4. Atalayas
F lamantes perspectivas a lo Beverly Hills, nuevos horizontes en los que cornisas, pináculos, tejados y campanarios se han transfigurado en alineados postes cimentadores de moradas para las supervivientes de aspas, cables y antenas que desde África, regresan. Modernas atalayas desde donde observar el tiempo, en un espacio que fue de encinas, robles, tejos o pinos, ahora habitado por arena.
El campesino ya no está, ni sus semillas, sus trigales, sus aperos, su ganado... los hijos.
Arenas del desasosiego sin gusanos, reptiles o anfibios que llevarse al estómago... sólo desperdicios de basuras, colman la despensa. Desconocidos alimentos nutren a las nuevas parejas y a sus recientes retoños en un hogar, adornado ahora con brillantes cristales de colores y con latas y plásticos trenzados a ramas que a veces mueve el viento que trae la nueva fragancia que exhalan los muchos tubos que rugen sobre el cercano asfalto al compás de un pedal.
Son las nuevas colonias para los nuevos tiempos, en los que sin embargo, la belleza consigue crear para nuestras pupilas hermosos paisajes, al son del melódico crotorar de las cigüeñas.