La curiosa flor que da luz al hogar

¿Quieres tener una flor fotovoltaica en el jardín de tu casa, de qué color? El leonés Miguel Martínez Sastre ha traído a la provincia una curiosa tecnología en forma de girasol que autoabastece de electricidad a los hogares y edificios públicos. Lo logra con un 40% más de rendimiento que las placas solares tradicionales

El sistema para abastecerse de electricidad es como un girasol de 12 pétalos de monocristal que se orienta hacia el sol y se pliega por exceso de viento.

León

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Una nueva especie floral austríaca ha llegado a León para liderar el mercado del autoconsumo eléctrico. Se trata del primer sistema fotovoltaico ‘todo en uno’ del mundo que proporciona una energía limpia, gratis e ilimitada. De fácil instalación, con sus paneles solares móviles, que requieren un espacio de 25 metros cuadrados, esta tecnología es capaz de generar en la provincia 5.380 kilowatios hora al año, muy por encima de los 4.000 que consume una vivienda unifamiliar de tipo medio. El leonés Miguel Martínez Sastre, interesado en las energías limpias y en cuidar el medio ambiente, ha traído este sistema desarrollado por la empresa Smartflower, que permite que los paneles-pétalo sigan la trayectoria del astro rey mediante un sistema de control astronómico que los orienta siempre en un ángulo de 90 grados con respecto al sol. Gracias a ello se consiguen resultados óptimos en la generación de energía. Y todo de forma automática. La meta de Martínez Sastre es hacer posible que cada vez sean más las personas que puedan generar su propia energía limpia para el autoabastecimiento de su hogar y se olviden «del yugo que imponen las eléctricas». De hecho, aprovechar los rayos solares con esta flor tecnológica equivale a no emitir 1.883 kilos de CO2 a la atmósfera. Una cantidad similar del dióxido de carbono que lanzan los motores de un avión tras recorrer 16.000 kilómetros (por pasajero), el de un autobús que se haya desplazado casi 38.000 kilómetros o un tren al viajar 67.500 kilómetros. Lavadoras, tablets, bombillas, televisión, móviles... todo se puede activar y recargar al transformar los rayos del sol con este método.

La instalación del ‘girasol’ se realiza fácilmente en menos de una hora, porque está todo incluido en el producto: inversor, paneles solares y la conexión. Las flores fotovoltaicas se caracterizan por un diseño sencillo, eficiente y compacto, creado por los diseñadores vieneses GP Designpartners. Con sus 2,65 metros de altura y sus 750 kilos de peso, la eficiencia y el diseño se aúnan en una original configuración de doce paneles en forma de pétalos, fabricados con un vidrio que proporciona una larga vida útil y excepcional resistencia a las inclemencias meteorológicas. «Son muy resistentes gracias a un material que las convierte casi en irrompibles aunque se lance una piedra», precisa. La producción estimada, en función del punto geográfico donde se instale, se sitúa entre los 3.400 y los 6.000 kilowatios hora/año.

Está específicamente diseñado para seguir el movimiento del sol y, de este modo, optimizar la producción de energía. «Es un seguidor solar, pero se maneja como un GPS y se puede monitorizar desde el móvil. Sabe cómo aprovechar la energía del sol manteniendo los 90 grados exactos de inclinación respecto al astro, lo que se traduce en un aprovechamiento del 100% de su capacidad», señala. Además, capta la máxima energía solar gracias a sus paneles monocristalinos y a un circuito de conexión inteligente que abarca todas las superficies de los paneles y módulos solares. Por eso produce suficiente energía, incluso en las horas marginales del día, lo que aumenta de forma determinante su rendimiento. Esta innovadora instalación suministra energía limpia desde que despunta el día hasta el crepúsculo. Con la puesta del sol, la central solar se pliega automáticamente volviendo a la posición de reposo. El modelo es especialmente útil para chalets y para viviendas aisladas que tendrían dificultades en llevar el cableado eléctrico en zonas de montaña o apartadas. «Se han interesado algunas casas rurales, en la zona de los Ancares y bodegas», reconoce.

