CARTELERA DE CINES

Las ‘Habitaciones privadas’ de Peri Rossi

La escritora y poeta uruguaya Cristina Peri Rossi.

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León

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Libros carmen sigüenza

Acaba de salir de un hospital de Barcelona, donde ha estado ingresada casi un mes por una infección pulmonar, pero la uruguaya Cristina Peri Rossi no pierde la pasión para hablar de Habitaciones privadas, el libro de relatos que acaba de publicar. «Un acto de rebeldía frente a mundo», dice. Con Habitaciones privadas (Menos cuarto ediciones) la escritora afincada en Barcelona obtuvo el premio NH-Mario Vargas Llosa hace un par de años, pero ve la luz ahora, aunque en este tiempo ha seguido publicando poesía y acaba de terminar una novela, un ambicioso proyecto -explica-, titulado «Espejos circulares» y al que le acompañara un cd con toda una banda sonora.

Todo un trajín creativo que caracteriza a esta escritora nacida en Montevideo en 1941 y exiliada de su país desde 1972. Tras unos años en Francia, Peri Rossi se instala definitivamente en Barcelona, con idas y venidas, pero sin perder siempre su condición de exiliada, que según sostiene, es una circunstancia «que ha modificado el escenario de la narrativa contemporánea».

En conversación telefónica con Efe, la narradora y poeta con más de mil artículos periodísticos a su espalda asegura que se siente mejor, pero muy floja todavía porque lleva en vena toda la penicilina posible.

«Ya he tenido otras experiencias largas en el hospital -relata-, porque tengo los pulmones tocados; y, en otra ocasión, porque me pilló un coche, pero nunca dejo de escribir y, además, me ha servido para tener siempre mucho material y para comprobar que cuando una persona está muy mal, tenga la edad que tenga, a quien llama todo el tiempo es a la madre, es algo impresionante».

Peri Rossi, traducida a más de veinte lenguas, ha reunido diez relatos en Habitaciones privadas, cuyo nexo común es su contemporaneidad, que se desarrollan en lugares cerrados y que todos rezuman una crítica a las consecuencias que tiene «el capitalismo agresivo». Y todos tejidos y envueltos con el humor y la crítica corrosiva que posee la autora de títulos como La última noche de Dostoievski, Aquella noche o El amor es una droga dura.

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La soledad, las relaciones, internet cómo único compañero de viaje hasta el punto de estar deseando llegar a su casa para jugar a las cartas por la web, la mercantilización del arte y una clara intención por defender «que las mujeres escriben con algo más que emociones y sentimiento», son otras de las constantes de este libro. «Creo que muchos intelectuales abandonan los temas contemporáneos y eso me parece un vacío imperdonable».