Diario de León
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NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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El viajero del mundo

Andrés Neuman. Premio Alfaguara de Novela 2009. Ed. Alfaguara, Madrid, 2009. 532 pp.

D e summa literaria inesperada debe considerarse El viajero del mundo , la novela con la que Andrés Neuman ha conseguido el Premio Alfaguara 2009. Inesperada sobre todo por la juventud del autor, cuyo proceso creativo está ya presente en obras anteriores. La novela presenta atractivos suficientes como para considerarla obra de envidiable originalidad y, especialmente, portadora de un sustrato cultural impensable en un escritor joven.

La sinopsis argumental no presenta dificultades especiales: Hans, «un viajero enigmático» llega a la ciudad alemana de Wandernburgo, escenario geográfico de los acontecimientos históricos y culturales de la segunda mitad del siglo XIX, posteriores a la caída de los ejércitos de Napoleón. El lector ignora cuál es su objetivo, pero, a medida que avanzan las páginas, comprobará que el viajero es un personaje de admirable personalidad y cultura. Llega a la pensión del señor Zeit (cuya hija Lisa tendrá una importancia decisiva en la obra en relación con Hans y con Álvaro, su amigo español) y en la misma ciudad conocerá a otros dos personajes relevantes: en el plano humilde, al «organillero», robinsón en una cueva de la montaña y consejero de la andadura humana de Hans. En el medio aristocrático aparece el señor Gottlieb, en cuyo domicilio se celebran rutilantes reuniones de salón intelectual. Es un escenario en el que se sitúa una doble actividad. La primera tiene que ver con las reflexiones y referencias culturales de la Europa del siglo XIX, en cuyo desarrollo Andrés Neuman exhibe un profundo conocimiento. La segunda es de orden íntimo, con el amor que surge entre el viajero Hans y Sophie Gottlieb. Sus destinos estarán unidos por este doble conducto: su irrefrenable pasión personal y su afán por el trabajo compartido de traducir los poetas alemanes para una editorial inglesa. Los comentarios sobre su trabajo como traductores, simultaneado con actitudes eróticas, se transforman en los pasajes tal vez más bellos de la obra. Su relación sentimental queda alterada sin embargo por la presencia de un amor convencional, dado que Sophie Gottlieb está comprometida con Rudi Wildehaus. Se plantea así el concepto del amor pasión y el compromiso tradicional, resuelto por Andrés Neuman de forma original.

La actitud personal de Hans tiene también un referente ine-ludible en el personaje del organillero, habitante de la naturaleza, casi un primario Fray Luis. Hans no necesita consejos, pero las observaciones y la relación con el eremita profano serán decisivas, como se comprueba en las páginas que el autor dedica a la agonía del músico, pasaje final del bloque cuarto de la obra, «Acorde oscuro».

El bloque V, «El viento es útil», cierra de forma simbólica El viajero del mundo. El viento recorre todo el perímetro de la ciudad de Wandernburgo, recordando la vida pasada de los personajes, pero especialmente la imagen de Sophie, «a la espera de la llegada del próximo carruaje» y de Hans que sólo se lleva «un estuche de madera con un organillo dentro». Ambos son el símbolo final, casi la alegoría en la que culmina una novela excelente, plena de registros narrativos, complejos y originales.

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