Profunda y rigurosa deducción teológico-moral del converso
Pablo de Tarso: El intérprete más adecuado de Jesús
Felipe Fernández Ramos. Edición del autor. Impr. Kadmos, Salamanca, 2009, 294 pp.
VICENTE M. ENCINAS
Felipe Fernández Ramos, lectoral de la Catedral de León y ex catedrático de la Universidad de Salamanca, es uno de nuestros teólogos biblistas en línea paralela a Cipriano de la Huerga, Gaspar de Grajar... En esta obra, sobre Pablo de Tarso, sobresale por un proceso de análisis cartesiano-matemático de una transformación o metamorfosis, en límites extremos y pendulares, que surgen de la conversión de San Pablo. Las conclusiones e imperativos, que se desprenden de este análisis, se asemejan a la necesidad categórica que Spinoza y Kant formulan en sus éticas geométricas y obligadas, ubicados, claro está, en un círculo apasionante y difícil que encierra la teología, la Biblia y la psicología.
La figura de un Pablo financiero y mercantil, se nos entrevera dentro de la tipología de un hombre con ideas inquebrantables, pétreas e intransigentes en sus principios, que lamen las raíces del fariseísmo y fanatismo. Pablo «es un teólogo biblista judío de pura sangre». En el camino de Damasco, la revelación boreal del Profeta de Nazareth le convierte «en el teólogo biblista cristiano de pura sangre». A partir de este momento, F. Ramos extrae, con lógica implacable e irreversible, la grandeza y traspaso de la personalidad paulina y la interpretación del mensaje de Jesús hasta el abismo de su significado. Arrancando de este núcleo fundamental, una especie de big bang místico, F. Ramos a través los capítulos va desgranando, en una evolución escalonada e irrefutable, la trayectoria psicológica que transforma al Apóstol y sus vivencias teológicas. El Evangelio será para Pablo «la única realidad de que vivía», el único destino que le comprometía necesariamente, la única invasión que le transformaba en absoluta identificación plena y posible. Esta permuta brusca, repentina e insondable le acarreará el odio de «sus antiguos correligionarios y también de los judeocristianos». Pero Pablo lo sorteará con su canto sublime a la amistad, que encabeza el bello y primer capítulo de este libro. Asumido el Evangelio, a pesar de todas las intrigas, Pablo de Tarso mantendrá y mostrará el Evangelio en toda su pureza y lo liberará de adherencias procedentes de otras culturas religiosas. Mantendrá a raya a los helenistas, luchará contra su marginación en la Iglesia oficial, contra el conservadurismo fariseo-cristiano (aviso para navegantes), desjudeizará al Dios Yahvista, justiciero, vengativo y mítico y aparecerá el Dios de la paz, salvador, libertador, el Dios de la gracia, de la paternidad evangélica y estos conceptos los propulsará al universo de los hombres, donde una vez asumidos nacerá el hombre nuevo: el hombre revestido de una nueva imagen. La nueva vestimenta no impregnará del olor de la muerte, sino de la victoria sobre ella, porque conlleva exigencias éticas, que crearán la nueva vida moral, manifestada en el Evangelio. Pablo de Tarso se convierte así, en el intérprete más cualificado de Jesús. La portada del libro reproduce un lienzo que Vela Zanetti pintó para el autor y que refleja el contenido de la obra, como expresión e interpretación antropológica y psicológica de la figura de Pablo de Tarso.