«La literatura trabaja en cámara lenta, tarda en procesar experiencias»
-”En la última novela haces una desgarradora radiografía de la juventud norteamericana y de su sociedad en general. Es un retrato descarnado de la violencia de una sociedad que se creía triunfadora. ¿Crees que esta historia podría suceder en otro país?
-”No hay sociedad que sea inmune a la violencia. Lo que hace particularmente norteamericana esta historia es que a los impulsos violentos de los personajes se añade la facilidad para conseguir armas de todo tipo. También, en Estados Unidos el individuo se encuentra muy solo, muy aislado, y lo que a veces es su gran virtud -“el aislamiento produce genios excéntricos, tipos talentosos que reman contra la corriente- a veces es también su gran defecto -“el aislamiento produce gente desequilibrada sin que nadie se dé cuenta de ello-. Lo que en otras sociedades puede quedarse en el nivel de la fantasía, la forma de vida de los Estados Unidos, la defensa intransigente del derecho a portar armas, hace que esto pueda convertirse muy fácilmente en realidad.
-”Hasta ahora, Bolivia era el espacio donde se movía gran parte de tu obra. ¿Qué supone este cambio no sólo físico sino de interés temático y lingüístico?
-”La literatura trabaja en cámara lenta, tarda en procesar experiencias. Tuve que vivir veinte años en los Estados Unidos para animarme a novelarlo. Al haber vivido tantos años aquí, mi mirada sobre esta sociedad se ha sedimentado más, y eso me permite tener una relación algo privilegiada con mi material narrativo: es algo que miro de afuera, como un extraño pero que también puedo comprender desde dentro. La nueva novela que estoy escribiendo también transcurre en los Estados Unidos. Y sí, es fascinante, después de haber escrito siete novelas ambientadas en un país pequeño como Bolivia, toparme de pronto con este país-continente, una máquina enorme para generar narrativas.
En cuanto al lenguaje, lo quiero vivo, evolucionando constantemente; el desafío para mí es encontrar un castellano capaz de dar cuenta de la experiencia norteamericana, dispuesto a nutrirse de palabras y giros del inglés para enriquecerse, pero que no suene falso, impostado. Hay otros caminos además del Spanglish para el español en los Estados Unidos.
-”En Los vivos y los muertos recreas literariamente un hecho real y te nutres de los valores del nuevo periodismo-¦
-”Cuando me enteré de la historia que da origen a la novela, me impresionó mucho, por su cercanía geográfica (todo ocurrió en un pueblo a veinte minutos de donde vivo) y personal (la madre de una de las chicas que murió era compañera de trabajo de mi ex-mujer). Al principio, quise ir al pueblo, hablar con la gente, hacer una novela de «no ficción». Sin embargo, un día hace cuatro años, comencé a escuchar en mi cabeza las voces de los adolescentes. Y de pronto me di cuenta que, tenía, de golpe, toda la estructura narrativa de una novela. Me había pasado esto al escribir cuentos, no con una novela. Así que decidí meterme a la novela, hacer caso a esas voces, respetando en la medida de lo posible la historia original pero alterándola cuando fuera conveniente (por dar un ejemplo: todo ocurrió en 1996, pero yo trasladé la historia al presente, porque sentía que entendía más a los Estados Unidos de hoy que al país de hace diez años).
-”Además de un sobrecogedora visión de la violencia y las fisuras del «sueño americano», ¿es una honda reflexión sobre la pérdida?
-”La primera versión de la novela era más policíaca, al comienzo estaba fascinado por el aspecto sensacionalista de la historia, por la violencia y la sangre. En las siguientes versiones me fui metiendo más y más en la piel de los personajes, y la novela dejó de ser tan policíaca porque me comencé a preguntar qué era lo que sentían esos adolescentes que habían perdido a sus hermanos, a sus amigos, a sus padres. Cómo era convivir con muertos. Qué significaba la pérdida. La novela es para mí tanto un relato realista sobre la violencia y la pérdida como una crónica policial y un cuento de fantasmas.
-”En Los vivos y los muertos incluyes una considerable cantidad de referencias musicales, grupos alternativos en inglés, incluso reproduces parte de las letras de las canciones. ¿Escuchas a este tipo de grupos o tan sólo es algo que conoces por influencia de los medios? ¿Qué tipo de música sueles escuchar?
-”Los escucho todo el tiempo. Soy fanático del rock y el pop en inglés, y sentía que algunas canciones iban de manera muy natural con la novela, calzaban con las angustias de los adolescentes, con el paisaje desolador. Me gusta mucho el rock-pop melancólico, grupos como Death Cab, Snow Patrol, Dashboard Confessional. La idea era que la novela transmitiera, entre otras cosas, las sensaciones de un adolescente torturado, que escucha música en su habitación con las luces apagadas.
-”En el libro mencionas con frecuencia distintos tipos de comunicación por Internet: chats, myspace -¦ Sé que desde hace tiempo tienes tu propio blog . ¿Participas también de otros recursos virtuales? ¿Cómo crees que refleja todo esto la época en que vivimos y la manera de comunicarnos?
-”¿Otros recursos virtuales? Bueno, estoy muy conectado a las redes sociales vía el Facebok-¦ Lo que me interesa de estas nuevas vías es la forma que tienen de comunicarnos y desconectarnos a la vez. Eso también quería explorar en la novela, por eso me interesaba ambientarla en el presente: el Internet está ahí, los chicos están muy conectados, hay una sensación de comunidad, y sin embargo todos viven en la soledad más profunda.
-”En la feria de Frankfurt se ha hablado mucho sobre el futuro del libro, el posible relevo del libro digital y los nuevos formatos. ¿Ves una posibilidad real de que se produzca este relevo a medio-corto plazo? ¿Qué opinas de la lectura digital? ¿Te ves leyendo un libro en una pantalla en vez de en papel?
-”En el corto plazo, habrá una convivencia de medios. En el medio-largo plazo, es inevitable que el e-book termine asumiendo más preponderancia que el libro impreso. A mí no me molesta la lectura digital, siempre y cuando se encuentre un formato, un sistema que no sólo reproduzca sino que también mejore la experiencia de la lectura de un libro impreso. A veces, por cuestiones de una reseña urgente, he tenido que leer libros en una pantalla. Por ahora, si se trata de novelas, prefiero el papel; las largas distancias todavía no funcionan bien en la pantalla.
-”¿Hasta dónde ha penetrado en ti la sociedad y la cultura norteamericana? ¿Cuánto crees que hay en tu literatura del hecho de llevar viviendo veinte años en los Estados Unidos?
-”Hay cosas que te influyen sin que te des cuenta, por el solo hecho de vivir en un país. Lo importante para mí de Los vivos y los muertos es eso: no tanto la influencia norteamericana obvia (los libros, la música) sino aquello más intangible, lo que pude captar en estas dos décadas y que aparece en la novela sin que yo me dé cuenta de ello.
-”¿Cómo llevas el hecho de ser escritor y profesor al mismo tiempo? ¿Crees que son dos actividades complementarias que consiguen alimentarse la una a la otra? ¿Cuál de ellas te sería más difícil abandonar?
-”Me encanta enseñar, pero es algo que podría dejar de hacer sin problemas. La escritura, en cambio, es una vocación muy profunda, algo que no me imagino dejando. La escritura y la enseñanza a veces se llevan muy bien, dialogan entre sí, aprenden cosas una de la otra; otras, todo se pone más tenso, y aparece una cierta esquizofrenia. Está bien que sea así: la tensión interna siempre ayuda a la creatividad.