Diario de León

ENTREVISTA

Juan Aparicio Belmonte: "Escribir es lanzarse al vacío, pero tengo la certeza de que, si sigo, se abrirá el paracídas"

El humor, en la mejor tradición de la literatura británica, es su marca de autor. El escritor, recién galardonado, usa la ironía para revelar la amargura con un estilo que rompe los géneros

El escritor Juan Aparicio Belmonte.

El escritor Juan Aparicio Belmonte.ELENA PALACIOS

Publicado por
Cristina Fanjul
León

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Dos hombres, Marcos y Luis, un local de copas, una pasión por el ajedrez online. Llegan a la cita dos mujeres: Paloma y Roxana. Todos en los 40 y con un pasado amoroso inestable. Puede que en ese grupo haya dos parejas, o puede que las parejas no sean las que parecen. Es difícil tener segura la identidad en los tiempos de Internet y las aplicaciones en las que inscribirse bajo una apariencia falsa. Juan Aparicio Belmonte es el autor de Cuatro esquinas, la obra que acaba de adjudicarse el premio El Espectáculo Teatral. Organizado por Ediciones Irreverentes, su autor la califica de comedia irónica cercana al absurdo. Autor de numerosas novelas —la última ha sido Pensilvania— Juan Aparicio Belmonte confiesa que cuando empieza una novela, sabe que se abrirá el paracaídas.

—Explíqueme el meollo de la obra

— Cuatro personajes, dos hombres y dos mujeres, en la cuarentena, que tienen en común la experiencia del fracaso. Se reúnen regularmente para hablar de literatura, pero en uno de esos encuentros surgen ciertos malentendidos que se desentrañan y se solucionan y que, a la vez, generan nuevos conflictos. En definitiva es una obra de humor para hablar de temas como l amor, el fracaso o la amistad.

— El sentido del humor es una de las claves de su trayectoria, una ironía que usa como vehículo que invita a la reflexión. ¿Es tu manera de relacionarte también con el mundo para defenderte de él?

— Pues no sé si para defenderme, pero sí para pasar el rato. Es como me divierte escribir, vaya. Y desde luego en esta obra es así desde el principio porque en las novelas intento comenzar con más seriedad para ir dejándome llevar poco a poco por el humor porque es lo que me sale. Sin embargo, en esta ocasión pretendía hacer una obra de teatro cómica, de enredos sentimentales, pero con el trasfondo de reflexiones filosóficas a través de conversaciones coloquiales.

— ¿Cómo cuáles?

— Hay como un subtexto reflexivo sobre el fracaso, el amor, el paso del tiempo, pero bueno, todo en realidad a partir de diálogos que parecen hablar de otras cosas. Salvando todas las distancias, es algo similar a los diálogos de Woody Allen, Javier Poncela, o Miguel Mihura.

— Tengo que decir que a los 40 años es aún muy pronto para hablar de fracaso. A esa edad todavía te crees que puedes conseguir algo en la vida. Luego ya llegas a los 50 y te das cuenta de cuál es el argumento que interpretas.

— Están en un momento crítico, donde parece que ya han completado lo esencial de sus vidas, pero en realidad todavía les queda mucho por delante. Digamos que creen que ya han terminado muchas cosas, pero, sin embargo, están metidos en un momento crucial de sus vidas y esa combinación es la que genera el desequilibrio que se forma entre ellos. Además, son cuatro amigos, pero surgen relaciones un poco más profundas que permanecen ocultas y que son las que provocan problemas.

— ¿Por qué lo tituló Las cuatro esquinas?

— Por dos razones. Para empezar porque los cuatro quedan a leer novelas que luego comentan, son como un grupo de lectores. En este caso la que han elegido es Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa. Así que hay un juego entre los cuatro personajes, que se comportan como cuatro esquinas porque, si bien están juntos y parece que durante la obra acerquen posturas, finalmente cada uno permanece en su sitio. El título responde, por un lado, a la novela que ellos leen y, por otro, a la forma de relacionarse entre ellos.

— ¿Es una quimera vivir de la literatura?

— La verdad es que he llegado a una edad en la que me dejo llevar por las cosas que hay y asumo lo que hay. No sé si estoy bien, mal valorado, quiero decir, para mucha gente estoy muy bien valorado y yo podría pensar otra cosa, pero tampoco me paro a pensarlo mucho. Lo que me interesa es poder seguir haciendo cosas. Por ejemplo, ahora el siguiente paso es representar la obra y eso me genera bastante ilusión. Pero en el caso de la novela y de la literatura... verá creo que está condenada a muerte. Le veo poco futuro. A ver, una cosa son los libros como forma de ocio y otra la literatura. Y, en ese sentido, yo formo parte de la gente que lo tiene crudo. Además, el mundillo literario español ha cambiado mucho. Ahora muy pocos venden muchísimo y la gran mayoría apenas lo hace.

