Sendo
i fuéramos capaces de compartir nuestra inseguridad sin miedo a sentirnos débiles, dejaríamos de maquillar el careto y nos dedicaríamos a amueblar el interior. Existen muchas personas vacuas y caóticas que se dedican a poner orden en lo ajeno y pulcritud en su lenguaje, pero dejan sus ideas en las cloacas del alma. «Cualquier día es bueno para decir la verdad», añadiría Gamoneda.
La cultura es un arma poderosa que se utiliza con distintos fines. No sólo sirve de propaganda, sino de fiel espejo de la estructura social. La sociedad contemporánea predica la igualdad no individualizada para hacernos funcionar en masa. De esta forma, domesticados en la doctrina común, obedecemos las mismas órdenes creyendo, ingenuamente, que así damos rienda suelta a nuestros deseos. Se pretende la unión por la conformidad de una forma pacífica, anulando la individualidad. Son los artistas los que disienten de ese círculo vicioso, buscando en el arte la manifestación más íntima de la persona. Un artista comprometido es aquel que intenta romper normas rígidas de la vida social, deshacer los estereotipos, abanderando la libertad y la creatividad.
-¦ va labrando surcos
Sendo es un hombre que va labrando surcos. En cualquier labor creadora, el artista comulga con el mundo exterior a través de la materialización de su obra. La humildad y sencillez, así como la constancia y esa voluntad férrea que le caracterizan, han conseguido que este pintor vaya dejando, en el conjunto de su obra, una muesca profunda de su personalidad.
«La vida está hecha de ladrillos heterogéneos»,
nos comenta con los ojos tendidos al sol, contemplando el caminar de los peregrinos. «
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar-¦».
Su alma de poeta discurre a través de la curva de la espalda, la bota gastada y todas las miserias que se almacenan, como alhajas, en sus mochilas.
«No puedes pararte»
. No te queda más opción que reaccionar-¦ porque te vas quedando sin nada.
«-¦al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»
. La huella es el olvido-¦ y el olvido, como diría Borges, es la cara secreta de la memoria.
En todo hombre coexisten dos premisas que rigen su existencia: la aspiración al arte y el ansia de poder. Así como la primera nos parece encomiable, la segunda es desestimada porque ataca nuestra vanidad y evidencia nuestro deseo animal: la dominación. Pero es bien cierto que somos animales territoriales, cuya actividad consiste en buscar la protección y el halago, en ascender en la pirámide social y en llevar una vida sexual activa. Para ello, intimamos y seducimos, nos aferramos a valores como el deber, el bien, el mal, la civilización, el amor-¦ Pero, en lo más profundo de nuestra naturaleza, reconocemos que todas las creencias inculcadas a través del conocimiento y la cultura que nos vende la sociedad moderna, responden a intereses jerárquicos y-¦ por consiguiente, están abocadas al fracaso.
«No hay ningún artista que hable sólo de arte, hablan de su vida»,
decía Gloria Moure.
El caminar
es el título que recoge los últimos trabajos de Rosendo García Ramos. Y en esta ocasión, la reflexión que nos ofrece en sus cuadros nace de las convicciones más profundas del artista. La huella que el hombre va dejando en su camino, fruto de sus vivencias, es la protagonista.
«Caminante, son tus huellas el camino y nada más-¦»
. El camino es un pretexto para perderse o encontrarse, pero siempre supone un punto de inflexión en el que se trastoca lo cotidiano y rutinario por lo imprevisible. El hombre moderno vive reconstruyendo, a diario, su identidad de adulto, ensamblando ese engranaje frágil, efímero y superficial con el que cotiza sus días. Todos nos amarramos, como lapas, a las pequeñas mentiras que volcamos en el espejo cada mañana para vestir la desesperanza que nos asola cada noche. Hay que reconciliarse con los recuerdos y airear los demonios que nos corroen. Pobres de aquellos que creen conocer el mundo sin tener en cuenta la limitación de su conciencia, porque
detrás de cada déspota existe un hombre débil que ha construido un mundo de negación para compartir el dolor que le asola
y detrás de cada ególatra, un girasol ciego.
La naturaleza, su último destino
Todos llevamos escrita en nuestro código genético la fuga hacia delante.
Contemplamos el eterno retorno, la huella de Sendo hundiéndose en la aridez de la tierra maragata, esa tierra fría, devastada-¦ y a veces inhóspita, donde el ser humano que tantas veces ha permutado los valores, anteponiendo la palabra al hecho, ahora se encuentra con la naturaleza, su último destino. El fin está en el sendero. Cada paso de hoy forma parte del mañana. Los tropiezos son buenos para aprender y la vida no es más que un continuo aprendizaje. Figuras encorvadas dan la espalda al pintor, perdiéndose en el espacio y en el tiempo. Nadie conoce los vientos que barren las derrotas.
«La obra son transcursos de tu vida, tubulares con vivencias
», resume el pintor.
«El futuro no lo puedes captar»
. Todos sus cuadros constituyen una apología del ciclo vital, que se refleja a través de dos hechos concretos: el movimiento y la descomposición. En sus primeras obras, mediante movimientos dinámicos en planos neutros, intenta congelar la velocidad. La muerte, reflejada en la distorsión de la cabeza de un caballo, nos evidencia el dramatismo de la existencia. Ese afán por la visualización de la erosión, la traslación y la descomposición de la materia denotan una reconciliación con sus raíces. El tiempo y la memoria son los pilares sobre los que amasa sus vivencias.
Con singular dominio de la técnica y sirviéndose de trazos enérgicos con movimiento controlado y un cromatismo luminoso, consigue conferir a la obra el valor de lo auténtico y nos lo hace llegar con esa sensibilidad exquisita de los que saben descubrir el alma de las cosas pequeñas y despertar los recuerdos. Los objetos humildes cobran vida y dejan de ser simples deshechos para convertirse en testimonio sugestivos. El color actúa como revulsivo en nuestra retina y transforma nuestra mirada opaca en otra llena de sensaciones y emociones. Sus composiciones, siempre estudiadas, ponen de manifiesto un espíritu perfeccionista, guiado por un deseo inacabado. Persiste en sus temas, queriendo extraer la esencia, deshojando todas las posibilidades que evidencien su estado de ánimo y los condicionantes que marcan su existencia.
Toda la fuerza que se esconde en sus ojos pequeños custodiando la luz de Lisboa, el desmantelamiento de la infancia, el movimiento en el ciclo vital, el desgaste del tiempo, los viajes, el eterno retorno, el camino inacabado, evidencian los rotos de un hombre que se sabe dueño de su historia y que sigue disfrutando de la vida, reconociendo que su existencia es como
«un edificio en proyecto, un barco a la deriva, un destape de esencias, un puerto moderno, el proceso de vivir en la red contra viento y marea o las páginas en movimiento de la edad congelada, porque-¦ aireando la memoria, con el corazón al sol, nos descubre que todo lo que pueda imaginar-¦ existe».