Asentada la imagen de escritor

Detalle de la portada del libro.
La década de los años 60 del pasado siglo llega con un Sender convertido en escritor de éxito gracias a títulos como La tesis de Nancy (1962) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964). En la primera se adentra por primera vez en el terreno del humor con la historia de una joven americana que viaja a Sevilla para hacer un trabajo académico sobre los gitanos. La trama es sencilla y la maquinaria narrativa se centra en las cartas que Nancy envía a una prima, donde se suceden los equívocos lingüísticos, el juego con los tópicos y el contraste de costumbres. Como máxima cervantina de que «es tarea de discretos hacer reír», hay en la novela una reivindicación del humor, con valores que lo afianzaron como uno de los escritores más populares del momento.
En La aventura equinoccial de Lope de Aguirre regresa el escritor a la novela histórica, una epopeya de aliento existencialista que nos descubre el lado menos airoso de la conquista de América. Mezcla el estilo de la crónica antigua con el suspense de la literatura de aventuras. Otorga voz al antihéroe Aguirre en su obsesiva búsqueda de El Dorado. Un espejismo que desata conspiraciones, traiciones, violencias… y nos revela la desnudez del hombre enfrentado a su sino en medio de una naturaleza hostil. Un viaje delirante por el que, prisionero de su propia crueldad, Aguirre termina asesinando a amigos y enemigos, incluso a su propia hija, hasta morir decapitado.
La obra que cierra este volumen, Monte Ondina (1980), es la vuelta de la mirada hacia los paisajes de su niñez en Aragón. Una obra de madurez que se sustenta sobre los recuerdos del niño Sender al que un amigo de su padre le ofrece la organización de la biblioteca en su finca Monte Ondina. Se trata, en fin, de un ambicioso testamento literario que también es ocasión para escribir sobre literatura y arte, además de reflejar las aficiones del escritor por los avances científicos y el mundo de lo paranormal.
Excelente ocasión para leer a otro de nuestros grandes escritores, que, como tantos otros, está en el territorio del olvido.