— Pero es una tristeza porque leer modela el pensamiento. Y estamos modelando un pensamiento que da bastante miedo. Usted me contaba que ahora empieza el proceso para representar la obra. ¿Cuándo la escribía tenía en mente el escenario?

— Tenía claro que quería facilitar la tarea para su representación y por eso la obra tiene un único escenario, que es la terraza de un bar, y solo cuatro personajes. Fui práctico en ese sentido. O sea, partía con unos condicionamientos tendentes a que se pudiera representar de la manera más fácil posible. Cuando escribo novela hago lo que me da la gana, pero aquí no me dejé llevar y me puse limitaciones pensando en lo material y en lo práctico. Y luego no sé si eso significará nada, porque luego es verdad que si encuentras un buen director de escena, todo eso queda en segundo plano.

— Me recuerda a las obras de Yasmine Reza, sobre todo Un dios salvaje. Creo que cuanto más simple es el escenario, más carga literaria tiene.

— No aspiro a que Las cuatro esquinas cambie ninguna conciencia. Digamos que traté de hacer una obra de teatro humorística e irónica con algo del absurdo y que a mí me ha divertido bastante.

— ¿Ha escrito alguna novela desde Pensilvania?

— Tengo una novela muy avanzada y he empezado otra. En cualquier caso, el esfuerzo que requiere una novela es superior al esfuerzo que requiere cualquier obra de teatro, cualquier guion, lo que quieras. Mire, el esfuerzo que requiere escribir una novela luego obtiene un premio tan escaso que a medida que uno cumple años le pone menos entusiasmo. Pero bueno, uno ya está metido en eso y claro, sigo por ahí. Es verdad que a veces me entran unos acelerones tremendos. De pronto veo un camino y termino antes de lo que pensaba. Nunca se sabe, pero bueno. También tengo novelas por ahí que no...

—Que no ha publicado.

— Que no han encontrado editor. No.

— El mundo editorial es un poco madrastra ¿verdad?

— Una desventaja que tiene el novelista frente a cualquier otro artista es que alguien tiene que emplear un tiempo bastante largo para saber si interesa o no. Sin embargo, para saber cómo es un pintor basta con que te pongan una foto un segundo y a un músico se le descubre con quince segundos de su composición. Además, en el mundillo literario los escritores muchas veces están llenos de prejuicios sobre sus colegas porque en realidad no los han leído. Leen las entrevistas que hacen y en las entrevistas los escritores decimos muchas tonterías, muchos lugares comunes porque es que no hay mucha más cosa que decir. Y entonces, pues claro, los novelistas somos desconocidos unos para otros. Así que para optar por leer una novela frente a otra tienes que decantarte por esa novela porque te cae bien el escritor, por ejemplo, pero si el escritor no tiene proyección en los medios, pues nunca te vas a decantar. Es decir, la obra no habla por sí misma. Si no se valora, no se podrá defender. Kurt Cobain no necesitaba ser simpático para vender Smells Like Teen Spirit, simplemente sonaba la canción y si te gusta es estupendo. Por eso las editoriales buscan a estos presentadores de televisión, personajes que ya caen bien a la gente por lo que resulta fácil ir y comprar su novela. Eso también va en contra del escritor.

—Lleva más de 20 años dedicado a la literatura. ¿Hay algo de lo que tenga alguna certeza cuando comienza a escribir?

—Hay cosas que sabes que te van a funcionar, pero luego, cada vez que te pones a escribir es lo de siempre, no sé qué voy a hacer. Sé que ahora escribo mejor la calidad de párrafo, tengo, o eso creo, más dominio de la lengua. Pero la estructura narrativa de la novela... me ataca la misma perplejidad de decir ¡Joder! Pero ¿Cómo conseguí hacer esto? Lo que pasa es que como sabes que ya has hecho unas cuantas novelas antes, persistes y si insistes en el camino al final la acabas sacando la novela. Pero no porque tengas trucos ni patrones. De hecho, hace poco leía las memorias de Isaac Asimov. Decía que los grandes ajedrecistas funcionaban por patrones y que era así como él manejaba sus novelas. Pues yo, jamás he encontrado esos patrones en mis novelas. Yo no entiendo eso, con lo cual cada vez que escribes una obra es como lanzarse otra vez al vacío. Eso sí, tengo la certeza de que si sigo se abrirá el paracaídas.

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