Diario de León

El teatro que surgió del frío: León en la dramaturgia contemporánea

Fermín Cabal, leonés y dramaturgo fundamental español.

Fermín Cabal, leonés y dramaturgo fundamental español.MAURICIO PEÑA

Pacho Rodríguez
LEÓN

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La clausura de Titirimundi reavivó una luz que se sentía pero que invitaba de inmediato al rescate de nombres fundamentales de la cultura leonesa. Una operación que desde la literatura desemboque en el teatro. Nada difícil de explicar porque ya puede decirse que cuando las esperanzas culturales se desvanezcan en manos de las pantallas invisibles el teatro sobrevivirá. Como la radio o la prensa verdadera. Una justicia poética en la que los hermanos pequeños de la vanguardia de la comunicación visual, oral, cierta o ficticia serán los que vivirán para contarla. La mala salud de hierro del teatro es la clave para que en estos tiempos, en cualquier ciudad de España, en cualquier capital del mundo, habrá alguien dispuesto a subirse a un escenario y un grupo numeroso de la inmensa minoría, a sentarle a verle y escucharlo. Pero detrás de todo está el texto, el libreto, la obra de teatro. En definitiva, uno de los más sublimes actos literarios, que sería el de escribir para que alguien represente el texto contenido. Antígona, Ñaque, Esperpento son algunas editoriales especializadas en este género. O como la Yorick famosa librería madrileña de sólo teatro pero sin caer ni en extremismos o histerismos que conduzcan solo a pegarse un tiro en el pie. La clausura de Titirimundi fue entonces el levantar del telón del teatro con nombre leonés. Cuando las reseñas decían Titirimundi es el Festival Internacional de Teatro de Títeres de Segovia, un proyecto creado en 1985 por el leonés Julio Michel, actor, titiritero y figura fundamental en la historia del teatro de marionetas en España... Era autor también pero la historia le tiene reservado un lugar estelar por este Titirimundi que, además, en la extensión de su éxito llega a ciudades como León en representaciones durante una semana. Y todo esto lleva a muchos nombres, con mayor o menor éxito y mayor o menor relevancia que en algún momento, siempre vinculados a la creación cultural, se han sentado ante el amado folio en blanco. Amado porque en el mundo del teatro hay un espíritu creativo altamente bullicioso. Unan a este Michel a Fermín Cabal Riera, a Armando Llamas, Fernando Urdiales, al gran Kike... O actuales como Víctor M. Díez, Marcos Castro, Víctor Suárez Saa... De alguna forma, todos forman parte de esta constelación de estrellas en las tablas que adaptaron textos y los convirtieron en su gran canal de expresión, porque el teatro acepta a todo el que tenga algo que contar. Incursiones como las realizadas por Nicanor Cardeñosa y su Mercado inmobiliario; Emilio Miguélez, El cepo y El emparedado; o Silvia Zayas en El mientras del teatro, tal y como rescataba en este periódico Cristina Fanjul. Es así el elogio al teatro que parte de esa celebración iniciática que es Titirimundi y que inventó el leonés Julio Michel.

Julio Michel (San Martín de Valdetuéjar, 24 de noviembre de 1946–Barcelona, 23 de junio de 2017) comienza su aprendizaje con Lola Atance. En 1975 ambos crean la compañía de títeres Libélula y emprenden viaje a Madrid donde se relacionan con el llamado el Teatro Independiente. Estrenan en 1978 su lorquiano Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. De París se trae también la amistad con Amancio Prada. De su mano llega a a Segovia en 1985. Ahí organiza el I Festival Internacional de Títeres y Marionetas, que luego se llamará Titirimundi. Cristobita, montaje estrella de Michel, fue representado este año en Titirimundi, en su honor y como conmemoración de haber sido cofundador de esta gran marca cultural del espectáculo de calle.

Fermín Cabal Riera o Armando Llamas son dos nombres que destacaron y que con diferentes carreras dejaron su impronta. Fermín Cabal Riera (León, 3 de enero de 1948-Madrid, 13 de noviembre de 2023) formó parte de los grupos independientes Tábano y El Gayo Vallecano. Esta noche gran velada o Castillos en el aire, considerada su obra maestra, fueron títulos que lo encumbraron en el éxito y el prestigio teatral. Pero igual de importante fue su labor como defensor e impulsor de los derechos de un gremio siempre maltradado como es el del sector escénico.

Fue componente de la intelectualidad de París (Marguerite Duras, Nathalie Sarraute), pero también mantuvo contacto con la comunidad argentina: Copi, Arrabal, Jorge Lavelli. Llamas escribió su obra teatral en francés. Algunas de sus piezas fueron montadas por Stanislas Nordey, Philippe Adrien o Michel DIdym. Colaboró en el Mousson d»été, un festival de escritores contemporáneos en Pont-à-Mousson. Inició un gran ciclo teatral, L»Amour renaît des os brûles des Sodomites que no pudo terminar. Enfermo de sida fallece en París en 2003. Lisbeth est complètement pétée, Gustave n»est pas moderne, Tahafôt al Tahafôt, 14 pièces piégées, Meurtres de la Princesse juive, Pièces autobiographiques, L»Amour renaît des os brûles des Sodomites, No way Veronica son títulos de sus obras.

Fernando Urdiales nació en Valladolid en 1951 y falleció en Valladolid, en 2010. Pero su vínculo familiar le convertía en un leonés más, raíz además que nunca quiso perder. Entre 1982 y 1986 dirige varios montajes teatrales a partir de textos de Tennessee Williams, Lewis Carroll, Antonin Artaud y Peter Handke, entre otros. Tras esta etapa inicia, en 1989, una serie de montajes de raíz clásica y popular como Sobre ruedas, basada en los pasos de Lope de Rueda y Pasión, inspirado en la imaginería barroca castellana. Se especializa en teatro clásico del Siglo de Oro español lo que hará de teatro Corsario una de las compañías de repertorio clásico más reconocidas en el panorama nacional e internacional —Europa y América-. Urdiales permaneció siempre vinculado a Teatro Corsario, donde se ocupó de la dirección escénica, además de la dramaturgia, adaptación, versión y diseño escenográfico. Falleció el 12 de diciembre de 2010. En mayo salió al escenario del Instituto Juan del Enzina como El poeta que no cesa, en un homenaje a Miguel Hernández. Fue una excepción puesto que había decidido no subirse más a los escenarios. Pero hay más, aunque sean telegramas culturales que no hay que perder de vista. Víctor Suárez Saa llevó su pasión teatral al microteatro en textos reunidos en Petricor. O todo lo de cava baja de Víctor M. Díez junto al músico Rodrigo Martínez. Y el puro sentimiento de Marcos Castro y sus De soledades.

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