La comuna de presos de la MSP

La guerra civil española dejó un país lleno de muertos y en la miseria. Las necesidades impuestas por la autarquía llevaron al régimen a poner en marcha un sistema de redención de penas para que los presos políticos trabajaran en la reconstrucción del país. Cientos de ellos lo hicieron en las minas de Orallo y de Laciana. Sus historias se habían perdido hasta ahora...

Imagen de los presos a la espera del rancho.XEITU

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Cristina Fanjul
León

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Juan Solaun Martínez era barbero. Cuando terminó la guerra fue detenido. Puede que fuera uno de los miles que esperó en el muelle de Alicante a que los barcos prometidos le condujeran hacia el exilio. Puede que, como a tantos les ocurrió, le comiera la desesperanza al comprobar el olvido de las potencias liberales europeas; puede que él, también, pensara en lanzarse al mar... o la nada. El legajo que certifica su existencia no cuenta si pasó por el campo de los Almendros, o por Albatera. Sólo dice que fue el hijo de Luis y de Ascensión, que tenía instrucción — sabía leer y escribir— y antes de la guerra no había tenido antecedentes penales. Condenado por adhesión a la rebelión, sería sentenciado a 20 años y un día de reclusión y enviado a Villaseca de Laciana. Allí trabajaría desde 1942 en el destacamento penitenciario, como reo de la Comisión para la Redención de Penas, la organización del padre Pío que prometía que a la libertad se llegaba a través del trabajo. La breve historia de Juan es una de las que reúne la investigación Esclavos del carbón. Los destacamentos penales mineros de Orallo y Villaseca de Laciana, editado por Xeitu. Este libro, que se completa con una exposición, es una obra conjunta de Wenceslao Fernández Oblanca, Ángel Gancedo, Javier Molina y Beatriz Lozano Encina, que ha realizado las ilustraciones. La obra, que saca a la luz, imágenes y documentos inéditos, recupera la memoria de los 245 presos que convivieron en dos edificios convertidos, en los peores años de la represión y miseria, en lugares de reclusión para mineros condenados a prisión o presos obligados a ser mineros, los que se convirtieron en esclavos del carbón.

Destaca Víctor del Reguero que el decreto 281 de 28 de mayo de 1937 organizó el sistema penitenciario al conceder a los prisioneros de guerra y presos políticos «derecho al trabajo», que pasaba a entenderse como una obligación. Un año después, el Ministerio de Justicia creaba el sistema de redención de penas por el trabajo. Entre las diferentes modalidades de trabajo estuvieron los destacamentos penales. Gestionados por el patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, grupos de presos eran concedidos a las empresas que los solicitaban, trabajando en un régimen de semilibertad. Según las cifras oficiales, hubo 200 destacamentos en toda España. En León hay constancia de cuatro en las minas de carbón: Minas Moro y Minas del Bierzo, otro en matarrosa del Sil de la empresa Antracitas de Gaizterro, y dos en Laciana, de MSP.

Imagen de tres presos en el pazo Calderón. XEITU

Y es que la desolación, la miseria, la muerte y el exilio habían dejado una España diezmada. Estudios basados en evoluciones demográficas, cifran en 540.000 la sobremortalidad de los años de la Guerra Civil y la inmediata posguerra, y en 576.000 la caída de la natalidad.? La estimación de víctimas mortales en la guerra civil española consecuencia de la represión puede cifrarse en 200.000 personas. De ellas, se calcula en unas 50.000 las asesinadas en la retaguardia de la zona republicana,y en cien mil las asesinadas en la retaguardia de la zona sublevada. A todas ellas, hay que añadir alrededor de 50.000 ejecuciones en la represión franquista que siguió a la Guerra Civil. Se necesitaba, por lo tanto, mano de obra que hiciera posible iniciar el camino de recuperación.

