María Teresa Álvarez: «Se ha desperdiciado mucho talento por impedir a las mujeres desarrollarse como personas»

La escritora María Teresa Álvarez con su libro ante el castillo de Valencia de don Juan.
María Teresa Álvarez acaba de presentar en León la novela Partida de Reinas en la que recorre los últimos años de León como reino privativo y cómo se gestó el acuerdo para convertir a Fernando III en rey. Destaca que a partir de enero pondrá en marcha un viaje para hablar de la historia en numerosos pueblos leoneses. Publicada por La Esfera de los Libros, supone el regreso de la escritora a la investigación de las vidas de mujeres olvidadas por la historia cuyas vidas fueron sin embargo cruciales en el acontecer de España. En este caso, se centra en las reinas Berenguela de Castilla y Teresa de Portugal, ambas casadas con el rey Alfonso IX, y en cómo ambas decidieron el futuro del reino más importante de Europa.
— Partida de Reinas habla de uno de los momentos más desconocidos de la historia de España. ¿Por qué se decidió a abordarlo?
— A Berenguela de Castilla llegué de la mano de su madre, Leonor Plantagenet, cuando realicé un capítulo sobre ella en la serie que dirigí para TVE «Mujeres en la Historia». Siempre me atrajo su personalidad, y al profundizar en su vida me encontré con otra gran mujer, Teresa de Portugal, de la que desconocía todo. Las dos estuvieron casadas con el mismo rey, Alfonso IX de León. Las dos fueron reinas consortes de León. ¿Por qué las he elegido como protagonistas de mi novela? Porque Berenguela y Teresa fueron capaces de lograr algo que los hombres solo conseguirían después de una batalla. Me pareció ejemplar su capacidad de diálogo y empatía, ello fue lo que me llevó a escribir este libro.
— Es una obra en la que explica tanto la historia del Reino de León como la de Castilla. ¿Qué diferencias había entre los dos reinos?
— Más que de diferencias entre los reinos me atrevería a hablar de los reyes que dirigían uno y otro reino en el periodo que abarca mi novela. Los dos tuvieron un acceso al trono complicado, muy difícil. Alfonso VIII de Castilla sufrió secuestro y fue víctima de las disputas y rivalidades entre la nobleza. Pienso que era hombre noble, prudente, con grandes deseos de servir a su pueblo, y que contó con la ayuda inestimable de una mujer como Leonor Plantagenet, que siempre supo estar a la altura de las circunstancias. Alfonso IX de León, tuvo que hacer frente a las pretensiones a la corona de otro hijo del segundo matrimonio de su padre, porque la unión de su padre, Fernando II de León y su madre, Urraca de Portugal, había sido disuelta por el papa por lazos de consanguinidad. El hecho de que Alfonso IX haya sido el monarca que primero se dé cuenta de la importancia de dar y escuchar la voz del pueblo, creando las primeras cortes, la primera experiencia parlamentaria de Europa, hace de él un personaje muy atractivo e interesante. Puede que Alfonso VIII de Castilla estuviera adornado de unas cualidades diplomáticas que le permitieron mantener buenas relaciones con el papado, mientras que Alfonso IX era más espontáneo y visceral, pero supo engrandecer su reino. Creó la Universidad de Salamanca, apoyó sin fisuras el Camino de Santiago, presidiendo la consagración de su catedral. Debo confesarte que el rey de León, despierta mi simpatía.
— Hay un redescubrimiento de la Alta Edad Media en España y se han publicado numerosas novelas sobre este momento histórico. ¿Qué aporta «Partida de reinas»?
— Lo que pretendo, y la reflexión que intento hacer llegar a las lectoras y lectores es que hubo mujeres importantes que dejaron su huella en la Historia, aunque luego ésta fuera olvidada o casi borrada. El comportamiento de estas dos mujeres, Berenguela y Teresa, como cuento en «Partida de Reinas», tiene que llevarnos a pensar en el mucho talento que se ha desperdiciado a lo largo de la Historia por impedir a las mujeres desarrollarse como personas. Piensa que mujeres importantes las hubo en todas las Edades, y que no existe nada que haya hecho, que no lo haya hecho la mujer y siempre en inferioridad de condiciones.
— En la novela habla de lo que supusieron las primeras Cortes leonesas, un hito para el parlamentarismo mundial anterior al inglés. ¿Por qué cree que está tan opacado en los libros de historia?
