Un estudio de la ULE busca empoderar a pacientes con dolor lumbar a través de su confianza
Investigadoras del grupo SALBIS analizan por primera vez la confianza en el movimiento en pacientes con dolor lumbar para optimizar el enfoque de los tratamientos de fisioterapia y mejorar su pronóstico
Arrate Pinto Carral, investigadora del grupo Salbis de la ULE y Sonia Nieto Marcos, enfermera en Villablino, posan frente al Campus de Ponferrada.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dolor lumbar es la principal causa de discapacidad a nivel mundial y la condición musculoesquelética con mayor prevalencia. Las últimas estadísticas indican que en el año 2020 esta dolencia afectó a 619 millones de personas en todo el mundo y para el año 2050 se espera que crezca la cifra hasta los 843 millones debido principalmente al crecimiento de la población y el envejecimiento. Acorde al perfil del paciente, las mujeres son las que más sufren de dolor lumbar y, de hecho, aumenta la prevalencia con la edad hasta los 80 años, si bien el pico de casos se encuentra en los 50 y 55 años.
A pesar de que no suele haber una causa subyacente clara como una enfermedad en el 90% de los casos, la falta de actividad física, la obesidad, el tabaquismo y el estrés físico en el trabajo son factores de riesgo. En términos económicos, esta dolencia supone una carga económica debido a que afecta a la calidad de la vida y se traduce en una pérdida de la productividad, limitaciones en el trabajo, las interacciones sociales y la salud mental.
En España, el dolor de espalda crónico lumbar se ha posicionado como el segundo problema de salud crónico más frecuenta, ya que afecta al 19,8% de la población de 15 años o más, según la Encuesta de Salud de España (EsdE) 2023. Por perfiles, la prevalencia es mayor en mujeres, puesto que representan el 23,1%, una tendencia que ocurre igual a nivel mundial y entre los 45 y 55 años es la década con más casos. De hecho, el Consejo General de Colegios Oficiales y Médicos (CGCOM) alerta que el 80% de la población española experimentará algún episodio de dolor a lo largo de su vida, la mitad de ellos será por dolor lumbar. Uno de los padecimientos «más antiguos y frecuentes de la humanidad», según un estudio de la Revista Española de Reumatología debido a la condición de bípedos. En términos sanitarios, esta situación se deriva en más de dos millones de consultas anuales en los centros de Atención Primaria, según el Barómetro del dolor crónico asociado a la lumbalgia.
Si bien la literatura científica siempre ha estado enfocada en la autoeficacia ligada al dolor lumbar, un estudio elaborado por investigadoras del Campus de Ponferrada de la Universidad de León analiza por primera vez la confianza en la capacidad que tiene un paciente para moverse, un constructo clave a la hora de desarrollar tratamientos en fisioterapia. «En el análisis, nosotros comparamos a pacientes con dolor lumbar con personas sin dolor para estudiar su confianza. Queríamos probar con un cuestionario nuevo que se llama Optimal y está desarrollado en Estados Unidos. El cuestionario valora 22 movimientos y la persona responde cómo se ve capaz de moverse en esos movimientos como por ejemplo salto a la pata coja, subir escaleras… A partir de ese cuestionario pudimos demostrar nuestra hipótesis que era que las personas con dolor lumbar tienen mucha menos confianza en su capacidad para moverse. Aunque pareciera obvio, este concepto es muy importante para nosotros porque la confianza en el movimiento se puede trabajar de manera activa en fisioterapia. Además, hemos podido ver también qué movimientos concretos son los que más dificultad presentan para los pacientes con dolor lumbar al tener menos confianza para realizarlos. Este es otro aspecto que tampoco había sido estudiado previamente. Correr era la actividad que tienen mayor desconfianza para realizar las personas con dolor lumbar. A continuación, se podría situar saltar a la pata coja. Este tipo de estudios buscan fomentar una fisioterapia más centrada en cada paciente, ya que cada persona puede tener dificultad en diferentes movimientos y esto puede ser valorado por el profesional para enfocar mejor su tratamiento. No se trata solo de trabajar ese movimiento, sino toda la parte de disfunciones musculoesqueléticas que hacen que esa persona por algún motivo haya perdido confianza en ese movimiento», explica Arrate Pinto Carral, una de las autoras de la investigación.
El estudio, realizado por Arrate Pinto y María José Álvarez, ambas profesoras de fisioterapia y miembros del grupo SALBIS de la Universidad de León (ULE) y Sonia Nieto Marcos, enfermera de Atención Primaria en Villablino en colaboración con las fisioterapias y egresadas de la ULE Ana Grijalbo y Claudia Palomo, busca apostar por un enfoque basado en tres aspectos fundamentales. El análisis se ha realizado con pacientes de Atención Primaria de León y El Bierzo.