Imagen de la portada del libro.xeitu

El acta de la sesión celebrada por el Consejo de Administración de MSP del 26 de junio de 1941 es muy reveladora de las intenciones de la empresa y la situación . Los consejeros dejaron por escrito que las explotaciones mineras pasaban por «un ritmo descendente» a consecuencia de la ausencia «costante de personal obrero». Las razones eran dos. En primer lugar, la falta de alimentos, en segundo al desplazamiento de los mineros «al campo» y al hecho de que los chamiceros —»cuya sitación legal tratamos de impedir»— pagaban mejor a los obreros y «logran retirarlos de nuestras explotaciones. Es en esa misma sesión cuando se informa de que estaban maniobrandopara llevar un un batallón de trabajadores... Y es que el carbón fue el único combustible fósil propio en España y, por lo tanto, la manera de lograr el abastecimiento energético propio de la autarquía por el aislamiento internacional.

Imagen del Patronato de Redención de PenasXEITU

El trabajo es inédito puesto que casi nada o nada se conocía hasta el momento de cómo habían sido estas colonias penitenciarias. Además, por primera vez se publican las imágenes, las fichas y la filiación de todos los que fueron utilizados como obreros de las empresas españolas.

La investigación destapa que fueron las prisiones de Ponferrada, León y Astorga las que recibían a los reclusos antes de que fueran entregados a la Guardia Civil para su traslado a los destacamentos. Fueron 245 rostros los que quedaron en las fichas policiales y que han llegado hasta hoy gracias a la máquina del tiempo de los archivos. En su mayoría procedían de León y Asturias, pero los había que llegaron de Alicante, de Santander, de Lugo, de Murcia o de Badajoz y todos penaban por cuestiones políticas: «Participar en la oposición a la sublevación, formar parte de organizaciones políticas o sindicales republicanas o de izquierdas o haberse enrolado en grupos de milicianos o batallones del Ejército Popular Republicano durente la guerra».

Documento con los nombres de algunos de los penadosXEITU

Situación familiar

Un alto porcentaje de reclusos estaba casado y tenía familia numerosa. La más extensa que se conoce es la de Eloy Fuente Villalba, minero condenado en 1940, en Santander y padre de ocho hijos. Otros presos, como Ignacio Fernández, Sabino González, Isidro Porras o José Álvarez de Lama, eran padres de seis hijos, mientras que Valeriano Ambrinos, Onofre García, Segundo Gancedo o Juan Martínez tenían cinco. «El acercamiento de esas familias y su presencia en las inmediaciones de los destacamentos penales deben ser vistos no solo como una forma de estar cerca de los reclusos sino de conservar la unidad familiar». Sin embargo, el contacto con los familiares era mínimo. De lunes a sábado, los reclusos bajaban a la mina durante buena parte del día. Era los domingos cuando podían recibir la visita de sus familiares y compartir alguna actividad de ocio. De hecho, hay testimonio gráfico de un equipo de fútbol formado por reclusos de Orallo.

Dibujo del destacamento penal de OralloXEITU

La relación del vecindario de los pueblos con los reclusos fue muy cercana a lo largo del tiempo. De esa relación llegaron a surgir en Orallo cinco bodas entre reclusos y mujeres (varias de ellas de familias represaliadas) que tuvieron lugar entre junio y octubre de 1944, aún cuando varios aún cumplían condena...

Esclavos del carbón. Los destacamentos penales de Orallo y Villaseca de Laciana ha logrado recrear casi desde la nada los barracones en los que vivieron los presos durante los años de trabajos forzados. La arquitecta Beatriz Lozano es la autora de las ilustraciones de uno y otro edificio, así como de los planos de ubicación, que ha hecho a partir de las imágenes del «vuelo americano» de 1945 y 1946, así como de un minoscioso estudio en el que ha tratado de dar la mayor fiabilidad al aspecto que ambos edificios tenían en esa época.

Imagen de la carta de un preso que pide la libertad condicional. xeitu

En el caso de Orallo, la conservación del edificio prácticamente sin modificaciones y la existencia de algunas fotografías que aportan una gran información, facilitaron la tarea. Sin embargo, en el caso del inmueble de Villaseca de Laciana, el hecho de haber sido demolido y no disponer prácticamente de información gráfica, el propósito era más difícil. A pesar de ello, partiendo de esas escasas imágenes pudo elaborar una ilustración que sitúa el edificio en su contexto y recupera el aspecto que tenía, y, gracias a la existencia en el Archivo del Club Xeitu de otra imagen en la que en segundo plano se aprecia una de las garitas de vigilancia, esta pudo situarse en el lugar que ocupó.

