Víctor M. Díez': A un amanecer, otro crepúsculo'

Víctor M. Díez con su nuevo libro 'A un amanecer, otro crepúsculo'.
Hay imágenes que sugieren otro tiempo. O lo esconden. Es Víctor M. Díez, ¿el poeta?, preguntan. Es en parte el poeta pero es que tiene muchas partes, ahí sentado, el poeta, en una terraza al frío de León. Es un bluesman sin música o con música con mucha letra de alguien en quien todas sus palabras conducen al escenario. Por eso van saliendo capas creativas de algo transversal y temporal. Y puede que detrás del tiempo que ha pasado haya habido un joven reivindicativo, en el símil musical, un rockero revolucionario que no lo fue porque el verso caló hondo en su forma de contar y, entre las miles de cosas que ha hecho, que son para enumerar, siempre la poesía ha sido su fuego creativo, mitad refugio mitad incendio. No es que haya bajado los brazos en ese sentido, pero este Víctor M. Díez, reflexivo bañado de escepticismo, opta por la mirada serena para no interpretar más papeles que los que le caigan en el escenario. Todo demostrado en todo por demostrar, también como actitud. Hay en la mesa de esa terraza en la que espera Víctor M. Díez un libro. El próximo jueves 27 de marzo, a las 20.30 horas, en el Teatro El Albéitar, presenta A un amanecer, otro crepúsculo, su poesía reunida, editada por la Editorial Dilema. Será una presentación marca de la casa, con un espectáculo poético-musical, en compañía de Sin Red, Rodrigo Martínez y Angela Davis. El libro lleva prólogo de Antonio Marcos y epílogo de Miguel Casado. Nada ha empezado y nada ha acabado. Como dice en un poema: Hable quien hable, se enredan las voces. / Superposición en la escritura de las bocas. / Una enramada en el paisaje: digo, dice, dije... / Como abanico ... Somos tú, yo, y aquel / que llega será.
A un amanecer, otro crepúsculo impone de ganas. Son más de 800 páginas que hubo que ajustar mucho para poner un límite porque resulta que en estas décadas, como se sabía, Víctor M. Díez había escrito mucho. Lo que pasa es que como sus otras actividades también han tenido su repercusión podría haber parecido menos. Pero vaya por delante que no cabe más en este libro, que parece dedicado a esa inmensa minoría de lectores de poesía. Y dice Díez en resumen popular y con retranca: «Está empacao. Uno va haciendo libros pequeños y de repente aparece esto. Y, dice: parecía que no trabajaba, cabrones. Bueno, uno tiene sus ritmos y aquí está todo». La idea surge, según cuenta, de la editorial Dilema y su colección de poesía reunida, uno de sus platos fuertes en donde la presentación, encuadernación y edición está a máximo nivel. «Es un catálogo muy interesente: Por cierto, de aquí de León están Tomás Sánchez Santiago e Ildefonso Rodríguez. En mi caso, recoge libros que has ido publicando en muchas editoriales. Algunas desaparecidas. De repente está bien verlo».
Queda así este banquete poético para leer y releer a Víctor M. Díez y de alguna manera a medida de que se lee retrotraerse en su vida de activista cultural, que es la de alguien con un pie en el escenario y otro en el folio en blanco o la libreta, que, como él mismo confiesa, es muy de apuntar y escribir en muchos lugares. Tal vez, con poco tiempo para leerse, a diferencia de esta vez, que por exigencias del propio libro tuvo que sumergirse en su literatura. «Claro, claro. Esto debería ser obligatorio para todos los poetas. Cuando uno escribe tiene que leerse todas las veces que haga falta, corregir y demás. Pero lo normal es que no te estés leyendo a ti mismo constamente. Había libros que estaban lejísimos de mi. Y claro que descubres algunas cosas. Cuando te repites, cuando te contradices. Descubres que tus poemas a veces hablan entre ellos a tus espaldas. Esa vida propia de los poemas y la lectura que tú descubres como lector porque ya te habías alejado», relata.
Es un trabajo por tanto en el que el resultado brillante final, que salta a vista y la lectura, tiene un proceso interesante, que sería el de remover el hecho poético del escritor, en este caso el de Díez. «También ves cosas que en su momento no habías visto. O descubres que lo que se apuntaba luego se iba cumpliendo», dice, y añade: «Por eso te decía, me gusta decir, que esto de la poesía reunida es como poesía atropada. La atropas y la empacas y así a pasar otros 30 años». Que en este caso no sería poesía seca, porque revive ahora en ese libro amarillo, por cierto.
En Víctor M. Díez, eso también, convive este poeta con otros muchos víctores que se cuelan entre ellos para lo que puede ser un artista de muchas aristas. «Mi vinculación con lo escénico es fundamental. Por eso la presentación la quiero hacer con músicos. Porque creo que eso me define. Además de mi trabajo como escritor, siempre he estado relacionado con lo escénico, con lo teatral, con lo musical. Me siento más cercano a ese mundo que al mundo literario. Yo ahí es donde siento que está mi ámbito», remarca, y es entonces cuando se demuestra la convivencia activa de sus diferentes facetas. «Me gusta esta idea de que cuando escribo mi poesía, la escribro a pie de un escenario. Siempre hay algo ahí de creación de un mundo de representación, de poner en escena».
En su caso, por tanto, no hay esa necesidad actual, en la que a los autores casi les preguntan antes si tienen Tiktok que si el libro está bien o mal. En este autor leonés, lo del valor añadido del impacto narrativo ya estaba. «Mi primera lectura poética fue en el salón Los Vientos. Fíjate dónde queda eso... Era un sitio en la parte de arriba del Emperador. Era una sala de la sección femenina que pasó a ser un espacio cultural. Yo ahí ya fui con un bajista. Luego en colectivos como Sin red estuvimos por toda Europa, en Alemania, Rumanía, Inglaterra, Suiza... Estuvimos en Brasil. Yo ahí ya jugaba con mis poemas de forma musical. Teníamos un público concreto, de una escena improvisatoria que había en Europa».
Es decir, que se llega del poeta al artista en un conversación en la que hay ausencia de impostación. «Me hubiera gustado ser mejor actor», sorprende, de repente, como si aún quedaran capas por madurar ahora que lo concreto es A un amanecer, otro crepúsculo. Ser otro, por tanto, parece que también sería parte del juego de este poeta. Como también conjuga sin querer la apariencia dura de un hombre sensible, todo se andará. Pero lo que no es extraño es que en su poesía esté su adn creativo.