Diario de León

Cartografía de la memoria rural

Investigadores de la UVA, ULE y Nariño documentan la despoblación de Tierra de Campos a través de la cartografía social y la expresión plástica para analizar cómo la precariedad de recursos empuja al mundo rural hacia una migración forzosa

Victoria Martínez Vérez— investigadora de la UVA y Paula Gil-Ruiz— investigadora de la ULE, autores del estudio.

Victoria Martínez Vérez— investigadora de la UVA y Paula Gil-Ruiz— investigadora de la ULE, autores del estudio.DL

Clara Barrio
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A menudo, la imagen de la despoblación se suele representar como una fría sucesión de porcentajes negativos y manchas rojas sobre un plano geográfico. Sin embargo, bajo la estadística de la 'España vaciada' late una realidad que los mapas convencionales no logran capturar: el vínculo afectivo de quienes partieron y la soledad de los que todavía resisten. Mediante una innovadora metodología de cartografía social y expresión plástica, investigadores de las universidades de Valladolid (UVA), León (ULE) y Nariño (Colombia), junto a sus estudiantes, han logrado transformar el estigma del abandono en un dispositivo visual que humaniza la técnica social.

Utilizando la piedra como símbolo universal del tránsito y la carga —inspirado en los milladoiros gallegos—, el proyecto ha documentado 89 historias de vida que conectan el origen rural con el destino urbano. El resultado de este trabajo, titulado 'Pebbles of Memory. Voices of Forgotten Castile y publicado en revistas como 'Social Sciences & Humanities Open', no es solo un censo de ausencias, sino un análisis profundo sobre cómo la precariedad de recursos y servicios básicos empuja a los habitantes rurales hacia una migración forzosa.

La piedra actuó como elemento de unión en todo el proyecto.

La piedra actuó como elemento de unión en todo el proyecto.DL

La iniciativa fue desarrollada por veinticinco universitarios que reconstruyeron la memoria, emociones y vínculos territoriales de 89 personas procedentes de 49 localidades de Palencia, una de las provincias más castigadas por el declive demográfico. Victoria Martínez-Vérez, profesora de la UVA y una de las autoras del estudio explica que la idea surgió en su propia aula a raíz de las inquietudes de sus alumnos, cuyas familias provienen de entornos rurales.

«Los estudiantes me contaban que tenían una profunda preocupación por la despoblación de Castilla y el incierto futuro que aguarda a sus pueblos una vez que los mayores y ellos mismos falten». Ante esto, la investigadora gallega les propuso canalizar ese interés mediante una investigación basada en la expresión plástica para explorar tanto las causas del éxodo como el componente emocional de quienes lo protagonizan.

Dada su formación como doctora en Sociología y Bellas Artes, la metodología propuesta fue la cartografía social, con la piedra como eje simbólico. En la tradición gallega, estos montones de piedras acumulados por peregrinos simbolizan el acto de dejar algo atrás para volver a empezar. El proceso técnico consistió en fotografiar a los participantes o sus posesiones integrando este elemento e identificando su origen. Además, los estudiantes realizaron entrevistas y vincularon los fragmentos más impactantes a las imágenes mediante códigos QR. Finalmente, en 2024, se expusieron 89 piezas en la Fundación Díaz-Caneja en Palencia, mientras que los testimonios íntegros fueron sometidos a un análisis de contenido bajo el enfoque de la teoría fundamentada.

Actualmente, el proyecto se replica en la Universidad de Vigo y en las instituciones colombianas de Caldas y Nariño y subraya que la despoblación es una problemática global que afecta de forma desigual a los pequeños municipios frente a las capitales. «El concepto de cartografías sensibles se presenta como una innovación frente a la geografía convencional», señala Martínez-Vérez. «Mientras que un mapa físico muestra la orografía y un mapa político las fronteras artificiales que hemos creado, la cartografía social sitúa los vínculos afectivos. En este estudio, se utilizó para comprender por qué quienes emigraron mantienen la necesidad de regresar», detalla la investigadora.

Parte de la muestra expuesta en la Fundación Díaz-Caneja.

Parte de la muestra expuesta en la Fundación Díaz-Caneja.DL

A nivel intergeneracional, se identificaron percepciones distintas según la edad. Los más jóvenes suelen asociar el pueblo con el ocio, el verano e, incluso, una nostalgia proyectada hacia una «Arcadia» idealizada. Por su parte, la generación intermedia vive en un limbo entre la ciudad y la tradición; han emigrado, pero sienten la responsabilidad de inculcar el sentido de pertenencia a sus hijos. Finalmente, quienes permanecen en los pueblos viven con estupefacción su propia soledad, preocupados por la falta de un relevo generacional a quien legar su tierra, su trabajo y todo por lo que han trabajado.

El estudio también reveló diferencias de género importante. Las mujeres migrantes suelen expresar mayor añoranza, ya que, a diferencia de los hombres, que tejieron redes a través del trabajo, ellas enfrentaron más barreras para generar vínculos en la sociedad urbana. «Se denominan cartografías sensibles porque permiten tocar, ver y escuchar los testimonios. La piedra unifica el relato y simboliza esa identidad ambivalente de quienes no se sienten plenamente de la ciudad ni del pueblo», recalca la autora.

Estructurada como un proyecto de Aprendizaje-Servicio (ApS), la iniciativa tuvo que enfrentar la rigidez del propio sistema educativo. Los alumnos actuaron como cartógrafos en su tiempo libre, contando con el apoyo fundamental de ayuntamientos y vecinos. Pese al éxito, el trabajo afrontó retos como la falta de financiación y de tiempo. No obstante, demostró que esta metodología no solo recupera la memoria, sino que permite imaginar futuros de revitalización, ya que en el estudio, los participantes expresaron deseos de revitalización, oportunidades laborales o retorno. En este sentido, la investigadora sostiene que «la despoblación es un proceso reversible si existe voluntad política». «Es imprescindible garantizar servicios básicos en las áreas rurales y redistribuir los recursos para evitar su concentración exclusiva en las ciudades. El problema debe trabajarse en el origen, defendiendo el derecho a no migrar y obligando a los políticos a escuchar las necesidades reales de los habitantes rurales», concluye Victoria Martínez-Vérez.

El proyecto confirma que este enfoque interdisciplinar puede aplicarse en otros territorios rurales afectados por la despoblación, aunque reconoce limitaciones como la subjetividad inherente al lenguaje artístico o la dificultad de generalizar resultados. No obstante, los autores sostienen que las cartografías sensibles constituyen una herramienta pedagógica, comunitaria y política para fortalecer vínculos, recuperar memoria y acompañar procesos de transformación social.

Como próximos pasos, la investigadora planea la creación de un Libro Blanco, la publicación de nuevos artículos científicos y la finalización de su tesis doctoral, además de continuar con la divulgación a través de nuevas exposiciones en Ourense.

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