ª1.La conciencia de las empresas

JOSÉ LUIS DE GOSDOS DÍEZ. Tiene cuatro premios extraordinarios. da clases en la Universidad de León sobre la conducta social de las empresas.

José Luis de Godos Díez en su despacho de la Universidad de León.

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SUSANA VERGARA PEDREIRA | LEÓN
León

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Es, dice, doblemente afortunado. Trabaja en lo que le gusta y lo hace en su ciudad. Es triplemente galardonado. Premio Extraordinario Fin de Carrera, Premio al mejor expediente entre las titulaciones impartidas en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de León y Premio de la Federación Leonesa de Empresarios. Y uno más: Premio Extraordinario de Doctorado. El último. Este año.

Viendo su currículum, se comprende. Todo sobresalientes y luego, por si no fuera suficiente, cum laude en el doctorado. Y, sin embargo, el mayor éxito de José Luis de Godos Díez es «poder ser feliz» con su mujer y su hijo. Y ser consciente de que es un privilegiado. ¿Por qué? Porque, ay, hace lo que le gusta, trabaja en lo que ha estudiado, y lo hace en su país. Triplete de nuevo.

Echando un vistazo a su generación, lo de afortunado sería en superlativo. «Aquí nos hemos quedado algunos, otros se han ido, y otros se fueron y han vuelto...». Y deja en el aire los puntos suspensivos, con lo que significan. «Pero nadie se ha parado», apostilla. «Todos, mejor o peor preparados, seguimos luchando».

José Luis de Godos lo hace desde la Universidad de León, en la que entró para estudiar ADE y de la que ya no se marchó salvo una estancia en la Royal Holloway University of London. Es profesor ayudante-doctor del Área de Organización de Empresas. Ahí ha encontrado sentido a su esfuerzo. «Creo que puedo contribuir a formar a estudiantes, darles herramientas para pensar y avanzar en su vida profesional, y a generar conocimientos sobre la conducta de las empresas».

Es otra visión en un país en el que la cultura empresarial ha estado tradicionalmente anquilosada, por no ir más allá.

Entra de lleno en el concepto de responsabilidad social corporativa «entendida como filosofía de gestión empresarial, que supone que las compañías incorporan voluntariamente criterios sociales y medioambientales en las actividades económicas y en las relaciones con sus grupos de interés, y la influencia sobre ella de algunos de sus principales determinantes, tanto a nivel individual, de los directores generales de las compañías, como organizativo», explica. Y luego concreta aún más: «Las características de los directores generales condicionan su percepción acerca de la importancia de la responsabilidad social corporativa, y dicha percepción, la de esa persona como cabeza visible de la empresa, afecta significativamente al número de prácticas, acciones, iniciativas de responsabilidad social que se desarrollan en la empresa». Acabáramos.

En este área de la responsabilidad social corporativa ha participado junto a sus compañeros en ética empresarial, el gobierno corporativo y la creación de empresas, ha publicado en revistas especializadas y, bajo la dirección de Mariano Nieto Antolín, participa en el proyecto internacional Global Entrepreneurship Monitor (GEM, por sus siglas en inglés) que se encarga de elaborar un informe sobre la actividad emprendedora en la Comunidad Autónoma.

No ahorra críticas. En tres vertiente. Una: «Creo que la política es necesaria para el buen funcionamiento de nuestra sociedad pero también que sobran políticos, en el mal sentido de la palabra, que sólo se plantean “¿cómo hago para que me vuelvan a votar en cuatro años?”, y faltan estadistas que se pregunten “¿cómo puedo hacer que mi ciudad/región/país esté mejor dentro de 20/50/100 años?”.

Dos: «Creo que no es correcto el desarrollo económico que trae mayor desigualdad. No hay que desregular, porque en la ‘selva’ los más fuertes hacen lo que desean, sino regular mejor en las materias en las que haga falta tratando de apoyar a los más desfavorecidos y haciendo que dichas leyes se cumplan».

Tres: «Me indignan aquellas empresas, y que quede claro que son las excepciones, que tengo claro el papel fundamental que la empresa como institución juega en la sociedad, que lucen cromos, que han comprado, que rezan que son buenas, sostenibles, responsables, etc, a las que se les llena su página web de elogios y fantasía, y que, en la práctica, tratan a sus trabajadores como números, intentan engañar a sus clientes, etc, etc, sin nombres, aunque tenemos ejemplos cercanos, lo que llamamos responsabilidad social cosmética».

Y la apostilla: «En cuanto a la educación, sin entrar en leyes ni tasas, un error histórico que me gustaría criticar es la excesiva descentralización, tanto en esta materia como en la sanidad, ambas ‘cuestiones de Estado’, en las que no debería haber discriminación entre unos y otros, que se ha producido. Tratamos de crear un Espacio Europeo, un marco homogéneo y lo que hacemos es que en cada comunidad autónoma se gestionan las cosas de forma diferente y, por el hecho de estar más cerca de la Administración, con una mayor influencia de las ideologías políticas». De nota, también.

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Tiene alguna asignatura pendiente. Una es un sueño. Busca una idea viable y que le apasione para crear una empresa. La otra, dice, una utopía. Escribir. Escribir poesía. Y hasta poder vivir de ello. De la poesía o de la empresa.