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JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Biblia de Pobres (Biblia Pauperum)

Juan Manuel Roca. IX Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor, Madrid, 2009. 84 p.

Como se indica en nota, la «Biblia Pauperum» eran grabados en madera con breves leyendas en latín con destino a los pobres. No es un título vano para este notable poeta colombiano, Juan Manuel Roca, narrador y ensayista también, pues su Biblia de Pobres da vida poética a algunos de esos desposeídos que agreden y cuestionan nuestra conciencia de bienestar: mendigos con heridas en el cuerpo y en el alma, antihéroes con íntimas derrotas, hambrientos con la tristeza del pasar... Más aún: el poeta desdobla a esos seres para personalizar sus penas y penalidades: «Cuando se desdobla la soledad / Cuando bajaba su máscara de proa, / Yo la invitaba a un paseo por la playa»; el hambre («Llevaba el hambre por ahí...»); «la malherida, la sorda, la maltrecha esperanza»... No es extraño que todo un poema hable del rencor que anida en los despreciados por la sociedad, un rencor secular: el rencor de los pobres, de los presidiarios, de los indios..., toda una patria de desposeídos en la que crece la oleada rencorosa.

No todo el poemario camina por ahí, pero en ese tramo es una poesía de entraña emocional brotada de esos seres que sirven para que los demás no tengan que servir. Pero esta poesía no cae en el panfletismo ni en la denuncia fácil, sencillamente porque se trata de verdadera poesía y se contenta con tocar las fibras de la emoción compasiva por el que está junto a nosotros «en el mundo de las lástimas» y por uno mismo. De la tristeza que anida en los ojos de los pobres emerge una sutil melancolía. Lo dicho hasta este momento nos habla de uno de los varios registros de la poesía del colombiano, que muestra, además, una clara conciencia de lo que es ser poeta hoy en el «Palimpsesto desde Rimbaud» («Escribo sobre palabras escritas / En la piel de otras palabras»; que no oculta sus múltiples lecturas (Rilke, Eliot, Kerouac, Kafka...) y que con musa amplia, construye rezos y antioraciones, algunos juegos líricos, algún monólogo dramático y hasta una brevísima, pero sugestiva «Parábola del vacío en la que «El predicador / Demandó a sus fieles / Que pusieran / En el saco de limosnas / Lo que poseyeran de más. / Lo llenaron de vacíos».

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Aunque a veces se tenga la sensación de que el poemario, más que libro organizado como tal es un agregado de poemas, uno no puede menos de admirar la capacidad de un poeta como Roca para dar la palabra a los que no la tienen y de suscitar inquietudes y también sueños, atendiendo al dicterio del poeta de que «la poesía es un sueño provocado».