Fondos. León aspira a destino smart

El Ministerio convoca las ayudas a Destinos Turísticos Inteligentes con fondos Feder.

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Si León aspira a ser destino smart, podrá solicitar las ayudas de la convocatoria Destinos Turísticos Inteligentes,dentro de la estrategia de transformación digital que impulsa el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital.

La iniciativa está cofinanciada por el Feder, el Fondo Europeo de Desarrollo Sostenible, dentro del Programa Operativo de Crecimiento Inteligente,.

En total, 84 municipios de España pueden beneficiarse de los Destinos Turísticos Inteligentes, seis de ellos situados en la Comunidad — además de León, pueden optar Ávila, Burgos, Salamanca, Soria y Zamora— y todos los que tengan más de 20.000 habitantes y hayan estado incluidos al menos una vez en los últimos diez años en la Encuesta de Ocupación Hotelera del Instituto Nacional de Estadística (INE) y que no han sido beneficiarios en anteriores convocatorias de ciudades e Islas Inteligentes de Red.es.

A estos municipios se suman otras entidades locales, como diputaciones, consells y cabildos insulares y mancomunidades, además de ciudades autónomas y comunidades autónomas uniprovoinciales, lo que supone más de 150 posibles administraciones en España.

La convocatoria se dirige a entornos con una oferta turística significativa y el objetivo consiste en la transformación digital de esta actividad, y la mejora de su eficiencia energética, a través del empleo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

El desafío de exportar al mundo el modelo español de «ciudad inteligente»

España, referencia internacional con su plan de ciudades inteligentes, afronta el desafío de exportar su modelo al resto del mundo, especialmente a Europa y latinoamérica, con el fin no solo de sensorizar por sensorizar, sino con urbes que aprendan a gestionar automáticamente para el bienestar social.

A través de la tecnología, «la ciudad debe permitir a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos», afirma el director de asuntos públicos de la consultora de comunicación Atrevia, Manuel Mostaza.

Fue la clave de Smart City World Congress de Barcelona. Este evento refleja el peso que las ciudades han ido ganando en la agenda política mundial. De hecho, España va muy adelantada y es una de las referencias mundiales con el Plan Nacional de impulso a las Ciudades Inteligentes realizado desde el consenso con la industria y la participación de los actores.

Se trata de un modelo que ha optado por la generación de un mercado que no existía, y por normalizar elementos que forman parte de la ciudad inteligente, con reglas que en muchos casos se han convertido en referencias a nivel internacional.

España debe ser capaz de terminar de diseñar un modelo «que luego pueda ser replicable al resto del mundo, especialmente a Europa e Iberoamérica, para que a través de la tecnología la ciudad permita a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos», destaca Mostaza.

Advierte de que la clave no está en sensorizar por sensorizar, sino en articular un modelo sobre la base de plataformas potentes que generen conocimiento con la información recogida, y con el diseño de algoritmos para que la ciudad aprenda de la información que gestiona.

El paso que están dando las ciudades con la transformación digital para convertirse en inteligentes no se está dando al mismo tiempo en todo el planeta porque las diferencias regionales son evidentes. Las urbes europeas con sus matices son modelo para las del resto del mundo, y se han convertido en una metáfora del viejo sueño europeo de combinar bienestar social bajo el respeto a las minorías. Este paradigma urbano bajo la forma de una cuarta revolución no va solo de tecnología. De hecho, por sí misma no garantiza la gestión inteligente de los espacios urbanos, asegura el experto.

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Uno de los desafíos es cómo utilizarla para lograr un fin sin acabar atrapado en el bucle de «la tecnología por la tecnología. Advierte de que son muchos los fines perseguidos con el término smart (eficiencia energética, ahorro de costes) pero sin relación directa con problemas diarios de una ciudad (acceso a la vivienda, gestión del envejecimiento, atracción de inversiones). Además existe el peligro de que las soluciones sean diseñadas por los responsables tecnológicos de las empresas o de los ayuntamientos y no por una pluralidad de perfiles que construyan entre todos una visión holística de la realidad urbana.