Diario de León

Tecnología. Plantas con luz propia

La iluminación de plantas nanobiónicas podría reemplazar a luces eléctricas. L os ingenieros del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, han dado un paso clave al crear berros jóvenes que brillan en la oscuridad

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RICARDO SEGURA | MADRID
León

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Imagine que en lugar de encender una lámpara cuando oscurece, puede leer un libro a la luz de una planta brillante situada sobre su escritorio o que da un paseo iluminado por árboles brillantes en vez de por las farolas eléctricas del alumbrado público.

Los ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge ( Massachusetts, EEUU), han dado un primer paso fundamental para hacer realidad este escenario, que hoy parece secado de un relato de ciencia-ficción.

Un equipo dirigido por el doctor Michael Strano, prestigioso profesor de Ingeniería Química en el MIT, ha incorporado una serie de nanopartículas (partículas microscópicas) especializadas a las hojas de una planta de berros, induciéndola a emitir una luz tenue durante casi cuatro horas.

Los investigadores creen que, cunado consigan optimizar esta técnica de nanotecnología, estas plantas llegarán a ser lo suficientemente brillantes como para iluminar un espacio de trabajo.

«Esta tecnología también podría usarse para proporcionar iluminación interior de baja intensidad o para transformar los árboles en farolas autónomas», afirman el profesor Michael Strano, jefe del grupo de investigadores, y el estudiante de postdoctorado, Seon-Yeong Kwak, quien lo ha secundado.

¿Cuáles serían las principales ventajas y beneficios de la iluminación de interiores y de las calles mediante plantas que brillan intensamente?. «La ingeniería de plantas vivas para la emisión de luz visible y la iluminación sostenible es convincente, porque las plantas poseen mecanismos independientes de generación y almacenamiento de energía», asegura Seon-Yeong Kwak.

«Las plantas son doblemente negativas en carbono, lo que significa que consumen CO2 en su producción de combustible y que ellas mismas son el producto de la fijación del carbono de la atmósfera (conversión del CO2 en compuestos orgánicos)”, explica este mismo investigador.

«Las plantas son lo último en iluminación biónica y sostenible, y no dependen de ninguna infraestructura humana, además de que están bien adaptadas al entorno exterior», dice Kwak.

«Se reparan a sí mismas, ya están presentes en los lugares donde nos gustaría que funcionasen como lámparas, viven y persisten en medio de los distintos fenómenos meteorológicos, acceden a su propia agua y, además, hacen todo lo comentado de forma autónoma», destaca este coautor del estudio, publicado en ‘Nano Letters’.

Las denominadas ‘plantas nanobiónicas’ son un nueva área de investigación promovida por el laboratorio de Strano (https://srg.mit.edu), donde incrustan diferentes tipos de nanopartículas y diseñan vegetales que se encargan de muchas de las funciones que ahora realizan los dispositivos eléctricos.

El equipo de Strano ya ha aplicado esta tecnología para diseñar plantas que pueden detectar explosivos y que comunican esa información a un teléfono inteligente, así como vegetales con sensores electrónicos en sus hojas, que advierten cuando comienzan a escasear el agua, señala el MIT.

Los científicos de esta institución también han desarrollado una planta nanobiónica capaz de capturar un 30 por ciento más de energía de la luz, insertando nanotubos de carbono en las células que producen la fotosíntesis, y confiriéndole la capacidad de detectar contaminantes, como el gas óxido nítrico.

«La iluminación, que representa aproximadamente el 20% del consumo mundial de energía, es uno de los objetivos lógicos de la tecnología de estas plantas tan especiales», según Strano, quien destaca que «las plantas pueden autorrepararse, tienen su propia energía y ya están adaptadas al entorno exterior».

Para crear sus plantas brillantes, el equipo del MIT recurrió a la luciferasa, la enzima que otorga la luz a las luciérnaga, que actúan sobre una molécula llamada luciferina, que las hace emitir luz, mientras que otra molécula llamada coenzima A, ayuda a este proceso eliminando un subproducto de la reacción bioquímica, que puede inhibir la actividad de la luciferasa,.

El equipo de MIT empaquetó cada uno de estos tres componentes en un tipo diferente de nanopartículas portadoras, las cuales están hechas de materiales que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) clasifica como «generalmente considerados como seguros».

La luz generada por una plántula de berro de 10 centímetros es actualmente alrededor de una milésima de la cantidad necesaria para leer, pero los investigadores creen que pueden aumentar la luz emitida, así como la duración de esta energía lumínica, al optimizar aún más las tasas de concentración y liberación de los componentes.

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