¿Aulas del futuro o riesgo real? Una investigación leonesa destapa el impacto de la Realidad Extendida en los niños

Un estudio de la Universidad de León analiza los dilemas éticos y el impacto en el desarrollo infantil de las nuevas tecnologías inmersivas para preparar al profesorado antes de su inminente llegada a las aulas

Daniela Orozco, autora del estudio sobre el impacto de la Realidad Extendida en la infancia.Virginia Moran

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La Realidad Extendida se abre paso en el entorno educativo, aunque su integración plantea importantes retos técnicos y pedagógicos. Ante este escenario, una investigación de la Universidad de León analiza el impacto de estas tecnologías en la construcción de la identidad infantil y evalúa la preparación del futuro profesorado para llevarlas al aula. «Más allá de las aplicaciones pedagógicas, quiero analizar los problemas éticos y de desarrollo de los niños consigo mismos y el entorno. Buscamos identificar las percepciones que tienen los estudiantes de Educación Infantil de las universidades públicas de Castilla y León sobre el uso de estas tecnologías en la infancia y los cambios planteados», explica Daniela Orozco, investigadora del grupo de EDUTOOLS al frente del trabajo. El estudio, premiado en el Research Pitches Contest del Grupo Compostela de Universidades, se enmarca en el proyecto nacional MEREVIA, que está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y forma parte de la tesis doctoral de la científica.

La educación infantil es un entorno crítico porque los niños comienzan a formar la conciencia sobre sí mismos, la autoestima, la autonomía y la pertenencia social. Por ello, nuevas herramientas como la Realidad Extendida influyen en cómo se percibe el niño a sí mismo y a los demás. «Ahora vemos algo que era inimaginable que es que Internet y los videojuegos se han incluido en la educación. Esto terminará ocurriendo de la misma forma con la Realidad Extendida y plantea numerosos retos, especialmente éticos y sobre cómo y cuándo deben tener acceso estos dispositivos. Estos planteamientos recaen especialmente en el ámbito educativo porque los niños pasan mucho tiempo en las escuelas. Con la pandemia nos dimos cuenta que no estábamos preparados para la virtualidad, y desde 2022 ha empezado el boom de la realidad extendida como sucedió en su momento con los videojuegos e Internet. Si somos conscientes de la plasticidad e influencia que tienen este tipo de tecnologías en los niños, debemos anticiparnos y preparar a los educadores para ello», detalla la experta.

La Realidad Extendida (XR) actúa como un paraguas terminológico que engloba a todas las tecnologías inmersivas que alteran o enriquecen la percepción de la realidad, aunque existen tres variantes principales. Por un lado, la Realidad Aumentada (AR) consiste en la superposición de capas digitales sobre el mundo físico en tiempo real, permitiendo que el usuario siga viendo el entorno real a través de la cámara de una tableta o teléfono móvil. Por otro lado, la Realidad Virtual (VR) genera entornos digitales e inmersivos que desconectan por completo al usuario del mundo físico mediante el uso de visores, cascos o gafas informáticas especializadas. Finalmente, la Realidad Mixta (MR) representa la combinación más avanzada, donde el entorno real y los objetos virtuales no solo coexisten, sino que interactúan en simultáneo y en tiempo real a través de dispositivos técnicos de alto nivel desarrollados por grandes multinacionales tecnológicas.

En los estudios analizados, la Realidad Aumentada acapara más del 70% de los análisis, por lo que relega a la Realidad Virtual y Mixta a un papel minoritario. Esto se debe principalmente a una cuestión de accesibilidad financiera y logística, ya que la Realidad Aumentada es la opción de menor coste y más sencilla de integrar. Al no requerir de un equipamiento costoso o refinado permite el aprovechamiento de la infraestructura existente en las aulas. Si bien la Realidad Aumentada permite al menor mantener el contacto visual con su entorno, las tecnologías inmersivas plantean dilemas de salud en la primera infancia, por lo que no se recomienda el uso de visores de Realidad Virtual y Mixta por debajo de los 12 o 13 años debido a la evidencia científica existente sobre las consecuencias negativas como mareos, fatiga visual o problemas de concentración.

El uso de la Realidad Extendida en las aulas plantea numerosos retos.PIXABAY

Más allá de estas diferencias técnicas, el estudio ofrece una radiografía cuantitativa sin precedentes sobre la evolución global de este fenómeno. Tras realizar un análisis sobre 121 publicaciones especializadas en la franja de 0 a 8 años publicadas entre 2015 y 2025, se vio una aceleración vertiginosa de los trabajos tras la crisis del COVID-19, alcanzando un pico histórico en el año 2023. Según la investigadora, esto se debe a que «se empezaron a crear soluciones para abordar las problemáticas relacionadas con la pérdida de la motivación de los estudiantes». «Se buscaban recursos para acercar la educación a los hogares cuando los estudiantes dejaron de acudir a las instituciones educativas y también coincidió con un auge de nuevas pedagogías modernas que posicionan al estudiante en el centro del conocimiento y buscan acercarle experiencias que no tienen acceso en la cotidianeidad. En Educación Infantil trabajamos mucho el aprendizaje basado en el juego y, precisamente, este tipo de tecnologías son muy útiles para esta modalidad», puntualiza Orozco.

