La localidad palentina nunca o tuvo Fuero
Brañosera: la verdad de la mentira
El historiador José María García Osuna critica la tergiversación histórica que se ha hecho del aniversario de Brañosera. Explica que León le concedió una carta puebla y considera que se trata de una estratagema más para borrar la historia leonesa

Los reyes posan junto al resto de autoridades en la localidad palentina de Brañosera.
Esta semana se ha conmemorado, con la presencia de los Reyes, el 1.201 aniversario del documento fundacional de Brañosera, una onomástica que vuelve a encender el debate de la precisión histórica y los intereses identitarios. El escritor José María García Osuna abre la discusión y precisa que lo que se celebra en realidad no es un fuero sino una Carta-Puebla, una diferencia esencial que, a su juicio, cambia el significado y el contexto de uno de los documentos más antiguos de la Península. «Mientras ciertos discursos tienden a glorificar la primacía castellana» en la génesis del derecho medieval, expertos en diplomática y medievalismo recalcan que una Carta-Puebla no es, ni puede ser, un fuero. La Carta-Puebla de Brañosera, fechada en el año 824, constituye un documento de repoblación, donde se otorgan derechos, tierras y privilegios a quienes se asientan en un territorio todavía por consolidar. Se trata de un acto de promoción demográfica y militar, mediante el cual un magnate —en este caso Munio Núñez, en nombre del rey Alfonso II «el Casto»— cede tierras con el fin de repoblar una zona fronteriza», precisa el también médico.
García Osuna explica que a diferencia de la carta puebla, el fuero es un cuerpo legislativo complejo que nace para regular sociedades ya establecidas. «No se trata de incentivar la ocupación de tierras, sino de proteger las libertades individuales y colectivas, establecer normas jurídicas detalladas, e incluso blindar derechos tan avanzados para su tiempo como la inviolabilidad del domicilio o los derechos de la mujer», añade. Y es que fueron los fueros precisamente la seña de identidad del Reino de León, que otorgó el primero en el año 1017, bajo el reinado de Alfonso V de León, a la ciudad de León.
El historiador, autor de numerosos libros de historia sobre el Viejo Reino, subraya que los registros históricos, diplomáticos y jurídicos demuestran como la estructura del fuero nace en el Regnum Imperium Legionensis, no en Castilla, un territorio que ni siquiera existía como reino independiente hasta el breve reinado de Sancho II, ya en el siglo XI. «Así lo demuestra no solo la cronología de los documentos, sino también las propias palabras de cronistas y reyes. En tiempos de los primeros condes castellanos (Fernán González, García Fernández), todos los documentos se sellan con la expresión «imperando mi señor el príncipe en León», afirma.
El autor hace hincapié en que la Carta-Puebla de Brañosera fue otorgada en nombre de Alfonso II de Asturias, soberano del reino ovetense que dominaba la montaña palentina en aquel tiempo y detalla que en ella se leen nombres de testigos, clérigos y nobles... «Todos firmando bajo el amparo regio. Lejos de ser una muestra de independencia jurídica, el documento subraya la soberanía astur-leonesa del momento», explica.

José María García Osuna es experto en historia medieval
Para José María García Osuna considera que los intentos por etiquetar a Brañosera como la «cuna del parlamentarismo» o como el origen del «fuero castellano» forman parte de una narrativa construida a posteriori y recuerda que historiadores como Julio Valdeón Baruque o incluso hispanistas internacionales como Stanley G. Payne han subrayado que fue el Reino de León el primero en reconocer y organizar las libertades locales y regionales de manera sistemática, mucho antes que otras monarquías europeas.
«El influjo leonés en la configuración de los derechos medievales es indiscutible: pendones concejiles, cartas-puebla, fueros, infantazgos, las Cortes de 1188 o el propio Fuero Juzgo son instituciones que surgieron o se consolidaron en su seno», ejemplifica y deja claro que muchos de estos elementos fueron posteriormente copiados, reinterpretados o diluidos por las estructuras nacientes del Reino de Castilla, especialmente tras la expansión ideológica promovida por el Estudio General de Castilla y figuras como Tello Téllez de Meneses. Ubicado en plena montaña palentina, el enclave de Brañosera pertenecía al ámbito territorial del antiguo Asturorum Regnum, y por extensión al Reino de León, hasta bien entrado el siglo XI. Las formas de gobierno local —como el concejo abierto— y la simbología (como los pendones leoneses) son aún hoy testimonio vivo de esa raíz política y cultural.
«Y si de autoridad se trata, basta recordar que los míticos primeros jueces de Castilla, Laín Calvo y Nuño Rasura, no podían actuar sin la autorización del Rey de León, como señala el propio texto del Fuero de Albedrío», defiende.