La entrevista. Antonio Yuste. área corporativa de drotium
«En cinco Años habrá 200 contratados»
E l proyecto Drotium, base fundamental para desarrollar la Nueva Era del Transporte, trabaja con la vista puesta en el futuro más próximo, que romperá con todo el sistema actual de comunicaciones.

f. otero perandonez
El congreso Diálogo 2017 arranca el jueves para sentar las bases de la Nueva Era del Transporte, lo que los ingenieros de la Universidad de León, ligados al proyecto Drotium y a Auvsi, llaman por su acrónimo: Nertra. Antonio Yuste es el responsable del área Corporativa, de Drotium, que busca hacer realidad un nuevo modelo de transporte con vehículos no tripulados. Yuste es el encargado de transformar la idea en una empresa y «capitalizar los millones de horas que ya han sido trabajados». Convencido de que la tercera revolución industrial ya está en marcha asegura que «España necesita con urgencia aumentar su base productiva y en el caso de León la urgencia se multiplica por diez».
—¿Cuándo hablamos de vehículos no tripulados hablamos sólo de innovación o hablamos de presente?
—Hablamos de un proceso industrial que, obviamente, tiene sus propios retos. La innovación se produjo hace tiempo. Los coches electropropulsados, no tripulados y conectados, están construidos, están circulando en países como Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia. Ahora mismo existe una gran agitación intelectual, industrial, económica y financiera, alrededor de la Nertra.
—¿Las cosas, entonces, ya han cambiado y aún son desconocidas para el gran público?
—Exactamente. Habrá cambios de liderazgo empresarial e industrial. La situación no es reversible. No hay marcha atrás.
—¿Qué ocurrirá con las marcas actuales de automóviles?
—Su obstinación es de tal calibre que todo indica que avanzan hacia la inmolación. Se lo llevarán todo por delante, por obstinación e irresponsabilidad, y provocarán un desierto industrial y un gran drama social. Llevan mucho tiempo viviendo de la subvenciones fiscales, saqueando las arcas públicas, vagueando y a la sopa boba.
—¿Da por muertos a las tradicionales marcas de automoción?
—Es un sector amortizado. El grueso de marcas desaparecerá, casi de un día para otro. Cuando se prohíba a sus productos entrar en la ciudad. Ya les está ocurriendo. La vieja guarida de la industria de automoción es baluarte de un modelo de movilidad que ya podemos calificar de estúpido, altamente ineficiente y muy peligroso. En términos de inversión, energía y potencia, haciendo una traslación sencilla, con lo que consume un coche se transportan mil pasajeros. Convertirán sus factorías en cementerios, dejarán deudas, muchas veces mil millonarias, y un gigantesco drama social y humano. Un drama insoportable.
—Algo podrán hacer...
—Estamos dentro de un huracán tecnológico como pocas veces ha conocido la historia, con la aceleración que ahora conocemos, y que afecta a todas la actividades, también al transporte. Hay tres opciones: colarse dentro del huracán y colocarse en su centro, quedar a su merced o echar a correr. El tamaño de la tormenta Katrina tenía una diámetro de 800 kilómetros. Toda España. Este huracán es de mayor tamaño. Tenemos que elegir. No consiste en vender coches, consiste en vender movilidad y movilidad eficiente no peligrosa. La vieja industria está fuera de juego. Debió iniciar su transformación hace dos décadas y rehusó hacerlo. Les iba bien y optaron por vegetar y disfrutar.
—Pero, ¿nada pueden hacer?
—Es un cataclismo necesario para los viejos modelos de negocio. No para usted y para mí, no los podemos mantener. Morirán haciéndonos un gigantesco agujero fiscal pero morirán. No harán más daño.
—¿Y cómo se ha llegado a este punto?
—Se coaligaron para frenar la tercera revolución industrial y han perdido. Han sido derrotados por KO. Están en la lona y jamás podrán levantarse.
—¿El futuro está entonces en los coches eléctricos?
—¿Dónde están las electrolineras, a qué se dedican, alguien lo sabe? Venimos de un mundo de electricidad centralizada. Ahora todos podemos generar electricidad y subirla a la red. Tesla fabrica baterías que recarga con tejados fotovoltaicos que mantienen la casa y generan excedentes para subir a la red. Los molinos de viento atomizan la fuentes de generación de energía. La descentralización de la energía es, desde el punto de vista de la seguridad activa y pasiva, una cuestión estratégica.
