El sorprendente lenguaje de las cornejas negras al descubierto
Investigadores de la Universidad de León descubren casi 150 vocalizaciones que participan en el proceso de socialización de estas aves en el norte de España

Carlos Guzón, Iria González, Vittorio Baglione y Daniela Canestrari, responsables del proyecto sobre las cornejas negras.
La corneja negra (Corvus corone) es una de las aves más comunes en los campos españoles, especialmente en el norte de España. Su plumaje negro es uno de sus rasgos más característicos, así como su canto. En el resto de Europa, la corneja tiene un sistema de reproducción socialmente monógamo en el que el macho y la hembra se aparean, tienen a las crías y cuando estas son independientes para alimentarse a los dos o tres meses de edad, el grupo familiar se disuelve, ya que abandonan el territorio natal. Estas aves se juntan en grandes bandos reproductores y pierden estos vínculos familiares. Es un sistema reproductor relativamente común en estas aves, pero en España esta misma especie forma familias estables. Las crías juveniles no abandonan el territorio natal cuando son independientes, sino que permanecen junto a los padres hasta los cuatro años y les ayudan año tras año a criar a los nuevos hermanos. Un sistema denominado reproducción cooperativa.
En este complejo proceso de socialización, la comunicación juega un papel fundamental y recientemente un estudio liderado por el catedrático de la Universidad de León (ULE), Vittorio Baglione y la profesora titular del Área de Zoología de la ULE, Daniela Canestrari ha descubierto casi 150 vocalizaciones diferentes de esta especie. La investigación sobre la comunicación está englobada en un proyecto a largo plazo iniciado en 1999 que tiene como objetivo estudiar la sociabilidad de las cornejas negras, concretamente el sistema reproductor y social.
«Cada año hemos ido ampliando la investigación. Hemos descrito la contribución al nido y quienes eran estos ayudantes. Esta estructura se complica porque al núcleo familiar se pueden añadir otros parientes más lejanos que suelen ser machos emparentados con el macho reproductor. También se puede dar la poligamia entre estos individuos. En un sistema social tan complejo y estable como es la familia tiene que haber un sistema de comunicación completo para poder llevar a cabo de forma coordinada todas las tareas. Entonces fue donde empezamos a indagar en la comunicación acústica», explica Daniela Canestrari.

Gabriela Canestrari, una de las autoras de la investigación sobre las cornejas negras.
Un trabajo minucioso
Para llevar a cabo la recopilación de todas las vocalizaciones, los investigadores han realizado un ardo proceso de recopilación y análisis de los sonidos emitidos por estas aves. Un trabajo en el que han participado los estudiantes de la Universidad de León Iria González y Carlos Guzón.
«En años anteriores, nos dedicamos a recopilar los datos de campo utilizando una técnica bastante innovadora que consiste en colocar unos micrófonos miniaturizados, biologger, directamente en el cuerpo de las aves y un acelerómetro y un magnetómetro para registrar el movimiento del ave para saber qué estaba haciendo cuando emitía el sonido. Son muy pequeños y ligeros y son capaces de desprenderse solos gracias a la forma en que son colocados en el cuerpo del animal. Por ello, son recuperables en el campo posteriormente gracias a una función de radiotelemetría a través de una pequeña radioemisora. Estos aparatos fueron colocados en cuarenta y cinco individuos y grabaron de forma continua durante seis días. Esto llevó bastantes años de trabajo de campo, aunque la tarea complicada ha sido analizar todos esos datos. Se generó un volumen de datos inmanejable, ya que se recopiló unas 150.000 vocalizaciones. Por ello, comenzamos a colaborar con expertos en Inteligencia Artificial (IA) de una organización sin ánimo de lucro estadounidense llamada Earth Species Project. Este proyecto tiene el objetivo de descodificar el lenguaje animal utilizando la IA. Ellos crearon un modelo de IA para filtrar los archivos de audio automáticamente y seleccionar las vocalizaciones. De este modo, se separaban de otros ruidos como sonidos del ambiente. Posteriormente, crearon otro programa para formar categorías de sonidos y ver qué tipos de sonidos eran capaces de emitir. En esta parte, entró en juego Carlos, nuestro brillante alumno de Trabajo Fin de Grado, en colaboración con Iria. Primero, seleccionamos una muestra de 9.000 sonidos y los categorizamos con el modelo de IA. El programa realizó una clasificación previa basada en unos parámetros y obtuvo 300 grupos preliminares. A continuación, se inspeccionaron manualmente uno a uno y se mejoraron con la percepción humana. Finalmente, nos quedamos con casi 150 grupos. Estos grupos se utilizaron para entrenar un modelo de IA que se dedicó a clasificar el resto de la muestra, unos 150.000 sonidos», relata la investigadora Gabriela Canestrari.
Como avanza la profesora, los resultados preliminares apuntan a que «la mayoría de estos reclamos son de muy baja intensidad». «Normalmente, los sonidos que estamos acostumbrados a escuchar son de larga distancia y se pueden escuchar a decenas de metros del individuo emisor, mientras que la mayoría de las emisiones que producen son realmente muy bajitas y sirven para comunicarse en la corta distancia, por lo que están destinados a facilitar la comunicación entre los individuos del grupo familiar. Por el momento, no sabemos qué quieren decir y esto será parte de nuestro próximo proyecto. Todo parece apuntar a que la comunicación dentro del grupo social es muy importante. La inmensa mayoría de las vocalizaciones tienen estas características», detalla la experta.