No obstante, la producción científica dibuja una geografía marcadamente polarizada. Mientras China, Indonesia y Turquía lideran las publicaciones, Europa se encuentra en una posición modesta y América Latina y África tienen una representación testimonial o nula que evidencia la brecha digital. «La Realidad Mixta es un privilegio porque no es algo que todos se puedan costear. Es un campo dominado por las multinacionales porque son las que tienen las herramientas y no existen empresas que ofrezcan estos servicios al ámbito educativo con un menor coste. Por ello, esta es una barrera importante. Existen regiones del mundo como América Latina donde muchos centros ni siquiera tienen acceso a Internet, por lo que no podemos pensar en este tipo de tecnologías. Se deben cubrir las necesidades básicas primero. La lucha actual se centra en cerrar esa brecha digital. El uso o no de las tecnologías debe ser por elección y no por privilegio», recalca.

Por su parte, el caso de Estados Unidos resulta especialmente ilustrativo. Si bien presenta un elevado volumen de publicaciones, la gran mayoría de sus trabajos fueron excluidos de este análisis pedagógico al centrarse en enfoques clínicos y terapéuticos. «Entre el enfoque clínico y el pedagógico existen puntos de convergencia porque el estudio desde un enfoque terapéutico no implica que no se aborde también el desarrollo educativo. No obstante, vimos que en la mayoría de los estudios estadounidenses trataban el desarrollo de la Realidad Extendida en enfoques terapéuticos muy específicos como el espectro autista y terminaban siendo informes médicos más propios del ámbito de la medicina. En ese sentido, es algo muy interesante, pero no era nuestro campo de estudio», recuerda.

Más allá de la novedad tecnológica que suponen estas tecnologías, existen dos líneas claras que chocan sobre los beneficios y retos que se plantean. «En los estudios analizados vemos evidencia sobre como aumenta la motivación y favorece el acceso a actividades que anteriormente eran irrealizables como la visita a un museo sin necesidad de salir de clase o conocer elementos del pasado como las pirámides de Egipto. Esto fomenta la capacidad de asombro y el avance de las pedagogías nuevas como el aprendizaje basado en el juego», expone.

Por otro lado, el uso de estas tecnologías también plantea riesgos en la salud y el desarrollo. En ese sentido, se debe abordar su potencial impacto en la salud visual, la atención del alumnado, la dificultad de diferenciar la realidad del mundo virtual. e, incluso, los dilemas legales respecto al tratamiento de datos de menores.

Para abordar estas cuestiones, la investigadora recalca que es necesario «anticiparse en lugar de imponer». «Nuestro estudio no busca fomentar el uso de la Realidad Extendida en la educación, sino preparar a los educadores porque estas tecnologías terminarán llegando a las aulas. Hay informes que pronostican que la Realidad Extendida podría llegar al ámbito educativo en los próximos 3 o 5 años Lejos de fomentar esto queremos que las próximas generaciones estén preparadas para abordarlo. Independientemente de que un educador lo utilice en el aula no implica que los alumnos puedan verse expuestos a ellos y los usen en otros entornos y lleguen con preguntas. Debemos formarnos a nivel ético, moral y de desarrollo de la persona respecto a estas tecnologías», recalca la científica.

Para abordar este reto desde una perspectiva plural, el trabajo incluye un estudio comparativo entre estudiantes del Grado en Educación Infantil de las universidades públicas de Castilla y León y de Colombia, una elección estratégica dado que la comunidad colombiana representa el segundo colectivo migrante más numeroso en España y se integra activamente en las aulas de nuestro entorno. Asimismo, la investigación reclama un cambio de rumbo en la metodología científica para transitar hacia investigaciones cualitativas y longitudinales que prolonguen el seguimiento en el tiempo y recojan la voz subjetiva y la experiencia de los menores, sus familias y educadores.

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En última instancia, el trabajo desarrollado desde la Universidad de León pone de manifiesto que el verdadero desafío no reside en la espectacularidad de los dispositivos, sino en el criterio con el que se introducen en la vida de los menores. «El estudio busca ser una aproximación crítica y contextualizada para la formación docente que sea más consciente, ética y adaptada a los desafíos de la era digital. La implementación no debe ser meramente técnica; requiere una formación docente sólida y una reflexión sobre los riesgos potenciales de la inmersión digital en edades tempranas», concluye Daniela Orozco.