—¿Cuál será el futuro?
—El mundo de las grandes operadoras, es un mundo obsoleto, viejas reliquias del marketing masivo. Son modelos de negocio de licencia. Son modelos de negocio enmohecidos. Cobran por datos. Avanzamos hacia las ondas milimétricas con gran capacidad de transmisión de datos, en el que lo sustancial es la calidad del servicio y la neutralidad de la red. No lo es la factura por datos. Por la Nertra fluyen tres tipos de plasma sanguíneo: las ondas milimétricas, la electricidad y la inteligencia artificial (el conocimiento).
—Está destruyendo todo el sistema actual.
—Yo no soy el heraldo de las malas noticias. Soy el de las buenas. Pongo el acento en el futuro y en la riqueza. El huracán se acerca y se siente su fuerza. Cervantes dice: «Hacer bien a villanos es echar calderos al mar». No me he cargado nada y aún menos el sector de la electricidad, de las comunicaciones, de lo hidrocarburos o el de movilidad. Seguirán vivos y muy rumbosos. Lo que dejará de existir son los modelos de negocio anacrónicos, fuera de foco, de esos sectores. Piense en las penalidades del sector financiero por su mala cabeza y peores artes. Su viejo modelo de negocio, ya cadáver, depende de sus enormes privilegios.
—No es un panorama muy halagüeño…
—¿Para quién no es halagüeño? A los ciudadanos nos beneficia el cambio tecnológico. Necesitamos que las cosas cambien y esperanza. Si se fija en al Ibex 35 sólo hay cadáveres. Mejor para todos que en la Bolsa de Madrid entren empresas relacionados con la tercera revolución industrial. Hay que tomárselo en serio. Los viejos estandartes de la segunda revolución industrial están endeudados hasta las trancas. Tienen deudas imposibles de atender y su única opción es sangrarnos con precios fuera de control. Eso o morir. Y morirán.
—Por un lado se destruyen puestos de trabajo y por otro… ¿cuántos empleos podría crear la Nertra?
—Mañana mismo podría empezar a crear empleo con tres características: abundante, de calidad y duraderos. Desde mañana mismo. Hay que tener en cuenta lo que pasaría si además se añadiera a lo que digo: pensamiento estratégico, planeamiento.
—¿Cómo?
—Si todo el dinero disponible, el que emite el Banco Central Europeo, avalado por nuestros ingresos fiscales, no es gratis, unido al ahorro existente, se moviliza para salvar a sectores que se mueren y a actividades obsoletas y ni siquiera una parte, aunque sea minúscula, se asigna a las fuentes de trabajo del futuro, más seguras y duraderas… Es una conducta muy irresponsable y culpable si se le pone agudeza jurídica y moral.
—¿Pero cómo se crean esos puestos de trabajo?
—Lo que hay crear es conocimiento, oficio, esperanza y compromiso con el futuro y con la gente. Eso por sí mismo, crea riqueza y la riqueza crea los puestos de trabajo. Las cosas se hacen en orden. ¿Qué sentido tiene crear puestos de trabajo para hacer cosas que nadie necesita o nadie quiere?
—¿Qué hay que hacer exactamente?
—Para empezar, en el caso de la Nertra, tecnificando viales, añadiendo una capa de inteligencia a los viales existentes para que den asistencia al nuevo tráfico, inteligente y conectado, de carretera y de ciudad y para consolidar y desplegar las ciudades inteligentes. Eso, tecnificar los viales, es mucha inversión, mucho trabajo, muchas empresas y se obtiene, a cambio, unas infraestructuras que multiplican su valor varios múltiplos por encima de la inversión. Parece una anécdota pero detrás hay millones de puestos de trabajo. Quién construye pasado, paga. Quien construye futuro, invierte y obtiene réditos.
—De eso se encargarían las empresas de telecomunicaciones?
—Si nos queremos ahorcar o buscar el suicidio colectivo, esa es una de las vías. No lo pueden hacer. Y, además, no lo debieran hacer. Sus redes son muy irregulares, las redes DSRC tienen que evolucionar por delante de la demanda y sus frecuencias no están sometidas a licencia. Pero si todo se torciera para inducir un desaguisado, la población y la industria no lo toleraría. Habría rebelión.
