poesía Palabra adentro , las palabras que vuelan «hacia la luz incierta del poema», las que arden, las que hieren, las que inventamos «para engañar al tiempo y al olvido», las que expresan el gozo de la naturaleza; en suma, «la mágica verdad de las palabras».

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