Diario de León
Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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Desmesurada resulta la mayoría de las escenas y situaciones de esta novela de Daniel Sada, escritor mejicano de larga trayectoria literaria. Desmesuradas porque en el tono de la obra, planteada más que como una novela de amor, pasiones o sexo (de todo hay en ella), esos elementos quedan desbordados por el tratamiento narrativo. Sería un error que el lector esperara encontrarse con una novela de amor tradicional. Casi nada está concebida como un juego literario en el que la caricatura, la hipérbole, el tratamiento esperpéntico y grotesco son elementos presentes. Incluso el estilo de Daniel Sada colabora a esta visión bufa de lo narrado: no se trata de un estilo convencional sino de visiones relampagueantes, descarnadas, impresionistas-¦ completadas con observaciones personales del creador, y cierto sentido metaliterario. Son acotaciones personales, puestas en primera persona de plural con las que el autor parece abandonar el escenario, la situación o el retrato de los personajes. Como si se tratara, aparentemente, de algo accidental o innecesario.

La historia se enmarca en el sexo. Un comienzo in medias res y un final que recordando una posible concepción del mismo («El sexo, compromiso. El sexo: rutina. El sexo: convención») se remata con una larga repetición, escrita en vertical, de dos verbos básicos en la consumación del acto, para terminar con la expresión «puro alivio». Aunque son varios los personajes, el esencial es sin duda el agrónomo Demetrio Sordo, un técnico agrícola que vive en la ciudad mexicana de Oxaca, por los años 1945 y 1946. Aburrido de su vida con su madre doña Telma, Demetrio Sordo probará fortuna sexual con Mireya, una prostituta que le dará sesiones apasionadas. El oficio maternal de doña Telma conseguirá llevarlo a una boda a Coahuila, para que conozca muchachas casaderas. Renata Melgarejo será, desde ese momento su obsesión. De forma un poco esperpéntica, el agrónomo Demetrio conseguirá, bajándose del tren en que viajan, abandonar a Mireya, que le ha confesado su embarazo. La liberación será sólo relativa: caerá en las redes de Renata, pero sobre todo en las de doña Luisa, su madre, símbolo grotesco de la madre asfixiante. Buena parte de la novela es la crónica de las dificultades y obstáculos que el protagonista tendrá que salvar para hacerse acreedor de la mano de Renata. Los obstáculos y exigencias de su madre serán un esperpéntico viacrucis para Demetrio. Ni siquiera la celebración de la boda será salvoconducto posible para consumar el matrimonio. Todo es una carrera ridícula de obstáculos en los que, paradójicamente, la lentitud y minuciosidad que doña Luisa impone es lo más llamativo. Por ello, nada de lo que Demetri Sordo ha hecho tiene importancia. Ni su trabajo en el rancho, ni su dedicación al juego, ni el negocio floreciente que monta, el robo que sufrirá-¦ son sólo el contexto de estas esperpénticas situaciones.

Esta atmósfera asfixiante y lenta tiene su contraste en las páginas finales, presididas por un dinamismo léxico de gran expresividad. «Puro alivio» son las palabras que cierran la obra. El mismo alivio que siente el lector al ver a Demetrio Sordo en su papel. Papel que lo convierte en un personaje de una novela iconoclasta y llamativa, regenerando así los tópicos habituales del amor.

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