—¿Qué otros nichos de empleo habría?
—Tenemos que fabricar los CCTs, los Centros de Control de Tráfico fuertemente robotizados y sus correspondientes «nubes». Eso crea, asimismo decenas de miles de puestos de trabajo, primero para construirlos y después para mantenerlos. Y habrá que construir los Centro de Control de Ciudad, fuertemente robotizados, para administrar las ciudades inteligentes. Son centros de Control de Tráfico y Centro de Control de Ciudad que se autoconvierten en infraestructura críticas, claves, que aportan muchísimo valor, varios múltiplos por encima de la inversión. Desencadena un sinnúmero de actividades y nuevos fondos de comercio. Y operarán como «nubes», transparentes para los ciudadanos, para los vecinos, para las empresas, para las administraciones y no como estructuras opacas, para negocios de licencia sobrepuestos, para extorsionar a la gente. Necesitamos modelos de negocio relacionados con la tercera revolución industrial.
—¿Desde Drotium piensan también fabricar vehículos o sólo diseñar el espacio?
—Nos gustaría y mucho construir los prototipos que tenemos en fase de diseño, probarlos y después fabricarlos. Eso supone miles de puestos de trabajo y entre los prototipos tenemos una línea, un nuevo concepto de autobús, un nuevo concepto de vehículo de reparto y una aeronave de transporte de mercancías para 250 kilómetros de autonomía y hasta 100 kilos de carga. Todo ello, por supuesto electropropulsado, no tripulado y conectado.
—¿Dónde se fabricará?
—En los alrededores de la ciudad. De esto se trata, de localizar la actividad económica y empresarial. España conoce un tipo de globalización, la de fuera a dentro. Pero existe al revés, de dentro hacia fuera. A la que no le hemos prestado ninguna atención y ha sonado el silbato. La globalización es muy divertida pero si te mata de hambre…
—¿Hace falta mucha inversión?
—Hace falta organizar lo más rápido que se pueda un gran consenso nacional para crear los órganos que hacen falta, nosotros proponemos crear la Comisión Nertra. Son tecnologías que hay que construir, verificar y certificar. Crear esa cadena de valor no se hace de un día para otro. Empiezas hoy y dentro de cinco años tienes la mitad y dentro de diez, todo entero. Si empiezas dentro de diez años lo que ocurre es que pierdes cincuenta, a la distancia que están los que han hecho sus deberes. La cadena de valor no se crea por sí sola dejando pasar el tiempo.
—¿Hay inacción?
—Los drones se consideran un juego y la legislación los trata como juegos. Pero no son un juego, son máquinas de trabajo y una parte crucial de la Nertra. Tendrán un papel muy destacado en el transporte del futuro. La aviación ligera o drones, experimentará un crecimiento exponencial, hay mucho trabajo e inversión realizada y excelentes prototipos, condenados a dormir el sueño de los justos. Lo que está pasando es un crimen y es intolerable. La norma jurídica que regula el vuelo de la aviación ligera de baja cota tiene que ser anticipatoria y prestar amparo, al menos nominal, por sus previsiones de evolución, a todos los trabajos de I+D+i del sector. Destruir por el placer de destruir es vandalismo. La aviación ligera no es un juego y, consecuentemente, la legislación tampoco puede serlo.
—¿Y la inversión que se necesitará?
—Metemos mucho dinero en asuntos con muy poco valor potencial, en asuntos que ya no valen. Tenemos que cumplir con el precepto de dignidad y gobierno y empezar a reservar dinero para meterlo en futuro, en actividades con valor. Toca espabilar y a los que se encojan de hombros.
—¿Cuándo tienen previsto iniciar sus operaciones como empresa ? —Pues si todo sale como está previsto, tenemos planeada la primera ronda de financiación en septiembre de 2017. Queremos empezar a contratar e invertir en enero de 2018. Empezaremos con 200 contrataciones y en cinco años, estaremos en lo 10.000 o cerca. Tenemos que formar, primero, las estructuras, para ir absorbiendo a la fuerza de trabajo. Hay mucho por hacer y por muchos años.