CRÍTICA
Libro en memoria de su amiga
'Una mujer a quien amar'. Theodor Kallifatides. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2025. 158 pp.

Imagen de la portada del libro de Kallifatides.
"Olga y yo habíamos hablado de la muerte en más de una ocasión. Es decir, de la mía, ella era mucho más joven». Y, sin embargo, fue ella, griega como el autor, y siempre presente en estas páginas, que no en vano es la mujer a quien amar, la que murió, de cáncer de pulmón. «Olga era la única de mis amigos que compartía mis dos mundos, el griego y el sueco. Nuestras conversaciones se desarrollaban siempre en un territorio lingüístico que era sólo nuestro».
Kallifatides, el escritor que tiene la gran capacidad de contar, de novelar la vida y las circunstancias que la limitan o enriquecen, pero siempre visualizada a través de un relato sencillo y diáfano, vuelve a asombrar ahora por su naturalidad contando historias en Una mujer a quien amar (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2025. 158 pp.). La siempre difícil pero atractiva sencillez de enhebrar en el relato datos, circunstancias, acontecimientos, todos los sucesos de la vida misma, siempre con la «prosa correcta y viva», como la utilizada por Olga en su tesis. Siempre Olga en la memoria como homenaje de cercanía y amistad. «Fue más o menos por aquel entonces cuando conocí a Olga y, como no podíamos ser amantes, nos hicimos amigos. Después volví a encontrarme con mi futura esposa», Gunilla. Pero en Olga había encontrado un refugio, sobre todo «cuando me sentía incomprendido e infravalorado; era ella la única que podía conseguir que no acabara en la autocompasión. Se debía también a que hablábamos en griego, lo que automáticamente traía una cordialidad brutal…».
No debemos olvidar que Theodor es griego emigrado a Suecia, tema de inevitable referencia, pero siempre aflora su condición de quien se atrevió a escribir en otra lengua que no era la materna. «A Olga le gustaba mucho oírme hablar sobre aquella época [los primeros tiempos de su llegada a Suecia]. De cómo vivía en una habitación de seis metros cuadrados en la que sólo cabíamos una cacerola y yo».
Una novela, en fin, que se convierte en un ejercicio de la memoria, con personajes cercanos, relaciones humanas y amorosas, el seguimiento de la enfermedad —no estaba ella preparada para el dolor-, referencias literarias… Un delicioso recorrido.