«El enfoque que proponemos realmente ya se está realizando en muchos sitios, pero queremos ponerlo en valor. Significa empoderar al paciente, ya que siempre hay un margen de mejora. Se busca que el paciente elija qué movimientos quiere trabajar y meter siempre una parte activa en los tratamientos de fisioterapia. La triada que nosotros hablamos, que es lo que dice la guía clínica, es combinar la terapia manual con ejercicio (parte activa) y la educación al paciente. Esto se hace a través de la confianza y esperamos que contribuya a dar luz a esas tres estrategias. Es añadir un constructo que los fisios no están acostumbrados a valorar y se puede hacer antes y después de tratarlo para determinar si con tu tratamiento el paciente ha mejorado la confianza o no en determinadas actividades», relata la fisioterapeuta.
Precisamente, una de las dimensiones fundamentales en este enfoque es el trabajo de los aspectos emocionales y cognitivos en esta patología, algo muy ligado a la parte educativa. «Los aspectos emocionales y cognitivos hacen referencia a esa tercera pata que es la educación. Actualmente, la educación hacia los pacientes está muy enfocada en la neurociencia del dolor, pero en realidad hace referencia a esos aspectos emocionales. El objetivo es que el paciente tenga más confianza y eso está unido al miedo al movimiento. Tanto la confianza como el miedo al movimiento son variables emocionales que están inversamente relacionadas, es decir, son distintas caras de la misma moneda. Cuanto más miedo al movimiento tienes, menos confianza en tu capacidad para moverte. Es bastante obvio, pero en fisioterapia es vital para el enfoque de los tratamientos en relación con la educación al paciente, ya que se busca trabajar las capacidades del paciente», señala Pinto.
Por otro lado, la experta explica que los aspectos emocionales y cognitivos «ya se trabajan de manera transversal en cualquier sesión de fisioterapia, tanto grupal como individual», porque a través de la relación entre el fisio y el paciente «se busca quitar ese miedo a moverse».
«Tú le haces partícipe de los ejercicios que tiene que hacer, le pautas ejercicios para realizar en casa y le das consejos para que se mueva. En el dolor lumbar hay que moverse, salvo que haya una patología grave. Siempre sin menospreciar lo que siente el paciente. Cuando tú das consejos en esa línea lo empoderas. Esto es lo que se hace día a día en fisioterapia, pero también queremos que el resto de sanitarios den los mismos consejos. Es importante que haya esa unión con el médico y el enfermero», concluye la investigadora Arrate Pinto.
Integrantes del grupo Salbis de la Universidad de León.
Un análisis para entender el dolor lumbar
El estudio forma parte de la tesis doctoral realizada por Sonia Nieto Marcos, enfermera en Atención Primaria en Villablino, en la Universidad de León sobre el dolor lumbar en Atención Primaria y dirigida por Arrate Pinto y María José Álvarez.
Según Arrate Pinto, la enfermera Sonia Nieto busca «cómo aportar consejos y tratar esta dolencia desde la enfermería». «El estudio realizó un seguimiento desde que comenzaron su tratamiento de fisioterapia en cualquier centro de primaria de la provincia hasta que lo finalizaban. Posteriormente, se realizaba una entrevista a los tres meses para comprobar su evolución. El objetivo era analizar la evolución del dolor lumbar después de su ingreso en un centro de fisioterapia. Nosotros no controlábamos la intervención, ya que era diferente en cada centro, pero comprobamos que en todos los casos el pronóstico era bueno, disminuía el dolor y la discapacidad, mejoraba la confianza y se reducía el miedo al movimiento. Nos llamaron la atención algunos datos como que las personas con más alteraciones del sueño tenía más discapacidad tanto al inicio como después del tratamiento. También las personas con menor confianza en su capacidad motora son las que más discapacidad presentaban y tenían peor evolución. Ahí es donde vimos que la gente menor de 45 años tiene más miedo al movimiento», afirma.
«Este estudio también sirvió para testear los tratamientos de fisioterapia que se realizan en la provincia de León. El análisis comprobó que estos son muy exitosos y que se implementan muchas terapias activas de educación, aunque no lo suficiente. Además, queríamos romper con esa dependencia hacia los medicamentos. Vimos que las personas que tomaban más medicación tenían más discapacidad, peor evolución y menos confianza», detalla la experta.