Las Hazañas del leonés Migoya

l Norma publica una versión inspirada en el célebre tebeo de Boixcar, ambientado ahora en la Guerra Civil y con ilustraciones de 23 autores .

PEDRO RODRÍGUEZ/ ‘Nuevas hazañas bélicas’

León

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H ernán Migoya, protagonista de uno de los escándalos literarios más sonados, con su libro Todas putas, regresa ahora con Nuevas Hazañas Bélicas , donde toma el testigo a Boixcar, quien comenzó a publicar en 1948 uno de los tebeos españoles más famosos. El escritor ponferradino se adentra en la Guerra Civil, conflicto que la censura impidió tocar a Boixcar, y lo hace a saco, sin importar quién salga mal parado. Se trata de la primera aproximación pulp a la Guerra Civil española dentro del cómic.

Coincidiendo con el 80 aniversario del fin de la contienda, el Tarantino leonés hace «revisionismo histórico» en clave desmadrada y poco autocomplaciente. Las historias las empezó a escribir en 2012 y fueron publicadas ‘sueltas’. Ahora la editorial Norma reúne esta suerte de ‘episodios nacionales’ en una edición impecable, con un formato que respeta las primitivas Hazañas Bélicas. Un libro en el que 23 ilustradores, incluido el leonés Miguel Ángel Martín, recrean los provocativos, irónicos y ácidos textos de Migoya, con títulos tan sugerentes como Con el Moscardó tras la Oreja , La Pasión Aria , El Novio de la Muerta y Las Aventuras Falangistas del Joven Samaranch .

—¿Es cierto, según confiesa en el epílogo del libro, que como a tantos escritores idiotas España le duele? ¿Y por eso decidió hacer esta versión tan particular de las ‘Hazañas Bélicas’?

—Es la razón por la que decidí irme del país en 2013. España me duele mucho menos desde que vivo en Perú. Para esta macroobra estuve todo el 2012 investigando y escribiendo dos guiones al mes, cada uno para un dibujante diferente, y convirtiendo en Pulp Fiction toda esa triste realidad en torno a la Guerra Civil.

—¿Su solución para no oír hablar de la Guerra Civil fue huir a otro continente?

—Llega un momento en el que cuando ves que la irracionalidad es uno de nuestros rasgos como pueblo, decides que no quieres seguir formando parte de esa irracionalidad. No quería seguir viendo en los demás todo lo que desprecio en mí reflejado todo el rato. El nivel de madurez política sigue siendo ínfimo. No se puede extirpar el populismo y la demagogia de la discusión sobre nuestra teóricamente deseada convivencia. Se quiere eliminar al contrario y yo no quiero formar parte de ningún bando ni de una contienda sorda que lleva tantas décadas. Ahora estoy en un país que me ha acogido maravillosamente, donde la gente es amable, educada y generosa. A pesar de tener muchos más problemas sociales y económicos y más desigualdades que los españoles, disfrutan más de la vida. Yo allí estoy muy feliz, realmente no quiero volver.

—Huye de España porque nadie olvida la Guerra Civil y vuelve estos días y se topa con la polémica exhumación de Franco...

—Si yo fuera sensacionalista estaría usando esa sinergia entre todavía existentes franquistas y supuestos antifascistas para vender mi cómic, pero no me sale ponerme al mismo nivel de ese debate tan patético. Me fascina que todavía Franco esté vivo. Yo ya lo había resucitado en Una, grande y zombi y resulta que no hacía falta resucitarlo porque sigue vivo en la mente de muchos que todavía creen que hay que reivindicar a un tipo como Franco y de otros que le dan más vida desde el lado opuesto. Es exacerbar algo que ya debería estar muerto y enterrado donde les dé la gana. No entiendo cómo aquí la gente puede dedicar un segundo de su vida a pensar en Franco.

—¿El libro es un homenaje o una parodia de las ‘Hazañas Bélicas’ originales?

—No hay parodia que no sea homenaje. Hay muchos registros también, no solo parodia. Hay mucha sátira, que es mi fuerte, buscándole la vuelta a todas las hipocresías y a los supuestos espíritus puros, y también hay épica, acción y comedia y pasiones como en las originales. Me permito homenajes no sólo con el retruécano de la ironía, sino también algunos muy frontales, con mucha acción y violencia; obviamente, con un trasfondo humanista que ya había en las historietas de Boixcar, pero aquí sin la traba de tener que hacer un discurso triunfalista de la guerra, sino mostrando la guerra con todo su horror.

—¿Eligió a Durruti por leonés?

—No, lo elegí por asesino. Intenté que cada episodio reflejara diferentes situaciones de la geografía española. Hay episodios en Badajoz, en Mallorca, la batalla del Ebro, el frente de Madrid... Un panorama, a través del esperpento, de la guerra. Los personajes históricos me decepcionaron mucho. Todos eran unos obcecados. El único foco de esperanza fue la postura de los demócratas de verdad, que no había tantos, como Azaña, que desde mi enfoque fue el que mejor resistió la prueba del tiempo. Era culto, progresista y demócrata.

—¿Piensa que la última línea de resistencia contra el horror siempre es la del descreído?

—Creo en el romanticismo aplicado a la ficción, pero no a la realidad. Que venga un romántico de un bando u otro a aplicar un sesgo romántico e idealizado de la vida me parece peligrosísimo, así sean muy buenas sus intenciones. La serenidad es un valor que no solemos tener en nuestro país. Estoy harto de hablar con gente que discute el mundo con visiones románticas. Lo único que consigues es que un señor que ayuda a morir a su señora, que lleva años sufriendo un dolor increíble, acabe siendo juzgado por violencia de género. Eso es lo que consigues cuando aplicas una visión romántica y al mismo tiempo estúpida del mundo. Tenemos que luchar no solo contra la maldad, sino aún más contra la estupidez, porque la estupidez es la masa que manipula la maldad para conseguir sus fines.

—¿De los 23 dibujantes del libro tiene alguno favorito?

—Todos son maravillosos. Me enloquecen las portadas de Acuña, que es muy conocido por sus superhéroes para la Marvel y aquí hace épica con temas españolas; incluso trae a Los Vengadores a la Guerra Civil. Y me gustan todos los episodios, desde el primero, Furia Roja , por usar el registro de un Matías Prats franquista como voz narradora para explicar el amor entre dos mujeres, que además están manipuladas por mí, de manera que están contando por debajo una historia distinta a la que aparentemente están contando, hasta una historieta a la que le tengo mucho cariño, que es la del Conde Rossy de Palma , porque el universo del autor no tiene nada que ver conmigo. También la historia del único dibujante leonés, Miguel Ángel Martín. Nos conocemos desde hace 30 años y nunca habíamos trabajado juntos y, además, con Franco de protagonista.

—Dicen que segundas partes nunca son buenas. ¿No es su caso?

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—Este libro va dirigido a muchas generaciones, porque hay dibujantes jóvenes y apela a lectores de novela gráfica y a los fans del tebeo español. Ha gustado el aplomo con que se ha hecho esta edición, que es mérito de Norma. He visto sonrisas de placer, porque alguien se atreve a coger la Guerra Civil por los cuernos y dejar el victimismo y el lloriqueo, y hacer un pulp fiction del conflicto y un gran entretenimiento. El libro recopila las 22 Hazañas Bélica s que salieron en 2012 y dos nuevas. Obviamente, si tuviera mucho éxito, estaría encantado de hacer nuevas hazañas, por ejemplo, con la ilustradora de manga Irene Roga o con Purita Campos.