Los presos juegan a los bolos el día de descansoXEITU

La exposición, cuyo próximo destino será el Museo de la Minería y la Siderurgia de Sabero, muestra la maqueta del edificio que albergó el destacamento penal de Orallo. Este inmueble, construido entre 1934 y 1936 por la familia Barrero González, fuertemente represaliada, sería utilizado durante tres años (1941-1944) como destacamento penal por la empresa MSP, que llegó a albergar en él más de 100 presos. La maqueta ha sido elaborada por el estudio MM.

Juan Solaun Martínez era barbero. Cuando terminó la guerra fue detenido. Puede que fuera uno de los miles que esperó en el muelle de Alicante a que los barcos prometidos le condujeran hacia el exilio. Puede que, como a tantos les ocurrió, le comiera la desesperanza al comprobar el olvido de las potencias liberales europeas; puede que él, también, pensara en lanzarse al mar... o a la nada. El legajo que certifica su existencia no cuenta si pasó por el campo de los Almendros, o por Albatera. Solo dice que fue el hijo de Luis y de Ascensión, que tenía instrucción — sabía leer y escribir— y antes de la guerra no había tenido antecedentes penales. Condenado por adhesión a la rebelión, sería condenado a 20 años y un día de reclusión y enviado a Villaseca de Laciana. Allí trabajaría desde 1942 a 1959 en el destacamento penitenciario, como reo de la Comisión para la Redención de Penas, la organización del padre Pío que prometía que a la libertad se llegaba a través del trabajo. La breve historia de Juan es una de las que reúne la investigación Esclavos del carbón. Los destacamentos penales mineros de Orallo y Villaseca de Laciana, editado por Xeitu. Este libro, que se completa con una exposición, es una obra conjunta de Víctor del Reguero, autor de los textos, Wenceslao Fernández Oblanca, Ángel Gancedo, Javier Molina y Beatriz Lozano Encina, que ha realizado las ilustraciones. La obra, que saca a la luz, imágenes y documentos inéditos, recupera la memoria de los 245 presos que convivieron en dos edificios convertidos, en los peores años de la represión y miseria, en lugares de reclusión para mineros condenados a prisión o presos obligados a ser mineros. Fueron los conocidos como esclavos del carbón.

Destaca Víctor del Reguero que el decreto 281 de 28 de mayo de 1937 organizó el sistema penitenciario al conceder a los prisioneros de guerra y presos políticos «derecho al trabajo», que pasaba a entenderse como una obligación. Un año después, el Ministerio de Justicia creaba el sistema de redención de penas por el trabajo. Entre las diferentes modalidades de trabajo estuvieron los destacamentos penales. Gestionados por el patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, grupos de presos eran 'donados' a las empresas que los solicitaban, trabajando en un régimen de semilibertad. Según las cifras oficiales, hubo 200 destacamentos en toda España. En León hay constancia de cuatro en las minas de carbón: Minas Moro y Minas del Bierzo, otro en Matarrosa del Sil de la empresa Antracitas de Gaiztarro, y dos en Laciana, de MSP.

El propio Francisco Franco dejaba clara la vocación del proyecto. «Yo entiendo que hay en el caso presente de España, dos tipos de delincuentes, los que llamaríamos criminales empedernidos, sin posible redención dentro del orden humano, y los capaces de sincero arrepentimiento, los redimibles, los adaptables a la vida social del patriotismo. En cuanto a los primeros, no deben retornar a la sociedad; que expíen sus culpas alejados de ella, como acontece en todo el mundo con esa clase de criminales. Respecto a lo segundo, es obligación nuestra disponer las cosas de suerte que hagamos posible su redención. ¿Cómo? Por medio del trabajo».

La desolación, la miseria, la muerte y el exilio habían dejado una España diezmada. Estudios basados en evoluciones demográficas, cifran en 540.000 la sobremortalidad de los años de la Guerra Civil y la inmediata posguerra, y en 576.000 la caída de la natalidad.? La estimación de víctimas mortales en la guerra civil española consecuencia de la represión puede cifrarse en 200.000 personas. De ellas, se calcula en unas 50.000 las asesinadas en la retaguardia de la zona republicana,y en cien mil las asesinadas en la de la zona sublevada. A todas ellas, hay que añadir alrededor de 50.000 ejecuciones durante la represión franquista que siguió a la Guerra Civil. Se necesitaba, por lo tanto, mano de obra que hiciera posible iniciar el camino de recuperación.