Un ejemplar de corneja negra expuesto en la Universidad de León.
Una característica única
Aunque los investigadores todavía no han sido capaces de demostrar científicamente las razones de este peculiar comportamiento a la hora de socializar que tienen estas aves en el norte de España, Canestrari asegura que «existen ciertos indicios que nos indican por qué ocurre».
«El sistema territorial en Europa es diferente porque los padres también abandonan el territorio cuando las crías se convierten en animales independientes, mientras que en España permanecen en el mismo lugar y lo defienden todo el año. Nosotros creemos que el sistema familiar está vinculado al sistema territorial. Los padres defienden los recursos frente a otras cornejas y los juveniles tienen el beneficio de poder quedarse en un sitio protegido con recursos a su alcance. El porqué cambia este sistema territorial es más difícil saberlo, pero pensamos que puede estar relacionado con la disponibilidad de recursos. En el resto de Europa, suele haber una agricultura de alta intensidad y entonces a lo largo del año hay zonas muy productivas con mucha comida, por lo que no les merece la pena defender un territorio cuando hay mucho alimento fuera de él. Por el contrario, en el norte de España todavía hay una agricultura de baja intensidad, donde los recursos son más predecibles durante todo el año y es más fácil defenderlo», recalca la investigadora.

Carlos Guzón, Iria González, Vittorio Baglione y Daniela Canestrari, responsables del proyecto sobre las cornejas negras.
Siguientes pasos
Para los próximos meses, el grupo pretende seguir avanzando con su investigación para tratar de descodificar estos sonidos. «Ahora mismo estamos pendiente de una petición de financiación al Ministerio. A corto plazo tenemos el Trabajo de Fin de Máster de Iria. Queremos ver si las cornejas utilizan el lenguaje para coordinar una tarea específica como es alimentar a los pollos. Nosotros hemos visto que en el grupo social, formado entre tres y seis individuos, los miembros se turnan para ir alimentando los pollos. Van uno detrás de otro de forma totalmente coordinada. Entonces queremos entender cómo se coordinan para completar esta tarea. Nosotros hipotetizamos que un individuo visita el nido, alimenta los pollos, recoge información y vuelve al grupo social para transmitir la información. Esto ayudaría al siguiente miembro del grupo social a calcular en cuánto tiempo tiene que ir a alimentar a las crías. Por ello, el TFM de Iria está enfocado en medir las vocalizaciones de los pollos y ver si están relacionadas con la toma de turnos y si hay vocalizaciones del adulto que puedan mediar», concluye Gabriela Canestrari.
A largo plazo, los investigadores tienen previsto hacer experimentos en el campo para crear ciertas condiciones como simular la presencia de un depredador en el territorio o la presencia de una corneja intrusa para ver qué sonidos producen los miembros del grupo social y cómo cambian su comportamiento con esa información que intercambian entre sí. Además, el grupo de investigación publicará en los próximos meses un artículo científico con las conclusiones de esta investigación.