— Muchas veces he escuchado el comentario; «si los americanos tuviesen una historia como la española, imaginaros lo que habrían hecho». Ciertamente cuestan entender el poco valor que damos a nuestro pasado. La Historia es una asignatura pendiente, todos deberíamos conocer mucho mejor nuestro pretérito. De esa forma no se cometerían y dirían tantas tonterías como las que escuchamos en la actualidad, cuando se alude a la actuación de España a lo largo de los siglos. No debemos olvidar que España ha jugado un papel importantísimo en la historia de Europa y del mundo. Su legado cultural ha sido importante.
— San Isidoro de León es, sin duda, un centro de poder de primer orden en Europa durante la Edad Media. ¿Qué puede decirnos de todo lo que allí se vivió?
— Emociona recordar que allí nacieron las primeras cortes europeas. El claustro de la Basílica de San Isidoro fue el escenario donde, por primera vez en la historia, se reunieron los tres estamentos; clero, nobleza y ciudadanos. Me imagino que también habrá contemplado importantes reuniones tanto políticas como eclesiásticas. Luego, está el Panteón de Reyes, donde, bajo las hermosas pinturas de las bóvedas, es muy fácil rememorar el pasado. Allí reposan importantes personajes de la monarquía leonesa. Allí se encuentra la tumba de la reina Sancha, a quien precisamente se debe la creación de este panteón. Ella, Sancha, tenía que haber sido la titular de la corona de León, pero transmitió los derechos sucesorios a su marido, que pasó a ser Fernando I de León. Es probable que si de ella dependiera el reino no sería dividido entre sus hijos, como hizo su marido, el rey Fernando I, poco antes de morir. También, San Isidoro, desde que los restos del obispo de Sevilla, San Isidoro, descansan entre sus muros, se convirtió en centro de espiritualidad para muchos. Es un tesoro tanto por su contenido como por el románico que lo envuelve.
— En León la historia de la renuncia de Dulce y Sancha se ve como una traición al rey Alfonso. Sin embargo, usted lo novela desde el punto de vista de Castilla. ¿Por qué decidió enfocarlo así?
— Pienso que es una traición relativa. A la muerte del rey Alfonso IX, el reino se encontraba dividido. La misma ciudad de León no se mostraba unánime en cuanto a sus preferencias. Algunas ciudades reconocieron como rey a Fernando, mientras que otras como Zamora, ciudad en la que había nacido Alfonso IX, apoyaba a sus hijas de forma unánime. Además, el rey Alfonso IX, que en público aludía a sus hijas como herederas al trono, oficialmente, en su testamento, no lo hizo. Analizando la situación, una se pregunta ¿cuál sería la reina? Lógicamente la mayor ¿o se repartirían el reino? Creo que Alfonso IX no pensó demasiado en el futuro de sus hijas. Si estuvieran casadas tal vez fuera distinto. Bien es verdad, que el rey leonés pensó en un posible matrimonio para una de ellas, pero la perspicaz Berenguela lo desbarató. ¿Si se casaba la más joven sería ella la reina por tener marido o la mayor soltera? En el libro he intentado equilibrar la balanza. Les doy voz a las dos mujeres protagonistas. Es posible que la visión castellana sea más política, porque quien habla es Berenguela, y Teresa tiene una escala de valores distinta, aunque, no menos importante. La Historia cuenta que quien primero toma la iniciativa de reunirse en Valencia de Don Juan es Teresa. Berenguela pensaba lo mismo, y de no haber recibido la comunicación de la portuguesa, la enviaría ella. En aquellos momentos la guerra parecía inevitable. Si el infante Fernando, hijo de Alfonso IX y Teresa, no hubiera muerto, la historia habría sido distinta. En el diálogo que establezco entre las dos reinas, ambas están de acuerdo en que a Alfonso IX no le agradaría la unión de los reinos, pero ¿hubiese sido mejor una guerra y que los vencedores decidieran? Creo que la suerte favoreció al varón, como no podía ser de otra forma en aquel tiempo.
— ¿Qué considera que se ganó y qué se perdió con la renuncia de las infantas leonesas a favor de Fernando?
— Se evitó una guerra y lo que ella conlleva. Debemos tener en cuenta que también se barajó otra posibilidad, pero que igualmente privaría del trono a las hijas de Teresa, consistía en que el segundo hijo de Alfonso IX, con Berenguela, Alfonso se hiciera cargo del reino de León, pero Berenguela lo convenció para que rechazara la oferta. ¿Actúa así Berenguela porque quiere absorber León? Yo creo que lo que pretende es que cesen las confrontaciones entre los reinos cristianos y se hagan fuertes ante la amenaza de los árabes. ¿Hubiese sido mejor para León que el hermano de Fernando fuera su rey?
