Del lago de Carucedo a León
PÍO BAROJA
D e Castro-Caldelas marchamos a gran velocidad, bordeando el Sil, a Carucedo (León). El lago de Carucedo se encuentra al lado de la carretera. El lago es pequeño. Está entre montes áridos, y en las orillas hay muchas espadañas.
De este lago tenía yo un recuerdo romántico, por haber leído de chico una novela de Enrique Gil, titulada El señor de Bembibre . Bembibre tiene un castillo arruinado y una iglesia que fue sinagoga. El lago de Carucedo, al parecer, se achica mucho en verano.
En la orilla hay una barca, ancha y plana, con su palo y su vela caída, y una escalera, puesta horizontalmente, para pasar a la barca. Un muchacho nos invita a dar una vuelta a la laguna.
Es tarde. Seguimos nuestro camino y llegamos a Ponferrada.
P onferrada, sobre el río Sil, tiene aire de ciudad señorial, con su iglesia gótica, sus arboledas y su gran castillo con sus torreones en lo alto. Este castillo parece que fue de los Templarios. La parte baja del pueblo, a orillas del río, es más humilde y proletaria.
Comemos en una fonda, donde nos amenizan la existencia unos viajantes catalanes, que no paran de hablar y de discutir a gritos.
De Ponferrada tomamos hacia el Norte, hacia El Bierzo, por una excelente carretera, y después vamos en busca de León, por otra calzada, ya peor, que pasa por Villablino, Murias de Paredes, Riello, etc.
El cielo un poco gris y el ambiente nebuloso armonizan bien con las grandes praderas verdes y con los montes lejanos, velados por ligeros cendales de niebla en las cumbres.
Por aquí pasó Gómez, pero no dejó rastro de su paso.
Están recogiendo el heno en los prados.
Una bella campesina, fuerte y sonriente, de aire gótico, y una hilandera, vieja y cabizbaja, se acercan a nuestro auto, y el fotógrafo las retrata.
S i Gómez siguió en línea recta, camino de León, debió de pasar por Sariegos.
Sariegos es un pueblo pobre, de adobe. Para llegar a entrar en esta aldea hay que cruzar un paso a nivel, meter el auto por un charco y marchar por un sendero detestable.
A la entrada hay una casa pequeña moderna, tienda de comestibles y panadería, llamada El Desengaño.
¡El Desengaño! ¡Qué título para una tienda! Hay que suponer que el que construyó la casa y puso la tienda no tuvo éxito. Si hubiera sido escritor o poeta, hubiera hecho una novela o un poema y atribuido su desengaño a una bella dama.
De Sariegos, Gómez se dirigió al barrio de Trobajo, de León, y entró en esta ciudad.
L eón, Legio septima gemina , de los romanos, es hermosa ciudad, con una magnífica catedral.
León no debió de recibir a Gómez con tanto regocijo como Oviedo y Santiago. Los carlistas se incautaron de lo que pudieron. Se les presentaron doscientos voluntarios, a quienes se les puso como mentor a don Marcelo Francisco García, que les dio instrucciones.
Descansaron el 2 y 3 de agosto, y pensó Gómez en volver a Riaño y esperar allí a Espartero, a pesar de que éste le había vencido, con Alaix, en las alturas de Éscaro.
Gómez, al abandonar León, se dirigió al Norte, pensando en preparar una emboscada a las tropas liberales en el puerto de Tarna, emboscada que no tuvo éxito, y que terminó de manera poco feliz para él.
No es cosa de desandar lo andado, y le buscaremos al jefe carlista a su vuelta, cuando se decidió a pasar a Castilla.
Marchamos por la carretera de Valladolid, y nos desviamos a Albires, para seguir por Santorcaz del Campo a Carrión de los Condes (provincia de Palencia).
(De Obras Completas ,
Pío Baroja.
Tomo VII. Memorias,
«Reportajes»)