BREVÍSIMO
Pensar y decir
ALFONSO GARCÍA
L ean titulares de prensa. Y verán con cuánta frecuencia los políticos de turno -“cualquier generalización es, además de injusta, falsa- hablan de «exijo que...», «exigimos urgentemente la supresión-¦», y perlas de semejante tono. Siempre exigen a los otros. ¿Por qué nunca se exigen a sí mismos? ¿Será por acallar la voz de la conciencia, de la mala conciencia? Pregunto.
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Veo en los papeles dos, tres, cuatro-¦ fotografías de la(s) misma(s) persona(s) en otros tantos lugares y momentos. Y en cada uno de ellos, con ópticas políticas y temáticas diversas, hablan con la suficiencia de la arrogancia. Además del don de la ubicuidad hay que añadirles el de la sabiduría. Les hacemos (¿) creerse salvadores de la patria cuando en la vida civil nunca tendrían nada que decir. O muy poco. Algo huele a podrido, a muy podrido.
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Las Cajas de Ahorro están llenas de cadáveres políticos en puestos claves. Y si no hay una plaza más, se inventa. Los impositores deberíamos ponerlos en la calle, y con cajas destempladas, muy destempladas, para que rijan los destinos de nuestros dineros profesionales, no advenedizos del sueldo y a sueldo.
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Los periódicos acabarán no interesando más que a la clase política, cada día presencia más exclusiva en los medios. Y se quejan de que cada día interesen a menos sectores de la población.
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Para evitar tanta presencia política, agobiante, y bailando permanentemente las aguas, la publicidad institucional debería someterse a algún tipo de normativa legal, precisa.
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Cuando a alguien sólo le quedan en la vida dos caminos, la poesía o el silencio, el drama está servido. La poesía es la palabra encendida. El silencio es la muerte anunciada pero lenta. El caso es que la palabra que nos queda por decir entonces es uno de los versos más conmovedores. La mirada está así encendida de significados. La pausa silenciosa es esencial en la poesía.
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El asunto no consiste en hacer mucho, sino en hacer bien lo que se haga.
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Creo que fue el poeta Bertolt
Brech quien dejó escrito esto: «Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan años y son mejores, pero hay hombres que luchan toda la vida, esos son los indispensables».
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«El gran problema del ser humano es la intolerancia». Me lo dijo una joven limeña, a la que respeto, sobre todo, por la sabiduría del saber estar, Cinthia Benaducci.