El acta de la sesión celebrada por el Consejo de Administración de MSP del 26 de junio de 1941 es muy reveladora de las intenciones de la empresa y la situación. Los consejeros dejaron por escrito que las explotaciones mineras pasaban por «un ritmo descendente» a consecuencia de la ausencia «constante de personal obrero». Las razones eran dos. En primer lugar, la falta de alimentos, en segundo al desplazamiento de los mineros «al campo» y al hecho de que los chamiceros —"cuya situación legal tratamos de impedir»— pagaban mejor a los obreros y «logran retirarlos de nuestras explotaciones. Es en esa misma sesión cuando se informa de que ya maniobraban para llevar un batallón de trabajadores... Y es que el carbón fue el único combustible fósil de España y, por lo tanto, la manera de lograr el abastecimiento energético propio de la autarquía provocado a causa del aislamiento internacional.

El trabajo es inédito puesto que casi nada o nada se conocía hasta el momento de cómo habían sido estas colonias penitenciarias. Además, por primera vez se publican las imágenes, las fichas y la filiación de todos los que fueron utilizados como obreros de las empresas españolas.

La investigación destapa que fueron las prisiones de Ponferrada, León y Astorga las que recibían a los reclusos antes de que fueran entregados a la Guardia Civil para su traslado a los destacamentos. Fueron 245 rostros los que quedaron en las fichas policiales y que han llegado hasta hoy gracias a la máquina del tiempo de los archivos. En su mayoría procedían de León y Asturias, pero los había que llegaron de Alicante, de Santander, de Lugo, de Murcia o de Badajoz y todos penaban por cuestiones políticas: «Participar en la oposición a la sublevación, formar parte de organizaciones políticas o sindicales republicanas o de izquierdas o haberse enrolado en grupos de milicianos o batallones del Ejército Popular Republicano durante la guerra».

Situación familiar

Un alto porcentaje de reclusos estaba casado y tenía familia numerosa. La más extensa que se conoce es la de Eloy Fuente Villalba, minero condenado en 1940 en Santander y padre de ocho hijos. Otros presos, como Ignacio Fernández, Sabino González, Isidro Porras o José Álvarez de Lama, eran padres de seis, mientras que Valeriano Ambrinos, Onofre García, Segundo Gancedo o Juan Martínez tenían cinco. «El acercamiento de esas familias y su presencia en las inmediaciones de los destacamentos penales deben ser vistos no solo como una forma de estar cerca de los reclusos, sino de conservar la unidad familiar». Sin embargo, el contacto con los familiares era mínimo. De lunes a sábado, los reclusos bajaban a la mina durante buena parte del día. Era los domingos cuando podían recibir la visita de sus familiares y compartir alguna actividad de ocio. De hecho, hay testimonio gráfico de un equipo de fútbol formado por reclusos de Orallo.

Imagen del preso Virgilio García RiescoXEITU

La relación del vecindario de los pueblos con los reclusos fue muy cercana a lo largo del tiempo. De esa relación llegaron a surgir en Orallo cinco bodas entre reclusos y mujeres (varias de ellas de familias represaliadas) que tuvieron lugar entre junio y octubre de 1944, aún cuando varios aún cumplían condena...

Si bien los autores dejan claro que no conocen detalles de la vida laboral de los reclusos, saben que el grueso de ellos trabajó en las categorías mineras del interior, desde picadores y sus ayudantes, a barrenistas, vagoneros, caballistas o peones. «Sabemos que sus jornales fueron los mismos que los del resto de trabajadores de la empresa, sin variar en el periodo de tres años que permanecieron en activo los destacamentos. En términos generales, estuvieron dentro de los salarios mínimos establecidos oficialmente para las minas de la provincia», subrayan. A modo de ejemplo, el jornal de un picador era de 9,50 pesetas, el de un caballista, de 9 y el de un vagonero, de 8 pesetas. Las empresas abonaban al Estado los jornales y era este el que pagaba a los presos las cantidades fijadas para alimentación, que en 1941, era de 1,70 pesetas diarias. Además, en concepto de asignación familiar se entregaban dos pesetas «para la esposa legítima» y una peseta por cada hijo menor de 15 años hasta el límite del jornal completo.

