Del amor y otras soledades
El título de la famosa película puede servir de epígrafe a estos relatos de Antonio Martínez Llamas, cuyas últimas publicaciones se han centrado, con excelentes resultados, especialmente en el campo de la novela histórica. Excluidos «Los papones clandestinos», «El penúltimo cadáver», «Creer es virtud y no estupidez» y las dos cuentos que cierran «10 historias muy breves», el resto de los relatos constituyen variadas formas del amor.
Los ajenos a este clima sentimental son, en unos casos, documentos de emoción afectiva en tiempos de pobreza (como se comprueba en «Los papones clandestinos») y algún testimonio de la novela histórica. En el bello relato «El penúltimo cadáver» es bastante clara la huella literaria de
La flor de la peste
, sin que falten tampoco hondas y delicadas connotaciones sentimentales. «Creer es virtud y no estupidez» desarrolla una curiosa escena en la que el escritor recupera formas y expresiones de su rico acervo histórico.
El resto de las narraciones ofrecen muestras afectivas de variadísima condición y procedimientos literarios. No faltan los planteados con recursos de aparente inverosimilitud (como el que da título a la obra, «La princesa de piedra» o «Un sábado de enero») ni alguno que desemboca en un inesperado desenlace, como ocurre en «Cúbrete el ombligo con algas». Si aparece el amor concebido desde una perspectiva idealizada y nostálgica (presente en «El hombre 36», o «Los ojos más bellos del mundo») no faltan situaciones convencionales, salvadas con dignidad literaria por el escritor. Pero el amor tiene reacciones crueles, como lo narrado en «Siempre te odiaré, Walter» o comportamientos ancestrales, como la zoofilia presente en «El delfín de las ovejas», situación resuelta literariamente con gran sutileza.
Es posible que muchos de los numerosos lectores de Antonio Martínez Llamas se sientan sorprendido por esta obra, tan lejana a lo último publicado por él, pero descubrirán en estos relatos nuevos motivos para la sorpresa.