Diario de León
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León

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P endilla aparece ya como recostada en el valle: al Norte la campa de la Barrosa, la Sierra y el Portillín de Escuena, la llana de Panandrés y la collada Pandieche, y al Oriente se advierte durante medio año nevado el pico Cuérravo. Debajo queda la majada del Prado y más lejos el soberbio Pico de los Tres Concejos, de donde sacaron la piedra para construir la Colegiata de Arbas.

Una labra heráldica ennoblece una fachada: tiene cuatro cuarteles, un caballero con oso, roble y lobo, un árbol y un caldero, y en otro cuartel un castillo. Pertenece a 1704, y representa lar armas de los «Bega» y los Canseco, según reza en la cartela.

La iglesia se emplaza como un vigía en la parte alta de la aldea. Sus campanas son de bronce, pero no hay acceso fácil a las troneras. Un arco de piedra invita a entrar en la nave del templo, con arco fajón en su mitad, y el techo del presbiterio muestra una bóveda de cañón. En ambos muros hay lucillo, en uno un Cristo dieciochesco y en el otro un San Antonio de la misma época. El retablo es neoclásico, pintado en negro y dorado. Se veneran las tallas de Santa Rita, la Asunción del XVIII, con festividad el 15 de agosto. Tienen una pendoneta de San Roque, que acompaña la comitiva de los entierros». Es ésta una visión rápida, de conjunto, sobre Pendilla, el pueblo que, perteneciente al Municipio de Villamanín, está en una desviación de la carretera que conduce a Pajares, poco antes de llegar a la Colegiata de Arbas, esa delicada filigrana románica. El autor de este trabajo, Matías Díez Alonso, nos habla, sobre todo, de cómo «Felipe II necesitaba dinero para las guerras y para recaudarlo vendió cuanto pudo, alcabalas, señoríos, todo con un Breve que obtuvo del Papa Gregorio XIV para desmembrar villas y lugares sujetos a prelados y abades, y como consecuencia de ello estos Lugares de Arbas se hicieron de Realengo, se les facultó para elegir sus justicias, escribanos, procuradores, merinos, con plena jurisdicción en los criminal, y hasta diez mil maravedíes en los civil en primera instancia, y en segunda instancia con apelación a la Chancillería de Valladolid». En las Declaraciones de Pendilla se halla la copia del documento, que se transcribe en las páginas correspondientes. Con estas referencias históricas como fondo, quizá el lector se anime a viajar por aquellos parajes, con la seguridad de que sí conocerá una de las zonas más hermosas de estas tierras.

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