Acta del consejo de administración en la que se decide solicitar presos para que trabajen en las minas de LacianaXEITU

Su vida cotidiana consistía en el trabajo en la mina, de lunes a sábado. Lo hacían en el relevo de mañana y regresaban entre las cinco o las seis de la tarde. Los reclusos de Orallo acudían a trabajar al grupo minero del mismo nombre. Por su parte, los del destacamento de Villaseca de Laciana lo hacían en el grupo Carrasconte, el más importante de la época. «En este, trabajaban en el piso 1º, cuya bocamina enlazaba con las tolvas del cargadero general por medio de un ramal de vía estrecha, y también lo hacían en estas instalaciones conocidas como el cargue».

Acortamiento de condenas

La relación entre el trabajo realizado y el descenso de las condenas fue variando con el tiempo. La equivalencia de un día de pena redimido por cada dos trabajos evolucionó con la consideración de otros factores como las horas extraordinarias o el trabajo a destajo. El día de Nuestra Señora de la Merced, 23 de septiembre, se concedían días extraordinarios. «Así se llegó a la equiparación de que 1 día de trabajo supusiera reducir seis de condena. Hubo también sucesivos indultos, revisiones de sentencias y medidas de gracia que hicieron que a partir de 1943, se concediera de manera masiva la libertad».

Esclavos del carbón. Los destacamentos penales de Orallo y Villaseca de Laciana ha logrado recrear casi desde la nada los barracones en los que vivieron los presos durante los años de trabajos forzados. La arquitecta Beatriz Lozano es la autora de las ilustraciones de uno y otro edificio, así como de los planos de ubicación, que ha hecho a partir de las imágenes del «vuelo americano» de 1945 y 1946, así como de un minucioso estudio en el que ha tratado de dar la mayor fiabilidad al aspecto que ambos edificios tenían en esa época.

En el caso de Orallo, la conservación del edificio prácticamente sin modificaciones y la existencia de algunas fotografías que aportan una gran información, facilitaron la tarea. Sin embargo, en el caso del inmueble de Villaseca de Laciana el propósito era más difícil debido a que había sido demolido y no se conservó información gráfica. A pesar de ello, partiendo de esas escasas imágenes la arquitecta pudo elaborar una ilustración que sitúa el edificio en su contexto y recupera el aspecto que tenía. Además, gracias a la existencia en el Archivo del Club Xeitu de otra imagen en la que en segundo plano se aprecia una de las garitas de vigilancia, esta pudo situarse en el lugar que ocupó.

La exposición, cuyo próximo destino será el Museo de la Minería y la Siderurgia de Sabero, muestra la maqueta del edificio que albergó el destacamento penal de Orallo. Este inmueble, construido entre 1934 y 1936 por la familia Barrero González, fuertemente represaliada, sería utilizado durante tres años (1941-1944) como destacamento penal por la empresa MSP, que llegó a albergar en él más de 100 presos. La maqueta ha sido elaborada por el estudio MM.

El testimonio de un preso

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Paulino Rodríguez Iglesias, miembro del SOMA y el PSOE, minero y alcalde de San Martín Aurelio en 1937, fue condenado y encarcelado. Su testimonio da fe de las condiciones en las que vivieron los presos de Orallo: «En la estación de Oviedo nos metieron en un furgón, de los que destinaban al transporte de ganado, lo precintaron y lo engancharon en un tren de mercancías. Llegamos a la estación de León hacia la medianoche y dos parejas de la Guardia Civil se hicieron cargo de nosotros. (...) Como éramos presos de tránsito no nos mezclaron con los otros presos y nos metieron en una pocilga donde se veía correr por las paredes los piojos y las chinches. Así estuvimos quince días hasta que un oficial nos llevó a los improvisados barracones de Orallo. Los que éramos mineros no nos fue difícil superar el sueldo estipulado y así pude aliviar la situación económica de mis hijos y de la mía propia, pero los que no lo eran fueron devueltos a la cárcel de procedencia.