Las invisibles que encendieron la modernidad
De la Residencia de Señoritas a la exposición «Áureas»: el legado vivo de la Generación del 27 femenina

Imagen de una de las obras de la muestra
En la historia cultural española hay nombres que brillan con fuerza y otros que fueron obligados a permanecer en penumbra. Mientras la Generación del 27 masculina se convirtió en un canon literario reconocible —Lorca, Alberti, Salinas o Guillén—, las mujeres que compartieron aquel impulso intelectual quedaron relegadas a notas al pie, archivos familiares o fotografías olvidadas. Sin embargo, aquellas creadoras, científicas, docentes y artistas no fueron una excepción anecdótica: constituyeron una verdadera vanguardia cultural. Hoy, casi un siglo después, su memoria regresa con fuerza a través de investigaciones, exposiciones y proyectos artísticos como la muestra contemporánea Áureas, instalada en la Fundación Sierra Pambley de León. La exposición funciona como un puente entre aquellas mujeres de la Edad de Plata y las creadoras actuales, reivindicando un legado interrumpido por la Guerra Civil y silenciado durante el franquismo. Uno de los casos más emblemáticos es la leonesa Manuela López García, maestra y poeta depurada por el franquismo. Por la forma, el estilo, el ritmo y la temática de sus versos, podría haber formado parte de la Generación del 27 y también de las Sinsombrero, artistas de esa generación a las que la historia condenó al olvido. Pero en el caso de esta poeta berciana fueron el miedo y el silencio impuesto después del asesinato de su marido al comienzo de la Guerra Civil los que relegaron sus versos a la intimidad de sus libretas, donde permanecieron escondidos hasta el año 1977.
Para comprender el alcance de la Generación del 27 femenina hay que regresar a un edificio de la calle Fortuny de Madrid. Allí se levantó la Residencia de Señoritas, el primer centro oficial español destinado a fomentar la formación universitaria de las mujeres. Bajo la dirección de María de Maeztu, aquella institución se convirtió en uno de los laboratorios intelectuales más avanzados del país. La residencia no era simplemente un alojamiento para estudiantes sino todo un ecosistema cultural. Las jóvenes que llegaban a Fortuny encontraban clases de idiomas, laboratorios científicos, biblioteca, conferencias, conciertos, actividades deportivas y una atmósfera intelectual completamente nueva para la España de comienzos del siglo XX. Allí coincidieron mujeres como María Zambrano, Zenobia Camprubí, Maruja Mallo o Josefina Carabias, protagonistas esenciales de aquella modernidad truncada.
Uno de los aspectos más sorprendentes es el peso extraordinario que tuvo León dentro de aquella revolución educativa. Cerca de noventa universitarias leonesas pasaron por la Residencia de Señoritas, convirtiendo a la provincia en uno de los grupos más numerosos del país. El dato rompe muchos tópicos sobre la España rural de principios del siglo XX. Buena parte de aquellas jóvenes procedían de pueblos como Rioscuro, Villablino, Aviados, Cármenes, Santa Lucía de Gordón o La Bañeza. Hijas de familias que apostaron por la educación femenina en un contexto profundamente conservador, aquellas estudiantes encarnaron un nuevo modelo de mujer profesional e independiente. Muchas de ellas fueron después docentes del Instituto-Escuela, una de las grandes experiencias pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. Otras viajaron becadas a Estados Unidos para ampliar estudios científicos. El caso de Nieves González Barrio resulta paradigmático: estudió Bacteriología y Química Orgánica en Minnesota y trabajó en la Clínica Mayo y en el Baby»s Hospital de Nueva York. La historia de las hermanas De las Cuevas resume también el alcance y las contradicciones de aquella generación. Conchita de las Cuevas formó parte de las Misiones Pedagógicas y ejerció como inspectora educativa hasta ser represaliada por el franquismo en 1940. Su hermana Esperanza fue acusada de masona. Sus trayectorias muestran cómo el proyecto modernizador de la Segunda República quedó abruptamente interrumpido.
Con el tiempo, la historiografía comenzó a utilizar el término «Las Sinsombrero» para referirse a muchas de las artistas e intelectuales vinculadas a la Generación del 27 femenina. El nombre procede del gesto simbólico de quitarse el sombrero en público —un acto considerado provocador para la época— y representa el desafío cultural y social que aquellas mujeres encarnaron. No se trataba únicamente de escritoras. Había filósofas, científicas, pintoras, pedagogas, músicas o periodistas.
Áureas en Sierra Pambley
Ese ejercicio de restitución es precisamente el núcleo de Áureas, la exposición impulsada por el colectivo Laborarte en la Fundación Sierra Pambley. La muestra reúne disciplinas como pintura, escultura, collage, fotografía, poesía visual y arte textil para rendir homenaje a las mujeres de la Edad de Plata y a las creadoras cuya trayectoria fue truncada tras la Guerra Civil. La elección de la Fundación Sierra Pambley no es casual. La institución mantiene una profunda conexión histórica con el pensamiento pedagógico y reformista que alimentó la Institución Libre de Enseñanza. De algún modo, el espacio se convierte en continuidad simbólica de aquella modernidad educativa que impulsó a tantas mujeres leonesas hacia la universidad y la cultura. El colectivo Laborarte plantea además una lectura contemporánea de ese legado. Las obras no se limitan a ilustrar el pasado: establecen un diálogo entre memoria y presente. La exposición invita incluso al visitante a participar dejando mensajes u homenajes personales a mujeres cercanas, convirtiendo la experiencia artística en una construcción colectiva de memoria. Las artistas contemporáneas recuperan la voz de aquellas pioneras y la trasladan al presente para recordar que la modernidad española también tuvo rostro femenino.
Fernando Tuñón, Pilar López Duque, Elena Campos, Cathy Thompson, Silvia Pérez, Beatriz García y Ana Campos y Cristina Ibáñez son las artífices de esta muestra que dialoga con las olvidadas de la Edad de Plata españolas. Metáfora, de Cristina Ibáñez, muestra tres posibles visiones que ilustran las vidas de las Sin Sombrero. El velo que tapa y solo deja entrever sus creaciones aún está por descubrir. Silvia Pérez conversa con las dificultades que enfrentó Carmen de Burgos, Colombine, a través de una malla que simboliza la libertad condicionada por el rol de género. Cathy Thompson es la autora de La palabra nace cuando la mente despierta, un busto femenino que se transforma en una nube etérea de la que descienden vellones con cintas con poemas que toman forma en la mente.
Pilar López Duque ha creado Presencias en contraste. Las figuras masculinas aparecen apenas insinuadas en carboncillo mientras las mujeres emergen como siluetas plateadas.
La poeta Beatriz García ha compuesto poemas visuales a través del hilo de Ariadna, la mujer que ayuda a Teseo a salir del laberinto: Abrazar lo inalcanzable, resistir en la oscuridad, imaginar otras realidades, acallar los miedos, descubrir estrellas ocultas, nombrar el olvido, aprender a bailar con las sombras. Su participación se vincula con la exposición desde una concepción del arte como espacio de pensamiento, experimentación y compromiso cultural.