Diario de León

'Alfonso VI Imperator' (Eolas): lo nuevo de José Pedro Pedreira

José Pedro Pedreira retrata y recrea la figura de Alfonso VI Imperator en su nuevo libro, publicado por Eolas, en donde recrea en forma de novela la figura de un rey del que destaca que «logró extender sus dominios durante la reconquista»

José Pedro Pedreira, este pasado jueves en León.

José Pedro Pedreira, este pasado jueves en León.ÁNGELOPEZ

Pacho Rodríguez

Creado:

Actualizado:

Un libro sobre la reina Urraca y este Alfonso VI Imperator, ambos en Eolas, podrían delatar en José Pedro Pedreira cierta condición de especialista. Pero rápidamente hay que ampliar su espectro creativo y literario. De hecho, junto a otras temáticas literarias le delatan en su casa varios instrumentos musicales, incluso una guitarra eléctrica. Así, entre su vocación por la historia y la novela histórica hay la misma pasión, por ejemplo, por las canciones de Santana o John Lennon. Aplicando trabajo al buen gusto es como se construye un autor de largo recorrido.

El origen de Alfonso VI Imperator tiene mucho que ver con el siempre activo editor de Eolas Héctor Escobar. De hecho, el propio Pedreira relata que «hace unos veinte años yo escribí un primer texto sobre Alfonso VI. Héctor Escobar, que además de ser un prolífico editor es un hombre sensible y apasionado de los libros, lo leyó, aunque no se había publicado en su editorial, y le gustó tanto que me dijo que lo quería reeditar. Yo en principio no estaba muy de acuerdo, pero cuando me convenció le dije, que ahora, sobre todo después de haber investigado y leído tanto para escribir sobre Urraca, conocía mucho más también de la vida y obra de su padre y que si se volvía a editar quería reescribirlo para conseguir una nueva novela. De hecho aquella primera constaba de algo más de doscientas páginas y Alfonso VI Imperator supera las cuatrocientas...», explica.

—Cuando tiene que explicar a alguien amante de la historia, no leonés, la importancia de lo que fue el Reino de León, ¿por dónde empezar?

—Resulta muy gratificante explicar a los amantes de la historia que no son leoneses ni conocen nuestro pasado, la importancia que para la historia no ya de León sino de lo que hoy llamamos España ha tenido el Reino de León. Y digo que es gratificante porque en primer lugar suelen mostrarse confundidos con respecto a las informaciones de que ellos disponían. Considero esencial decir que durante muchos años el Reino de León fue el reino cristiano más importante de la Península y sus reyes los más poderosos. Lo primero que hay que aclararles, aunque parezca mentira, es que reyes que ellos consideraban castellanos o gallegos son leoneses. Alfonso V al promulgar el Fuero de León, no solo dotaba a sus ciudadanos de unas normas jurídicas que regulaban su vida sino que convertía de facto a León en la primera «ciudad libre» de España y hay quien sostiene que de Europa. Otro hito esencial que debe destacarse es que en la curia celebrada en 1188 en San Isidoro, Alfonso IX convocó por vez primera a los representantes de la nobleza, el clero y las ciudades convirtiendo a León en cuna del parlamentarismo, pero además en ella se desarrolló un cuerpo jurídico que establece normas y garantías en los famosos Decreta, muy adelantadas a su época. No debemos olvidar que una reina leonesa, Urraca, fue y es la primera reina y emperatriz. Para no extenderme en exceso, decir que «Alfonso VI es el rey más importante desde Pelayo a los Reyes Católicos». Este es un buen titular, pero la frase no es mía, la escribe el historiador norteamericano Bernard F. Rielly en su libro sobre el reinado de Alfonso VI. Lo que sí sorprende a reconocidos investigadores extranjeros es el poco interés que este rey ha despertado en los historiadores españoles dada su enorme trascendencia que tuvo en nuestro pasado común. El propio Rielly lo atribuye a la sombra que sobre su figura extendieron las fábulas y leyendas sobre el Cid, en las que resultaba «necesario» crear un mal rey para resaltar la figura del presunto héroe. Y a este respecto señala el daño que en concreto hizo la publicación de la España del Cid de Menéndez Pidal.

—¿Hay un momento que detecta que hay una parte no contada de la Historia en la que León?

—Más que existir una parte de la historia no contada en la que León tiene gran importancia, lo que ha sucedido es que, por motivos varios, en el devenir de los tiempos, regiones o zonas de España próximas has tratado de adueñarse como propia una historia que nos pertenece a los leoneses y de la que ellos carecían. Yo considero que se ha producido un verdadero expolio de nuestro patrimonio histórico, sin que los leoneses hayamos hecho demasiado por evitarlo.

—En clave actual, ¿cree que se está haciendo una labor fructífera?

—Estoy convencido de que nuestra historia, ese patrimonio histórico al que aludía es hoy uno de los principales y más valiosos activos con que contamos en León y, como sugieres, también desde el punto de vista turístico. Considero por tanto que no solo deberíamos defenderlo los escritores o los historiadores sino también las diversas instituciones, los políticos y hasta los que viven del turismo.

—Pero en este libro, Alfonso VI es el protagonista... ¿Qué puede avanzar?

