Diario de León

Arte para descifrar la información. vuelven las humanidades

cada día se generan miles de millones de bits de información, datos que ahora se analizan de la mano de artistas y poetas. J er Thorp es uno de los artistas que con mayor clarividencia ha sido capaz de demostrar hasta qué punto el arte es capaz de realizar interpretaciones de información que, de otra manera, sería imposible llevar a cabo. La revolución tecnológica no puede entenderse sin una vuelta a las humanidades.

El director del Riasc, Miguel Carriegos.

El director del Riasc, Miguel Carriegos.

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cristina fanjul | león
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La explosión de información que se ha producido con la revolución tecnológica ha hecho que cada vez sea más complicado analizarla y extraer información valiosa. La velocidad con la que se recoge el big data hace más necesario que nunca la puesta en marcha de nuevas herramientas con las que hacer comprensible la información. Esta nueva mina ha puesto de nuevo en boga a los expertos en humanidades. Historiadores, artistas, escritores se han convertido en el blanco de las grandes empresas tecnológicas por su capacidad para lograr precisamente eso: la creación de nuevos sistemas de representación de datos, la visualización, sonificación y simulación, alrededor de un rango de campos que van de la astronomía a la geología, pasando por la nanociencia y la medicina, los negocios o las finanzas. Se trata, en resumen, de lograr que los artistas puedan ayudar a crear sentido y poesía a partir de vastísimos campos de datos.

Un ejemplo de esta colaboración entre el big data y la creación artística es el artista Jer Thorp. Uno de sus trabajos muestra en cuántas ocasiones se repiten en The New York Times las palabras esperanza y crisis entre los años 1981 y 2010. El dibujo resultante permite contemplar los tiempos en los que la palabra crisis eclipsa a la voz esperanza.

«Hace ya casi diez años empezamos a escuchar que la tarea de científico de datos iba a convertirse en el trabajo mas sexy», declara el director del Riasc, Miguel Carriegos, que precisa que la palabra sexy en inglés no tiene exactamente el mismo significado que en español. El profesor explica que la comunidad científica comenzó a darse cuenta de que de lo que se hablaba en realidad era de mejores sueldos, de más motivaciones y retos más estimulantes que en el común de las actividades. «Hoy esto es ciertamente así y palabras como ciencia de datos, big data, inteligencia corporativa y otras parecidas aparecen remarcadas en todo tipo de informes económicos describiendo los nichos de actividad más dinámicos y con mejores retornos económicos», subraya. Miguel Carriegos enfatiza en un hecho fundamental: aquellas organizaciones que más partido obtengan de sus datos serán capaces de obtener mejores beneficios y acceder, por lo tanto, a posiciones de liderazgo.

Una de las percepciones del mundo científico es que este trabajo no puede realizarse simplemente a través del análisis de los datos de producción, de los clientes o de la actividad ya que la experiencia ha demostrado cómo grandes agregados de datos personales o corporativos

pueden ser utilizados de forma cuestionable. «Las alarmas corporativas están en rojo y las empresas cada vez son más celosas de su inteligencia corporativa, a la vez que los particulares tienen más cuidado en compartir datos personales», afirma.

Por todo ello, Miguel Carriegos se pregunta si la ciencia de datos es un coto cerrado para científicos e ingenieros o, por el contrario, se trata de un espacio en el que hay oportunidades para especialistas de otras disciplinas, como las artes y las letras.

«Nuestra capacidad para obtener y almacenar datos crece constantemente. Además, nuestra sociedad globalizada tiene como consecuencia que las comunicaciones son ubicuas y en tiempo real, los datos se obtienen de todas partes y pueden almacenarse de forma casi instantánea», explica.

Valor negativo

El director del Instituto de Ciencias Aplicadas a la Ciberseguridad de la Universidad precisa que, a pesar de lo que la gente cree, es importante tener claro que los datos en sí carecen de valor y añade que incluso se da el caso de que tengan un valor negativo debido al coste de obtención y almacenamiento. «Lo valioso es la información que podemos extraer de los datos; cómo llegamos a obtener la información, qué procesos están involucrados, cómo representamos la información y qué conocimiento podemos sintetizar de la información», afirma Carriegos Vega. Y es que, según sus propias palabras, todo el proceso se explica en la adquisición de datos, su filtración —es clave ignorar o borrar todo excepto los datos de interés—, el análisis o minado de los datos a través de herramientas estadísticas en general o modelos matemáticos, la representación de los resultados del análisis y las representaciones que identifican la información clave para hacer más claro o sugestiva la información. Los primeros pasos del proceso involucran cuestiones técnicas, pero en los últimos la clave es más compleja puesto que en ella el uso del lenguaje es clave y unos mismos resultados pueden sugerir unas acciones u otras dependiendo de cómo se presentan. «Estos informes dependen de manera sobresaliente del lenguaje que utilicemos», subraya el profesor, que deja claro que es entonces cuando resulta imprescindible contar con especialistas que sepan relatar adecuadamente los análisis obtenidos.

Más crítico es aún el último paso, ese que supone remarcar, resumir y sugerir al destinatario del informe (habitualmente alguien que va a tomar una decisión corporativa, un cliente que puede decidir comprar o no, un inversor) una idea. «La forma en que remarcamos o resumimos el informe es determinante y puede frustrar un buen trabajo de inteligencia corporativa o de negocio por el simple hecho de no conectar o estimular al destinatario final», resalta el profesor, que señala que es precisamente aquí dónde entra en juego el especialista en arte o en las letras.

«El big data da un gran retorno y la clave es la transformación, pero esos datos tienen por lo general poca validez. «Ahí entra la capacidad de pensamiento simbólica del ser humano, un don que no tienen las máquinas», destaca Carriegos, que subraya que para que algo ocurra alguien lo ha tenido que imaginar primero. «Ha pasado así a lo largo de la historia», defiende, mientras explica que hay una ventana de oportunidad abierta ahora. «Debemos aprovecharla porque aún está en mantillas», advierte...

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