La innovación en el barrio

El Inno de León. Roberto Santos CEO de NARúA [@rObersan]

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León

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Vivo desde hace casi seis años en el barrio de la Chantría de León, frente al Parque de los Reyes inaugurado hace 34 años por la reina Sofía, la mamá de Cristina de Borbón que empieza el año teniendo que demostrar que no todos los españoles son iguales ante la ley.

Así, mientras unos se sientan en el banquillo de los presuntamente corruptos, y las sequoias gigantes frente a mi casa ven cómo los gingkos bilobas y los arces desnudan sus cuerpos al son del invierno, la llegada de las lluvias también ha traído con ellas en problema doméstico de lavar y secar la ropa.

¿Quién no ha visto una película americana con escenas de lavandería de barrio?

¿Quién no habrá pensado que ‘eso’ no funciona en España?

Aquí, en la vetusta iberia, ‘la ropa sucia se lava en casa’, que hay temas que no se hablan ‘cuando hay ropa tendida’ (me imagino esta conversación lavando los cortinajes más borbones’, y me parto de risa o me entran los siete males, depende del día).

Pues bien amigos, hace dos meses un empresario que estaba en situación de desempleo’, comenzó como buen innovador a cuestionarse’, el paradigma de que en nuestro país lavamos en casa y decidió montar una lavandería autoservicio para sorpresa del barrio y deleite de aquellos amos y amas de casa que habitamos la Chantría.

Podría decirse que esto no es innovación y en cierto modo es verdad, pues la primera Lavandería Autoservicio se inauguró localidad de Forth Worth, Texas, EEUU, en 1934. En aquellos momentos en nuestro país, Manuel Azaña y Alejandro Lerroux tendían en la colada los gayumbos de un Alfonso XIII (bisabuelo de Cristina) que se autoproclamaba rey en paro en Fontainebleau, Francia. (Dicen en el diario El Mundo que se llevó una fortuna de 16 millones de euros en valor de estos días. Qué valor, ay señor)

Bueno dejemos la ropa sucia y volvamos al lavado automático. En los años 60 se extendió el uso de este tipo de lavanderías por Inglaterra, mientras en España lamentábamos las manchas en trajes, corbatas y vestidos de novia porque había que llevarlas al tinte y, claro está, costaba mucho. Al mismo tiempo nos llegaban películas en inglés que mostraban como los vecinos del barrio socializaban e incluso ligaban en las lavanderías de autoservicio y eso nos llenaba de congoja; aunque se despertara más de una libido enmohecida pensándose protagonista de un meneo a máquina.

A los españolitos la innovación del lavado autoservicio nos llegó en plena crisis del ladrillo, pues disminuyó la venta de artilugios de lavado en casa, al incrementarse la vivienda de alquiler, que en muchas ocasiones carecía de lavadora o secadora, y un buen porcentaje de inquilinos eran procedentes de países americanos donde su uso es más frecuente. Ya que los españoles socializamos más y no nos importa mostrar los trapitos más sucios, se ha evidenciado un auge del sector del Autoservicio de Lavandería que ha cuadriplicado el número de establecimientos desde 2011. Hoy, mientras esperaba a que terminara mi colada, los usuarios de la lavandería del barrio a las dos de la tarde eran 12 personas de 18 a 80 años, que esperaban pacientemente a que los ciclos de lavado finalizasen para seguir con sus vidas.

En este local hay información suficiente para la interacción con tecnología, que es sencilla y está claramente centrada en el usuario, estando incluso las máquinas elevadas del suelo para no tener que agacharse. Sorprende también, cómo se urde el entramando de reglas no escritas, cómo se genera ‘la cultura del espacio’ en la interacción entre las personas, y que queda patente en la forma de darse la vez entre los que llegan, y se interesan por los que sólo lavan y los que lavan y secan, o cómo se inician las conversaciones mientras se espera a que terminen las lavadoras y secadoras sus programas; al mismo tiempo en el hilo musical de la lavandería suena Cock Robin ‘… cause when your heart is weak’, y nos recuerda que aquellos 80 tan peliculeros no están tan lejos.

Dicen algunos que este tipo de innovación no genera empleo directo, y que ¿a dónde vamos a parar si emprendemos negocios sin trabajadores? Esto nos da de sobra para otro artículo del Inno de León. ¿No creéis?

Estamos en el entorno de la Chantría de 2016 donde hay también otros lugares para la socialización, sobre todo cuando hace frío. La Churrería de Santa Ana cada día desde 1962 nos recuerda que calentar las manos, y mojar el churrito en mistela, son actos que todo buen vecino no se debe perder tras esperar pacientemente la cola más dulce del barrio. Genial también es escuchar a una de sus dueñas decir que el mejor trabajo es una buena primitiva. Quien no le da la razón. ¿Eh?

Así, mientras avanza el domingo en que esto se escribe y comienza el caminar de otro año, me detengo un instante y recuerdo la canción de Fito Páez que sonaba cuando salí esta mañana de la lavandería y que parece un claro himno a la innovación:

Dejadme nacer

que me tengo que inventar 

para hacerme pez 

empecé por las espinas.

Esperemos que en este nuevo año sacudamos bien ‘los mantas’ de la corrupción, pongamos en su sitio a los borbones más burlones? y nos demos la oportunidad de seguir aprendiendo como se diseñan, construyen, manejan, reparan y venden las máquinas con las que interactuamos, así dejaremos de hacer colas en el paro y las haremos para comprar dulces de harina a los churreros más salaos del barrio de la Chantría.

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Os envío un cordial y afectuoso abrazo de año recién estrenado, o ¿está recién lavado?