—En cuanto a Alfonso VI, el protagonista de mi última novela, hay que destacar que fue el rey que más logró extender sus dominios durante esa época que llamamos reconquista. Desde el reino de León heredado de su padre Fernando I, no solo incorporó a su corona al recién estrenado reino de Castilla o el reino de Galicia, en manos de sus hermanos Sancho y García, sino que extendió sus fronteras al este, adueñándose incluso en territorio de su primo el Sancho navarro de importantes poblaciones. Pero los mayores y más significativos avances los consiguió en la frontera meridional con los musulmanes, culminados con una victoria trascendental para el mundo cristiano: la conquista del reino de Toledo. Tomar Toledo no solo significaba recobrar la antigua capital visigoda, sino apoderarse de un territorio valioso, rico en culturas y saberes y muy poblado (León pasaba a ser la segunda ciudad más poblada del reino), lo que supuso además un golpe moral impresionante en el mundo árabe que ocupaba al-Ándalus. También en el reinado de nuestro gran rey se conquistó Valencia, aunque luego se perdiera a manos de los almorávides. El reino de Alfonso VI en sus años de apogeo se extendía aproximadamente a lo largo de 200.000 kilómetros cuadrados. En mi novela sobre Alfonso VI Imperator (hay que destacar que el título de emperador estaba ligado de antiguo al reino de León pero que en el reinado de Alfonso VI consiguió una significación especial, ya que la supremacía que ostentaba ante los reyes de Aragón o Navarra o los condes catalanes no solo era colosal, sino reconocida por aquellos) he tratado de plasmar con el mayor rigor posible, teniendo en cuenta lo subjetivo y a veces tendencioso de las crónicas medievales, su trayectoria como rey, sus triunfos y victorias, sus conquistas, sus relaciones con otros reinos y la sumisión a que sometió a los reinos taifas, pero también he querido acercarme al lado más humano. Si me interesa el personaje también me interesa la persona. Y es que Alfonso VI como yo lo veo fue una persona sumamente hábil e inteligente, dotando de una gran sensibilidad y un espíritu innovador y abierto para lo que era habitual en la época.

—Aparece la reina Urraca, evidentemente. ¿Es casi como una saga de emperadores?

—Sí, a Alfonso VI, ante la muerte del joven Sancho, le sucede su hija Urraca como reina y emperatriz. Ella, a diferencia de otros reyes y de las presiones, obstáculos y agresiones que hubo de sufrir a lo largo de su reinado, se esforzó y en gran medida consiguió preservar la rica herencia de su padre para transmitírsela prácticamente íntegra, e incluso ampliándola al sur con significativas conquistas en el valle del Henares a su hijo Alfonso VII, con que el que como hemos dicho, la idea del imperio leonés alcanza su apogeo con su solemne coronación.

—Cuando sale fuera, a presentaciones, actos y demás, ¿cómo nos ven en este contexto tan historicista?

—Cuando fuera de León hablas de nuestra historia, de nuestros reyes y la relevancia que tuvieron, te encuentras con hechos sorprendentes. Te cuento solo dos anécdotas que son ilustrativas, ya que quienes las protagonizaron eran personas con formación, se supone que en historia. Estando yo de visita con un grupo en la catedral de Toledo, ciudad en la que Alfonso VI goza de un reconocimiento que nunca ha tenido en León, sin embargo, la guía continuamente se estaba refiriendo a él como el rey castellano, el rey de Castilla..., y ya molesto la interrumpí para decirle de manera intencionadamente provocativa «perdona, Alfonso VI nunca fue rey de Castilla». Me miró como diciendo de dónde habrá salido este loco y entonces continué, «Alfonso VI fue rey de León y a la muerte de su hermano Sancho rey de León y de Castilla, pero nunca rey solo de Castilla». Lo cierto es que no respondió y siguió con su trabajo. Recientemente una lectora mientras le firmaba un libro de Urraca me refería lo desconocido que es nuestro pasado fuera de León y lo doloroso que resulta. Estando ella de visita en Logroño, le preguntó a la guía por la época en que La Rioja había pertenecido al Reino de León y la respuesta de aquella fue: «El reino de León no existió nunca, eso son leyendas». Sin palabras.

—¿Escritor o lector? ¿Dónde se encuentra mejor?

—Yo siempre he sostenido que es más importante ser un buen lector que un buen escritor y personalmente me considero mejor lector. Los autores preferidos por mí y mis gustos han evolucionado o, mejor dicho, cambiado con el tiempo. La verdad es que son muchos y variados y resultaría extenso citarlos a todos. Pero por dar algún nombre, quiero citar de mi época de juventud a Willian Faulkner, que fue un autor que me atrapó por el mundo que lograba crearse en sus novelas y del que me lo leí prácticamente todo. En la misma línea me parece un autor fascinante el leonés Luis Mateo Díaz. De hecho recuerdo que en alguna colaboración que en su época yo escribía para La Hora Leonesa, comparé, salvando las distancias que había, sobre todo entonces, los mundos creados por los dos: Yoknapatawpha y Celama. Entre los autores de novela histórica, Marguerite Yourcenar, Robert Graves, Pamela Kaufman... También agrada encontrarse con historiadores que investigan y trabajan con rigor e inteligencia. Y quiero en este apartado destacar a Ricardo Chao, que investiga bien, expone claramente e ilustra como corresponde a un buen maestro.

tracking