Dignificación literaria de los recuerdos rurales
Resulta curiosa la abrumadora proliferación de memorias rurales, escritas casi siempre por autores que se formaron en centros religiosos y se hallan ahora jubilados. Se trata sin duda de los frutos sociológicos de un momento determinado de la posguerra. Es curioso también comprobar cómo, normalmente, se recogen recuerdos surgidos de experiencias comunes. Felizmente, no es éste el caso de la obra de David Fernández Villarroel, que en Ver nevar recrea muchas de las situaciones aludidas, pero tramadas en una cuidada estructura novelesca. La honda condición intelectual del autor se hace evidente en ciertos detalles: la división en tres bloques (con lemas poéticos de Antonio Machado, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández), la exaltación de la afición lectora de Miguel, el protagonista, y la utilización del recurso del manuscrito encontrado.
Dicho recurso se justifica con detalle en el epílogo, donde se explica cómo Antonio Colado, un sobrino del protagonista del libro, es el depositario de tres cuadernos, soporte argumental de la obra. En ella se narra la vida de Miguel (muerto, según la referencia del autor, en 2008) y cuyas tribulaciones vitales comienzan antes de la llegada de la Segunda República. Su infancia se desarrolla especialmente en el pueblo leonés de La Braña, pero no falta la experiencia extremeña, donde tiene que ir de motril a la trashumancia. La infancia (con su obsesión por la lectura y el afán por llegar a ser escritor) y la guerra, son los dos momentos decisivos de su vida. En ambos, además de sus padres y su hermana, la atracción por Martina es una feliz e invariable obsesión. A ella van dedicados los mejores recuerdos, los primeros poemas y casi una centena de cartas escritas en el destierro extremeño de la trashumancia.
El retorno de Miguel a La Braña (ocho años después de que haya finalizado la guerra, momento en que tendrá contacto con un misterioso oficial y vivirá una experiencia emocionante con el poeta Miguel Hernández) es un retorno a la derrota más triste, la derrota humana. El padre ha muerto, la madre sobrevive en condiciones psicológicas penosas y han muerto también don Liborio el cura y don Melquiades el maestro. Especialmente doloroso para Miguel es comprobar que Martina no es la Martina de sus sueños. Incluso hasta lo de «ser escritor», es de repente para Miguel un motivo de tristeza. Con todo, quedan sus confesiones, elaboradas con detalle y, sobre todo, con gran belleza en muchos de sus pasajes. Esta es la diferencia de Ver nevar respecto a tantas memorias rurales, cuyos autores no han sido capaces de sublimar el verso machadiano-¦ «la carga bruta que el recuerdo lleva». Y David Fernández Villarroel lo hace con plasticidad y lirismo.