— ¿Cree que supuso el fin de León como concepto y su desaparición en Castilla?
— Creo que León no desaparece como reino. Fernando III fue rey de Castilla y de León. De hecho, según cuenta la Historia, hasta el año 1.301 se siguen celebrando cortes del reino de León y cortes de Castilla por separado. Además, con anterioridad, hubo otros monarcas que fueron reyes de Castilla y de León, por ejemplo, el más cercano a nuestros protagonistas, Alfonso VII, conocido como el emperador, que era abuelo de Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla. Y fue él, Alfonso VII, quien también decidió dividir los reinos entre sus hijos. Otros datos que nos habla de la pervivencia del reino de León es que su moneda no desaparece. En León y Castilla se sigue utilizando la moneda propia de cada reino. Y según he leído; la orden de Santiago sigue manteniendo su Encomienda del reino de León.
— Hay una parte de historiadores que defienden que Fernando había sido educado para ser rey de León. De hecho, el título que se pone es el de Fernando III y no Fernando I como tendría que ser en Castilla.
— De acuerdo. Creo que su madre Berenguela siempre soñó para él la corona de León. El que Fernando fuera rey de Castilla fue pura carambola. Piensa que sin la habilidad y visión política de Berenguela que, cuando muere su hermano Enrique, consigue ser proclamada reina de Castilla, para luego abdicar en su hijo, es muy posible que Alfonso IX de León se hubiera convertido en rey de Castilla, porque podía reivindicar sus derechos a la Corona de Castilla por la ausencia de heredero en la línea sucesoria directa. Ya que según ha quedado reflejado en el acuerdo de Sahagún (firmado por Fernando II de León y Sancho III de Castilla, padres de nuestros protagonistas) «si uno de los reyes de León o Castilla muere sin descendencia directa, el otro heredaría su reino». Es verdad que no se matiza en esta cláusula sucesoria si el heredero tiene que ser varón. Aunque es casi seguro que las mujeres serían excluidas de lista hereditaria. Por ello fue tan importante la rapidez con la que Berenguela abdicó en su hijo Fernando.
— En la novela también se refiere a las veces en las que el rey Alfonso fue excomulgado por el Papado. ¿No cree que el hecho de hacer desaparecer León en la corona de Castilla fue una manera con la que el papado terminó con el reino de León?
— Sinceramente no creo que en 1230 León desaparezca en la corona de Castilla. Y no creo que el papado quisiera terminar con el reino de León. Mi opinión se basa en que la iglesia del reino de León sigue celebrando sínodos separados de los del reino de Castilla. Por ejemplo, en el año 1310 la jerarquía eclesiástica leonesa se reúne para debatir en el sínodo de Salamanca. Mientras que los castellanos lo hacen Peñafiel.
— A Dulce y a Sancha se las impidió contraer matrimonio. ¿No fue Fernando cruel con sus hermanastras?
— No me atrevería a afirmar eso. Creo que lo que se dice en el acuerdo o Concordia de Benavente, es que la cantidad de dinero que se les asignaba por su renuncia al trono, sería rebajada si profesaban como monjas, y suspendida en caso de que contrajeran matrimonio. Y eso no me parece que signifique una prohibición a contraer matrimonio.
— Haciendo una ucronía. ¿Cómo cree que habría sido la historia de España si se hubiera mantenido el deseo de Alfonso?
— Un deseo del que no dejó constancia, al no reflejarlo en su testamento. Es difícil aventurar. Piensa que a las mujeres les resultaba casi imposible acceder al trono, cuanto más si estaban solteras. Recuerda a la reina Urraca que, había enviudado, y la obligaron a casarse de nuevo para que pudiera convertirse en reina. Si Fernando no hubiera sido proclamado rey de León, podrían haber pasado infinidad de cosas. Pero creo que sería necesario que alguna de las infantas se casara. ¿Quién sería el elegido? ¿Alguien que anexionara León a otro reino? ¿Alguien que dominara al reino de Castilla y lo integrara en León? Nunca lo sabremos. Lo que sí conocemos y de lo que yo he querido hacerme eco es del comportamiento de dos mujeres que desarrollando su capacidad de diálogo y empatía consiguieron evitar una guerra y forjaron las bases de lo que sería España.