Existen tres modelos de smartflowers. La denominada POP para el consumo eléctrico directo, sin baterías; la POP +, que incorpora baterías de 2,3, 4,6 y 13,8 kilowatios hora; y la POP E, que sirve de estación de carga para vehículos eléctricos. El producto ya se comercializa en León con un precio de 14.000 a 30.000 euros. La buena noticia es que el Estado financia el 50% del coste en municipios con menos de 20.000 habitantes y que el aparato posee una vida útil de, al menos, 25 años. Además, se atornilla al solado o directamente a la tierra, pero es portátil, y en caso de mudanza a otro lugar, es posible trasladar el sistema, sin complicaciones y seguir usándolo en otro emplazamiento. Su rendimiento es un 40% superior al de las instalaciones fotovoltaicas que se colocan en los tejados. No requiere apenas mantenimiento, porque cada vez que se despliega y se pliega, Smartflower se autolimpia de forma automática gracias a unas escobillas situadas entre los pétalos que eliminan el polvo de las placas. Esa suciedad reduciría la producción de electricidad, como le ocurre a las placas solares, que les resta un 10% de eficacia. También dispone de una excelente retroventilación al no estar apoyado en otra superficie, por lo que su refrigeración es de 10 a 20 grados superior a las instalaciones tradicionales sobre el tejado. Gracias a esta refrigeración, su rendimiento se incrementa entre un 5% y un 10% con respecto al de otras instalaciones. Durante su funcionamiento, los sensores vigilan permanentemente la velocidad del viento gracias a un anemómetro. A partir de los 54 kilómetros por hora, el girasol se pone en posición 1 (hacia arriba) y cuando alcanza los 63 kilómetros se repliega de forma automática para evitar posibles daños. En cuanto amaina el viento, la instalación se vuelve a desplegar, también de forma automática.

«Tal y como viene denunciando la comunidad científica desde hace años, y aunque alguno aún insinúe que es una cuestión discutible, la actividad humana es la principal causa del calentamiento global», indica Martínez Sastre. Recuerda que ya es un hecho probado que la combustión de carbón, petróleo o gas generan enormes cantidades de gases nocivos, que al liberarse en la atmósfera, aumentan el llamado efecto invernadero. La creciente necesidad de electricidad para el desarrollo de nuestra vida diaria, o nuestros desplazamientos, requieren de una ingente quema de estos combustibles fósiles. Ante esa situación, ¿qué podemos hacer?, ¿es sólo una cuestión que atañe a gobiernos y grandes empresas, o podemos tomar medidas a nivel individual, debemos abandonar nuestra forma de vida actual?.

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Los impulsores de las flores fotovoltaicas creen que hay razones más que suficientes como para no poder dar marcha atrás en nuestro estilo de vida. La solución pasa por hacer uso de la tecnología. Cuando el reducir nuestra huella de carbono se convierte en una necesidad, estas curiosas flores ofrecen una posibilidad para generar energía verde en el jardín, tan sencilla como los girasoles en los que se han inspirado. «La clave está en un diseño y unos elementos perfectamente sincronizados entre sí. Todo lo cual posibilita que funcione de manera altamente eficiente y de forma completamente automática», insiste. Su sistema biaxial (dos ejes) posibilita el giro, tanto horizontal como vertical, manteniéndolo en una posición constante de 90 grados con respecto al sol, a cualquier hora del día e incluso en invierno en el que el astro está más bajo. Al integrar dentro de su tallo un cargador de vehículos eléctricos o baterías, se convierte tanto en un punto de recarga, como en un sistema de almacenamiento de energía. Como produce la electricidad de manera casi constante a lo largo del día, y al poder incluso almacenarla en caso de no haberla consumido completamente, Smartflower puede abastecer completamente las necesidades de una vivienda unifamiliar media. León podría ser pionero en su implantación.